Júpiter da,
Júpiter brinda,
Júpiter concede el poder de todas las cosas,
por allá en las iluminaciones que se pueden entrever bajo la sospecha de quienes no dudan.
Allí está, la gran abundancia, allí está presente,
porque Kalirvalión supo distinguir la victoria de las realezas intrépidas de las usanzas indistintas y poco divinizadas ante la elocuencia de los muchos.
El poder de la gloria es ahora,
es eterna,
es grandilocuente bajo el poder tremendo del verbo mayor,
todo fluye hacia la consecución de las grandes conquistas.
Porque el oro era eterno,
de eterno flujo bajo la jurisdicción de la Kalirvalion,
de tiempo intemporal,
de tiempo indiscreto,
de tiempo sagrado y omni direccional,
de las viejas historias que daban a parar a lares indescriptibles y poco entablados bajo la mirada de divertidas narraciones.
No debía ser quien aquel que dio marcha blanca a las soluciones inoperantes,
pues lo que fue dado a gozar bajo el flujo de la insípida desolación
se dio en transfiguración hacia el poder más magnánimo que pueda alguna vez haber existido en la faz de la tierra.
Una tierra sacralizada por el gran dinero,
el dinero infinito
que llega y llega bajo flujos exquisitos
que brinda un buen pasar a los fieles ciudadanos
de verdosa hermosura
brinda la vida millonaria que los mercaderes rezan en sus aposentos hermosos.
Así se dan las cosas cuando los números se multiplican hacia la eternidad,
porque el flujo se da bien cuando se deja de calcular lo perdido y lo no usado,
las cosas simplemente llegan de tal o cual modo cuando se sabe que los grandes dioses protegen los contornos del aura bendita.
Las fugacidad de los astros que dejaron buen susurro en las esquinas de reuniones nocturnas,
por allá en la ciudad de los eternos,
que tantas celebraciones recibía
y teurgias de la más alta estirpe,
porque el deseo espiritual se convertía en voluntad
y la voluntad avanzaba a la conquista decidida del todo y por el todo de todas las cosas.
Así el poder logra darse, en el momento en que la palabra deja de frenar los escollos de asuntos diversos.
Así la gran riqueza llega bajo la bendición de un verbo que no teme a invocar.
Porque la invocación del dinero llega como torrente a las callejuelas de Kalirvalion,
llueve la buena nueva de la riqueza sideral, extra-cósmica,
inaudita en verdadera distracción.
Pues todo es una circunvalación de lo eterno hacia lo eterno,
de lo absoluto a lo absoluto,
de la consecución de la conquista imperial y la imposición de la voluntad anterior y extravagante.
El poder debe surgir,
debe sentirse desde dentro
porque el poder es uno con el misterio del corazón que puja en su silencio.
El poder es aquel ser que entrega su bendición a las armaduras indestructibles de hoplitas ancestrales, de guerreros de épicas perdidas, de asombroso numen en la división de la eternidad bajo la visión del oro que fluye intemporalmente.
Así pues, no se diga más,
el sinsentido se torna en verdad cuando las cosas se divierten en el acontecer inmediato de lo que se hace y deshace,
pues así es la poesía indiscreta que remueve los cimientos para dar con alteridad y alteración de las mudanzas desconexas, interestelares, in-displicentes, grandes en gran dinero y gran riqueza, de abundancia infinita, de grandes placeres diversos, de expansión y libertad antigua y cuneiforme.
Lo que vuelve bajo ropajes usados
puede renovarse en la luz de la cognición gigante,
la visión de los grandes monarcas,
del oro sideral que brilla en los contornos de los tronos y los doblones perdidos.
El misterio de la abundancia se activa para dar una vida de goces e intrépidas aventuras.
Así se da para quienes saben entrever el gran verbo, así se da para quienes destruyen las imposturas innecesarias y se abren a recibir la bendición eterna de los dioses.