Oh, cuánta gloria en el dinero invertido en las plataformas mercuriales,
cuán rápido la economía crecía para Javier y Pilar-Adelia en su vida matrimonial y amorosa.
Gloria, placer, amor, certeza, sentimientos extasíantes que iban y venían en el cuerpo energético de nuestro matrimonio real, pues eran tantos los flacos que se unían en sincronicidad, que solo cabía el agradecimiento ante tanta hermosura manifestada.
Cuerpos sensuales, que todas las noches se gozaban en coito y amor, cuerpos sensuales que en ellos se daba la certeza de lo eterno, la certeza de los dioses, la certeza de su amor, la certeza de que era dueños y señores de su vida, eternos emperadores de su propia construcción cósmica.
Porque Mercurio era quién daba movimiento a las oportunidades sorpresivas,
porque Júpiter era quien expandía el alcance de su poder,
porque Marte les protegía con su heroico ímpetu,
porque Venus les dotaba de gran belleza y les hacía gozar del sexo más exquisito jamás imaginado por los hombres.
Porque estaban acompañados y así lo era. La abundancia estaba a cada paso quedaban por su recorrido juntos en el paso de los días, porque todo lo que querían lo tenían fácilmente, y sus deseos se cumplían como acontecimientos naturales y espontáneos.
Porque así se daba la vida, increíblemente exquisita, divina, hermosa, llena de sentido y amor, llena de protección y de ricas riquezas.
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