Oh, diosa triple,
que en mi santa devoción te canto,
eres el mysterium tremendum de todos los secretos, diosa sagrada.
Porque tú, Selene, eres la invisibilidad total,
el manto femenino que cubrió la realidad antes de que la luz se anunciara en su potencia penetrante; porque eres el pleroma mayor que se dio infinito allí donde la mente no pudo divisar nunca su incierto origen.
Porque en tu dominio profundo yacen los espíritus de poder,
yacen los ancestros, yacen quienes ya vivieron en la tierra y ahora custodian tus secretos como fuerzas protectoras.
Adoro tu magnificencia, Selene profunda;
de tus entrañas la creación canta historias futuras y se prefiguran los designios de Júpiter, a quien sirves y auspicias con tu antigua presencia.
Porque eres más antigua que los dioses,
un enigma dado incluso ante la archi-inteligencia de los clarividentes.
Tú, diosa, quien aguardas los misterios femeninos de la eterna oscuridad, de la eterna inmanencia, de lo eternamente no visto, te canto para que siempre seas benéfica en mi vida, señora de la noche. Dota a mi magia de poder, que tus espíritus me favorezcan y que mi voluntad se abra paso en el mundo para obtener todo lo que quiero.
Sé el respaldo metafísico de mis actos e intenciones, Selene; que tu séquito de inteligencias menores me favorezca en cada proyecto que realice en el mundo.
Dame protección también, eterna invisible; envuélveme en tu manto de seguridad para que siempre esté blindado de las influencias adversas. Protege también a mi amada Pilar-Adelia y dale siempre de todas tus buenas bendiciones. Ella, que por horóscopo te es próxima, ayúdala siempre como la buena hija de la luna que es en su esencia profunda. Dale poder y bendiciones generales, diosa sideral.
And en mis peticiones se desborda mi dicha, titánide de las honduras intemporales, pues mirar hacia lo que no veo es una práctica que solo llena en mí el goce de contemplar la sacralidad extratemporal del misterio tremendo.
Diosa, sé siempre benéfica y trae siempre buenas bendiciones.
Te honra aquí tu hijo, quien te ama desde su terrícola estancia.