sábado, 25 de abril de 2020

SABOR DE ESCORPIO

El escorpión asecha en lugares oscuros,
Donde no llegan las observancias de sus presas.

Se irgue ante el asesinato mayor y clava la aguja,
La aguja de dios y los misterios sempiternos,
Y la alquimia degradada de mercaderes egipcios,
Y otros tantos legados que se adelantaron al hombre,
Y la las civilizaciones de materia y petróleo movilizante.

La rapidez con que aquello se integre a los acueductos,
Dependerá de el accionar de cada relator de sus propias mentiras,
Y las grandilocuencias de aquellos aventurados a ahondar en las cloacas subterráneas,
De aquellas entelequias que nunca fueron invitadas por los astros.

Así doblega tu nombre y jurisdicción de lo aparente,
Deja reconstruir tu veneno feroz de los campos alados que te vieron nacer,
Recubre las mentiras de la merienda enardecida,
Para encontrar en aquello que no fue evidente en pizcas de verdades,
Dadas para hacer de aquello un nuevo y posible acceso a lo profundo.

El verdor de aquella transfiguración,
Superará con creces a los intentos previos,
Verás como aquella bipolaridad disfrutará de los displicentes,
E inocentes mercenarios,
De latitudes meridianas,
Y ocasos del Egeo,
Cuando las naves iban y venían
Repartiendo rumores de lo arcaico.

Brújula y reflejo de millonésimas pócimas,
Descuartizando al perdón de aquellos que se fundaron en abstracciones,
Dirigiendo misiles hacia discusiones distractoras,
De algún sexagenario y otro cual insoportable veinteañero,
Para discutir hacia el infinito de lo obvio,
Lo que siempre se volteó hacia los retrocesos inconclusos,
Para encontrar acaso un comienzo exacto de la explosión de las posibilidades.

Sin dirigir la tirada hacia los aspectos relevantes,
Que no fueron más que un popurrí de leyendas,
De oros y otras cosas,
Y rumores de campañas e historias perdidas,
De ejércitos que cruzaron medio oriente,
Para encontrar el fundamento de la cruz inalterada,
Pero que encontraron la oscuridad de sus propias ambiciones.

Debo dirigir ahora aquello que no quiere recular,
Hacia un destino donde se paguen viejas deudas con la simbología de los abuelos,
Y discurrir en dudas para luego descubrirme en completo asombro ante la luminosidad de las presencias.

J.F.

martes, 21 de abril de 2020

CÓPULA DE ASTROS

Siento el vértigo,
De volver a las pistas de la cacería salvaje,
Del encontrar buena presa en prestaciones inconscientes.

Para quÉ esperar que el blanco acalle lo desierto,
No hay necesidad de dibujar más palabras donde no se hace necesario el hastío,
De aquella manera se diferencia las espuelas de buenas alquimias,
Y de los recuadros ancestrales de la Luna doblegada en Tauro.

Un popurrí de pequeñas revelaciones,
Es como seleccionar verdades que en su momento mentiras fueron,
Y desentrañar la vaguedad de creernos entes descubridores de las cosas apartes,
Y detener aquellos papiros que guardaban juramento a reinados impopulares.

Alguna imagen imperial,
Debería surgir desde abajo de la tierra
Para co-crear castillos voladores que lleguen a los cielos,
Para ahuyentar a Urano que desolló a tantas vírgenes celestiales,
De piel prístina y totalmente deseable,
Por aquella sexualidad sagrada,
Ya olvidada por los necios,
Y anhelada por la ninfomanía mal comprendida.

Es la cópula de los astros el correlato inmediato de los deseos de la carne,
Porque la carne es polvo de estrellas,
El polvo el heredero directo de los inicios de la luz,
Si es que alguna vez la luz se dio inicio,
Y los vientos particulares explotaron hacia millas incalculables,
Y generaron la posibilidad de los universos circundantes,
De belleza nunca allanable.

De dineros y disfrutes,
No es posible el reflejo de lo otro,
Ni la fogosidad de las frases que se buscan para la derrota,
De por fin darse cuenta que del todo fue una nada,
Y el sol fue el reflejo de la luz de ante ayer,
Y el sistema solar un ensayo de dioses por menores,
Cuyo capataz fue un anonimato incomprensible,
del no suceso,
y la no forma,
y de aquello de imposible imaginar dentro de las mentes alaridas por misterios.

Quizás la naturaleza del hombre siempre sea perseguir la cola de la imposibilidad,
De hallarse estéril a la hora de comprender las extensiones de aquello sin ningún tipo de fin o comienzo comprensible,
De ahí seguira el suceso,
De construir karmas vacíos de significado,
Sobre el telón de fondo del todo omniabarcante.


J.F.

sábado, 18 de abril de 2020

El LADRONZUELO DIVINO

Estoy ansioso de aquellas conexiones
Que se tejen en mi halo nocturno cuando ni los pájaros cantan viejas historias.

Voy hurgando entre lo que se me ha dado,
en los correlatos negativos de la positividad latente y evidente.

Entre esas búsquedas considero las cosas que se dieron de un modo que no fue el más agradable,
y re-pienso nuevas formulas a ser consideradas para las próximas constelaciones.

Hay en mi una tendencia a la intuición
de que siempre hay terceras formas bajo el manto de lo manifiesto,
y es posible encontrar la acción correcta entre tanta confusiones reactivas.

De ahí que veo una silueta brillosa, en temple y gran belleza,
de un Hermes venidero que cuida de los horizontes,
aquel ladroncillo sagrado de sus hermanos mayores,
aquel ayudador de los mortales en situaciones fatalistas.

Tráeme una buena nueva dios de los mensajes subyacentes,
Para hacer de mis propósitos un hecho de facto ya sin especulante.

Veré los caminos unirse en abrazo por allá donde los caminos se doblegan,
Allí nacerá la conexión hacia toda latitud posible y por haber,
Y aquella silueta femenina llegará de cerca para contarme todos sus secretos.


J.F.

CONSTELACIONES Y PREFIGURACIÓN

De la oscuridad aparecen los cuerpos,
haciéndose tan claros cuando lo aparente se esfuma,
y caigo en repentina comprensión de que la palabra también es una imagen,
una imaginación con vida propia,
el verbo hecho carne y a semejanza del creador de todas las cosas.

De ahí aparece el sol en conjunción con la luna,
me sugieren una danza,
tan cliché ya para los entendidos,
pero de irremediable importancia en cuanto a lo que vienen a decirme.

Ellos se paran de frente y anuncian constelaciones transparentes,
de figuraciones paganas que se creen perdidas,
pero están ya a la mano,
tan cercanas que es difícil de creer en mi razonamiento oportuno.

Es así entonces que el ojo del testigo se aparece por los cielos,
y yo no entiendo nada porque las imágenes son de una velocidad tal,
que me hallo inverosímil frente a la ferocidad de aquella impermanencia.

Son tantos fractales,
de imposible detener,
como bestias parlanchinas que susurran a gritos las verdades ancestrales,
y yo me quedo estupefacto como queriendo preguntarme:

“¿Dónde encajo yo en medio de todas estas cosmogonías?,
 ¿será que la luz en vida diurna
                      no es más que el reflejo de lo no se ve a través de la noche de los tiempos?”
       
Quizás,
aunque eso poco importa para la sapiencia de los cuartos oscuros,
pero tan luminosos,
porque no hay palabras para designar la realidad de las entidades visionarias,
arquetipales en su máximo sentido y significado,
inalcanzables por la pluma torpe que me precede.

Tantas veces nos dijeron que mirásemos las estrellas
y eso hace sentido solo cuando no cabe la menor duda que en los cielos yacen los dioses,
los antiguos, los actuales y los del por venir,
porque todos aquellos no fueron más que uno,
una sola imagen del reflejo sublime,
de lo que puede decirse para sí como uno mismo.


J.F.

martes, 14 de abril de 2020

NIGREDO

A veces la imaginación se apaga,
Como una vela vieja,
Como una substancia obsoleta que se ennegrece
Como plomo
Dejando un caminillo de polvo,
Polvo llano sin ningún tipo de colorido interesante.

Se me da que aquello lo miro en desuso,
Pero en una vuelta de tuercas se me aparece como el motor de algo que no pude ver desde un comienzo.

Así que saco el provecho de la mala racha,
Y fabrico bolillas recicladas de las basuras que me precedieron,
Las convierto en abono,
Y las recupero en mierda al momento de transfigurarlas,
Y me encuentro en sorpresa de que las fecas sirvan para algo finalmente.

Al encender las llamaradas del horno interno,
Veo como las brasas van pidiendo un poco más de seco,
Menos humedad para otros intentos fallidos,
Y un poco más de barro para diseñar al hombre venidero.

De ahí bajo un poco más la intensidad de lo que creo seguir,
Calculo un tanto y refrigero el nigredo que se me fue de fondo,
Allí había una imaginación:
Una mujer de luna, un mensajero de dios, la madre del cupido y el dios de la muerte,
Conversando allí como si nada,
Y una mujer naciente de las cloacas cristalinas,
Era el ánima hermosa de mis figuraciones,
Que recordaban tantas muchachas del pasado,
Que no fueron más que el receptáculo de este espíritu viviente que se me paraba en frente.

Su mano se adentró en mi pecho emblandecido,
Lo atravesó como mantequilla y su cuerpo se adentró en el mío figurando ahora un solo sujeto.

Y los dioses hablaban sobre sus problemas ficticios,
Mientras yo era parte de un ritual de lo más extraño para mis costumbres.

Se me dijo que fuera dueño del fuego uterino que me precedió,
Para cabalgar sobre el juego de ser uno con el mundo,
Y restituir viejos ropajes de niños extraviados que ya crecieron.


J.F.

LA ANIMOSIDAD DE LO OTRO

Autos,
casas,
jets,
aviones pasajeros,
otras cuantas librerías en disolución,
distractoras de realidad alada,
diferente aquella esfera luminiscente roja en cuestión,
y esa mujer que asesinó a su séquito veraz y fiel,
hogares de tres pisos y otros tantos enigmas,
una traición que no dio tregua aquel que la difundió,
y ametralladoras de luz y fogosidad alquímica en cuartos alejados de la consciencia diurna.

Aguaciles,
animales feroces,
dragones diversos,
caballerías salvajes y elocuentes,
en valles de morado colorido y verdoso rumor,
distintivas cosas de la una y de la otra en lo distinto,
incrementando la divulgación de los necios,
en conversaciones que no llegan a nada frente al indicio de la fémina,
fémina sagrada y muda en situaciones que no son de su incumbencia,
dueña de constelaciones furiosas y de curiosa omnipotencia,
que sentencian los caminos que ha de llevar el hombre,
y se conectan los futuros en una gran pandemia,
del reflejo prístino de la alma y disolución de los prismas.

Del ocio puede que aparezca una nueva imagen,
o puede que no,
aquella es la gran incertidumbre que busca ser aceptada por cada quien,
pues no es posible atrapar a la figura del misterio,
y hacerla propia como una figura idealizada en el examen de consciencia,
debido a que la luz debe ser humilde si quiere asimilar sus correlatos inefables,
ya que la discreción es necesaria a la hora de trabajar en negativos,
cuidar de la hoja proyectada, delinear y diferenciar las siluetas
es el trabajo de edición del enfermo por la luminiscencia de sus intuiciones.

Navegando entonces se encuentran los tesoros de Lo Otro,
mirando hacia las profundidades del Egeo,
observando a los Krakens que esperan devorarnos,
para enseñarnos el aspecto particular de nuestra totalidad astral,
totalmente completa y ecuánime.

Quiero encontrar a la mujer,
Aquella mujer que se aparece en el susurro,
Aquella que promete la unión del sexo infinito en abrazos de unión y diplomacia,
siendo que el probable error fue generar formalidades en lugares donde no se necesitaban,
pues lo necesario es no dejar plan directo sobre cosas que nos sobrepasan,
y dejar que la imago se vaya por un río para que alcance el cause de todos los tiempos,
y los espacios in-creados.

Quiero contraer matrimonio con aquella silueta de la cual me enamoro de tanto en tanto,
¡tanto sufrimiento ha causado el creer que la imagen vino de afuera!,
y no dentro,
y no de reverso y diferente a la que se pensaba,
quiero ser uno con aquella fiera instintiva,
para alcanzar moradas de ferocidad de la que nunca he sido testigo.

Ánima mundi recupera mi animosidad perdida,
tráemela de vuelta para que hagamos un diálogo con el misterio,
y figuremos la copulación en posibilidades metafísicas,
y fundemos el Tantra más incandescente jamas concebido,
y traguemos las fugacidad de la realidad para enclaustrarla en candelabros llenos de esperma.

Susurremos a lo uno,
y bailemos de retorno a la unión de los astros que antecedieron nuestro sentir.


J.F.

domingo, 12 de abril de 2020

QUE LA VIDA SE RESUELVA EN UN SUSPIRO DE GOCE

No encuentro indicios que me indiquen la certeza
de ser un ser naciente y habitante de los espacios temporales del cosmos,

Quizás nunca nací y aquello que se me da no es más que un fantasma imitador,
o quizás un soplo de imaginación alada, creada por el ojo anónimo que cobijó todos mis llantos.

Descubrirme en aquella interrogante me hace comprobar que en la vida uno no se aprehende de nada, que los entes van y vienen como desfiles involuntarios, y a uno no le queda más que contemplarlos entumecido.

Por esa y otras razones similares es que busco ahora más que nunca, dar forma y honor a los rumores de la diosa que cobija todos los placeres.

¿Quién fue acaso la silueta sugerente que se posó en mis sueños húmedos de infancia sino la deidad madre de todas las formas?

Quiero que la vida se corrija en suspiros de goce, y que las correspondencias se aúnan cuando la despreocupación ocupe el trono que le corresponde, para así dar lección a pensamientos pasados que no querían nada más que confundir las cosas en malentendidos especialmente innecesarios.

¿Podría ser posible acaso que la perdida no genere rechazo, que la disolución de aquello que se atesora no sea motivo de desdicha y culpabilidad engorrosa?

Habrá que estar atento a lo que dice el oleaje de mis océanos profundos, de aquellas transparencias cristalinas que suavizan toda la marea de superficies disformes y en tendencia a desmoralizar el natural ímpetu.


J.F.

martes, 7 de abril de 2020

CUANDO LA LUZ TRASPASA

Traspaso la luz solar,
y veo que las posibilidades me invitan a más,
pero me hallo en pánico y elucidación,
de creer que el cielo se me viene abajo,
como espadas confabuladas de una danza venidera.

Y comprendo que todo es un show de siluetas distintivas y disformes,
que discurren en pánico y desentrañan las bases de ilusiones difundidas,
de las mentiras de acuario,
de la ensoñación de luminiscencia exacerbada,
de las faltas de un pontífice y la llegada de platillos voladores,
distractor de realidades inconexas.

Visualizo entidades detractoras,
fenómenos acuosos, luminosos y de aire in-operado,
en la navegación de mares alados figurando aquello que nunca se dio en buen nombre,
destruyendo a toda tripulación,
Y a Héroes y Ninfas,
Y a dioses olvidados hacia latitudes árticas llenas de misterio.

¿Será acaso que no debió cuestionarse nunca la designación de los grandes aconteceres?

Mejor no cuestionar y dejar que la palabra se imprima
para no recular en prejuicios reciclados de modas pasajeras,

Y de tratar aquello con lo que no se desea ser participe,
descubriendo que hay mucho que puede ser descrito,
pues no pienses,
no controles,
deja la situación adversa en su propio curso,
y verás que las geometrías se ordenan
y encajan en una desintegración inaudita,
de ideas y pre-conceptos,
y logra comprender que la situación nunca fue dada a lo evidente,
que solo fue una figuración de tu perspectiva,
nada de aquello que pensaste cierto,
pues la realidad es un todo en un gran Todo,
y Nada en diferenciación de los pares.

Ese es el trabajo de los grandes alquimistas,
no tener prejuicios con aquello que se da,
no enjuiciar el flujo natural de las imágenes profundas,
ancestrales,
impersonales,
detestables para aquellos enamorados de la justicia,
indetectables para aficionados a burguesías obsoletas.

La figuración,
¡cuántas veces más diré lo mismo!
no reconocerá la diferencia con aquel aguacil,
con aquel monje de inflaciones llanas,
con aquella ineficiencia hermosa de tecnologías neoclásicas,
de filántropos de astucia y sagrada cobardía.

Aquellos gemelos inauditos aparecidos de una forma curiosamente errática,
y aquella doncella apenas infante que fabricó dulces para almas perdidas,
y yo esperé que el tiempo rebalsara lo indeseable,
frustrado ante la situación de entablar diálogo con lo inefable,
y en círculo cayendo hacia pasiones vanas,

Para buscar en papiros inconexos alguna situación que diera cúspide y sentido aquello que se decía,
porque se decían tantas cosas que era difícil encontrar buena diferencia,
y aquello que se presentaba de cerca muy en seguida transfiguraba su situación en aquello que pocas veces se hizo presente.

                                                           De ahí que probablemente aquello sea nada,
Pero que de cuenta de un todo de imposible descifrado,
pues siempre me gustaron los enigmas,
el sentirme incomprendido,
y el hallar fundaciones religiosas en los lugares más íntimos de mi soledad anímica.

Navegar por los mundos de la imaginación alada,
y descubrir que las imágenes siempre fueron una sola y nada más,
que las particularidades no eran más que un mal entendido,
Y la imago siempre fue unidad,
Totalmente indestructible, e infinitamente solitaria,
“Yo soy aquello que es verdad”,
“Yo fui la ilusión de modas materialistas”.

A veces el calor me hace pensar que las aguas deben ser mayores,
pero todo está en un constante equilibrio interactivo,
y es menester no quebrantar el ritmo airoso de su animosidad implícita.


J.F.

viernes, 3 de abril de 2020

FIGURACIÓN DE LA IMAGO

Hace un tiempo ya que
desde lo intuido en la presencia inmediata
se ha hecho evidente la necesidad de un centro.

Centro de consciencia y de transformación de las energías,
centros de cruce y apertura de mundos.

A veces las cosmogonías horizontales no brindan el empuje de volar tan alto,
y uno debe ingeniar la construcción de escaleras que rocen de más cerca a los rumores
del viento.

No quiero caer en el cliché de la cruz,
pero debo admitir que me veo tentado,
pues de otra forma, ¿cómo podría yo figurar imaginatio capaz de dar síntesis a la oposición de las bestias?

Los mapas de oriente también ayudan,
pero se me hacen cada vez más lejanos,
o como inoperantes en detalles y vacíos a los cuales caigo de hace algunos años.

¿Sería acaso posible unificar todos los puntos cardinales en una sola visión?

Que no sean necesarias las ideologías,
ni cartografías esotéricas,
tan solo la penetración implacable en la realidad sin ningún tipo de adorno aparente.

Es vertiginoso y tremendamente oportuno para aquellos
que no saben otra cosa que buscar en mercados de segunda mando,
o quizás usurpar tesoros secretos de monarquías galácticas.

Desde aquello solo quedaría el asombro sostenido,
de verse perpetuamente indescriptible,
en la situación completamente ordinaria de ser un ser pensante,
consciente,
vacío en la posibilidad de hallar un final,
en este festín cósmico llamado vida cotidiana.


J.F.

LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...