El escorpión asecha en lugares oscuros,
Donde no llegan las observancias de sus presas.
Se irgue ante el asesinato mayor y clava la aguja,
La aguja de dios y los misterios sempiternos,
Y la alquimia degradada de mercaderes egipcios,
Y otros tantos legados que se adelantaron al hombre,
Y la las civilizaciones de materia y petróleo movilizante.
La rapidez con que aquello se integre a los acueductos,
Dependerá de el accionar de cada relator de sus propias mentiras,
Y las grandilocuencias de aquellos aventurados a ahondar en las cloacas subterráneas,
De aquellas entelequias que nunca fueron invitadas por los astros.
Así doblega tu nombre y jurisdicción de lo aparente,
Deja reconstruir tu veneno feroz de los campos alados que te vieron nacer,
Recubre las mentiras de la merienda enardecida,
Para encontrar en aquello que no fue evidente en pizcas de verdades,
Dadas para hacer de aquello un nuevo y posible acceso a lo profundo.
El verdor de aquella transfiguración,
Superará con creces a los intentos previos,
Verás como aquella bipolaridad disfrutará de los displicentes,
E inocentes mercenarios,
De latitudes meridianas,
Y ocasos del Egeo,
Cuando las naves iban y venían
Repartiendo rumores de lo arcaico.
Brújula y reflejo de millonésimas pócimas,
Descuartizando al perdón de aquellos que se fundaron en abstracciones,
Dirigiendo misiles hacia discusiones distractoras,
De algún sexagenario y otro cual insoportable veinteañero,
Para discutir hacia el infinito de lo obvio,
Lo que siempre se volteó hacia los retrocesos inconclusos,
Para encontrar acaso un comienzo exacto de la explosión de las posibilidades.
Sin dirigir la tirada hacia los aspectos relevantes,
Que no fueron más que un popurrí de leyendas,
De oros y otras cosas,
Y rumores de campañas e historias perdidas,
De ejércitos que cruzaron medio oriente,
Para encontrar el fundamento de la cruz inalterada,
Pero que encontraron la oscuridad de sus propias ambiciones.
Debo dirigir ahora aquello que no quiere recular,
Hacia un destino donde se paguen viejas deudas con la simbología de los abuelos,
Y discurrir en dudas para luego descubrirme en completo asombro ante la luminosidad de las presencias.