¡Oh Afrodita!
Diosa de la sensualidad profunda,
diosa de la tentativa erótica y el deseo de buen coito.
Tú, que eres la belleza suprema;
tú, que eres la potencia seductora de todo cuerpo en carne e invisibilidad,
escucha mis palabras, diosa de la sexualidad sagrada.
Te veo tan hermosa, diosa femenina,
entre oleaje y espuma sagrada,
entre hondura y brillantez exuberante,
entre el exquisito perfume de tu sexo
que con furia reclama la penetración salvaje del gran amante.
Te veo nadando dichosa entre las aguas,
mostrando tu cuerpo desnudo ante el testimonio de los dioses,
que anonadados te miran, hipnotizados por tu belleza.
Porque eres irresistible, diosa de todos los coitos;
eres exquisita, tu riqueza rebasa todo el cosmos
y colma de placer a quienes en reverencia te recuerdan, divina diosa.
Porque fuiste quien conquistó a Marte,
porque mostraste tus encantos a tantos marineros que en su viaje te cantaban,
porque enloqueciste a tantos mortales que osaban insultarte,
porque pusiste a prueba a Psique en el sincero reclamo de tu hijo.
Porque eres la señora de todos los amores,
de toda atracción,
de todo sentimiento enamoradizo,
de la pujanza del sexo profundo,
de la necesidad de una piel sudorosa,
de la fuerza atractora de todos los amantes.
Eres el poder primordial, diosa Afrodita,
la vinculación primera de la realidad, que consigo misma copuló para dar a luz a todos sus fenómenos.
Ninguna palabra puede agotar la infinitud de tu éxtasis,
porque eres omniabarcante, diosa de la preciosura sideral;
eres eterna, eres sublime, eres la potencia mayor de todas las pujanzas,
de todo semen furioso, de todo clítoris dilatado por el reclamo de su deseo.
Ayúdame siempre, divina Afrodita,
ayúdame y dame siempre tu buena influencia.
Que tu numinosidad pueda recibirla en la receptividad silenciosa de mi meditación;
que pueda ser sensible a la belleza de todas las cosas, que la belleza siempre me acompañe.
Que siempre sea yo un hombre sexy, un hombre atractivo, irresistible;
que el sexo entre Pilar-Adelia y yo siempre te tenga a ti, y sea intenso, exquisito y gozoso.
Que tu poder sexual potencie mi magia, sagrada Afrodita;
que seas una fuerza primordial que promueva los cambios que mi voluntad dicta.
Hazme todopoderoso, Afrodita,
para que pueda materializar la vida que quiero con mi magia extraordinaria.
Que estés siempre conmigo, diosa de la sensualidad,
y pueda acudir siempre a ti en busca de ayuda.
Porque yo te amo, Afrodita, y en devoción te canto este himno,
que desde la hondura de mi ser emerge
para renovar el vínculo originario con las inteligencias sagradas.
Salve a ti, Afrodita,
ayúdame con lo que te pido.
Abracadabra.