martes, 6 de diciembre de 2016

ÉXITO Y PRESTIGIO: LAS MÁSCARAS SOCIALES DEL MIEDO


Vivimos en un entorno en el cual se nos exige que debemos ser "alguien". Desde pequeños que la educación, el entorno familiar y la cultura, nos ha alimentado la creencia, la noción, de que para vivir, para conquistar nuestra felicidad, es bueno y conveniente tener éxito en los caminos que emprendamos. De esta manera se nos condiciona, muy desde temprano, a trabajar, a actuar y producir en base a la noción de generar éxito, posición y prestigio. Pero, realmente ¿qué es ser "alguien"?, ¿para que queremos ser exitosos?, ¿por qué se nos enseña de manera reiterada a buscar el reconocimiento social?

A simple vista, este tema parece ser bastante convencional, pues es probable que en  la adolescencia de varios de los lectores, cuestionamientos como estos hayan salido a flote. Incluso el ensueño hippie de encontrar una vida libre de estos aspectos, se ha impregnado en la cultura popular, siendo la base de expresiones cinematográficas como "In to the Wild" y ese tipo de películas. Sin embargo, nosotros al realizar esta reflexión, de ninguna manera estamos hablando de un asunto convencional y cliché, pues, a pesar de todo, el condicionamiento que implica el éxito, el prestigio y el reconocimiento, moldea la vida de todas las personas en esta sociedad y está presente en todo momento de nuestra interacción cotidiana. Por lo tanto, el abordar esta temática, requiere una observación de nuestra vida cotidiana, y darse cuenta de qué manera todas estas nociones nos han condicionado y restringido nuestra capacidad crítica y cuestionadora.

Primero que nada, si se dan cuenta, al abordar asuntos tan simples en apariencia, al preguntarnos sobre temas que parecen ser tan convencionales, surge de inmediato el reconocimiento que realmente no tenemos mucha idea sobre las razones de nuestras conductas cotidianas. Por ejemplo, al preguntarnos "¿Por qué me visto con la ropa con la que me visto?", seguramente surgirán respuestas instantáneas como "porque me gusta", "porque siento que me veo bien", etc; pero razones y explicaciones profundas, seguramente no aparecerán, y si aparecen más respuestas, seguramente reflejan directamente costumbres colectivas, creencias culturales, etc. Por lo tanto, si somos radicalmente honestos, llegaremos a la conclusión que no sabemos lo que hacemos.

Lo anterior, opera a todo nivel. Todas nuestras conductas, todas nuestras emociones, todos nuestros pensamientos, nuestras ideas, nuestras creencias: todo; está de una u otra forma relacionada con el entorno, relacionada con nuestras vivencias, nuestra familia, nuestra cultura, etc. Es decir, todo nos ha llegado de "afuera", a modo de aprendizaje e imitación, todo lo que somos está condicionado por el medio. Este condicionamiento, actúa como un molde que confecciona, uniforma y dirige nuestras acciones supeditadas al entorno en el que vivimos. Si queremos comprender el fenómeno del éxito y prestigio, es fundamental que lo anterior seamos capaces de observar en nuestras vidas.

Por lo tanto, estamos condicionados al éxito. Estamos condicionados a actuar en el mundo social en base al prestigio y al reconocimiento. Este estar "condicionados", es en gran medida algo "inconsciente", es decir, algo a lo cual no le damos importancia y tampoco tenemos una noción y claridad sobre estos sucesos mentales y sociales. Nos parece natural, por lo tanto actuamos en base este condicionamiento, y construimos una vida en base a este motor psicológico.

Pero esta noción de éxito, este deseo de reconocimiento propio, tiene dimensiones psicológicas más profundas, relacionadas íntimamente al conflicto humano. Pues, ¿en base a que medimos nuestro éxito?, ¿a través de qué medio reconocemos nuestro valor para los otros?, la respuesta es obvia: por medio de los otros. Es decir, nosotros pensamos al éxito debido a que internamente tenemos la noción de un otro. Es a través de este "otro" que la mente crea una referencia, una guía de conducta, que imita y que luego quiere superar. Por tanto, de esta noción de "otros" se liga de inmediato un constante fenómeno de "comparación". La mente, el pensamiento funciona en base a la comparación, pero para que exista comparación, es necesaria la noción de separación, de diferenciación, y es en este terreno donde descubrimos el fenómeno del ego.

Sin embargo, todo lo hablado, no es una seguidilla de causas y reacciones lineales. Tanto el éxito, como la noción de otros, la comparación, la diferenciación y el ego, son fenómenos psicológicos que se dan en conjunto, y que en esencia no son más que una misma cosa. Tenemos un mapa mental sobre la realidad, que nos hace percibir los sucesos desde una identidad (o ego) que se interrelaciona con un mundo que le es ajeno y aparte. Esta identidad lucha y batalla para poder encontrar una esencia, un valor, una autenticidad que la diferencie de este mundo que tiene frente a sus ojos, y al no poder encontrarla, va generando una acumulación de frustración que se traducen en sufrimiento.

Entonces, si somos agudos, podemos darnos cuenta que la frustración y sufrimiento surgidos del ego nacen de una contradicción fundamental: que la aparente noción de separación individual frente a la realidad (que se expresa como la personalidad) se ve constantemente atormentada con el hecho de que el ego no puede asegurar que esta separación exista. Por lo tanto, el ego quiere ser un ego, pero se ve en la imposibilidad de probar su propia existencia. Es esta contradicción la que moviliza nuestros deseos de éxito y reconocimiento: como no sabemos lo que somos, como no tenemos seguridad absoluta de lo que creemos ser, nos proyectamos al mundo social, para encontrar ahí nuestra identidad. De esta manera el reconocimiento y el éxito se convierten en una medida "salvavidas" del ego para certificar su propia existencia, y es justamente eso lo que sucede: el éxito se convierte en la medida que certifica a las personas, adjudicando el valor social que tiene la propia identidad.

Por lo tanto, el fenómeno psicosocial del éxito, no es otra cosa que el escape de esta contradicción fundamental de la mente humana. Esta contradicción en esencia es inseguridad y miedo, es el temor de la mente (el ego) hacia su naturaleza incierta y vacilante, que impulsa al ego a buscar (o a construir) estructuras de seguridad que lo alejen de la incertidumbre, y una de esas estructuras que el humano a creado, es justamente la noción de éxito y prestigio.

Llegando a este punto, podemos afirmar que la base psicológica de la sociedad exitista es el miedo. Es un intento colectivo desesperado, de dar la espalda a la enorme incertidumbre que el hombre de hoy vive. Pero este dar la espalda a la incertidumbre, tiene repercusiones enormes en el funcionamiento global de la civilización. Este continuo escape psicológico en el que la sociedad vive, genera constante confusión, ignorancia, violencia y destrucción. Si estamos constantemente escapando, no podemos ver la realidad, y nuestras acciones se desencadenan de manera torpe, ya que lo único que nos interesa es escaparnos de nuestro propio miedo y sufrimiento. Esta conducta, multiplicada en millones de personas, evidentemente genera un caos de importante envergadura.

He aquí nuestro condicionamiento. Hemos sido criados a la fuerza en una sociedad del miedo, en una sociedad insensible que posterga su existir y busca desesperadamente una seguridad ilusoria por medio del prestigio colectivo, con el precio de sacrificar su propia libertad. A cada uno de nosotros nos tocó nacer en una sociedad donde estos mecanismos ya estaban instalados y consagrados, y en nuestra desprotección infantil, tuvimos que adaptarnos a esta vorágine, a este monstruo de cien cabezas, creyendo que de esta manera podíamos ser aceptados por los demás. Así, nuestro condicionamiento estriba en que se nos ha hecho pensar que esta sociedad, esta forma de vivir es la única que existe y es aceptable, y cómo todo el mundo funciona de esta manera, caímos en ceder y aceptar todos estos absurdos. Hay una especie de mecanicidad colectiva, que se ha contagiado por medio de la imitación.

En el momento en que el ser humano comienza a cuestionarse todos estos asuntos, la barrera de la sociedad, comenzará a boicotear todas estas intuiciones, presionando por medio de la familia, el trabajo, la escuela, los gobiernos, la publicidad, etc. Y esta presión radica en acentuar el miedo en la persona, por medio de amenazas ilusorias que invaden la mente del individuo, haciéndole perder la fé en la propia intuición individual. La presión del dinero, el ser profesional, el obedecer a un jefe, pagar cuentas; son todos mecanismos que actúan devolviendo al individuo a la zona del miedo y al deseo de seguridad.

De esta manera, surge la pregunta ¿existe la posibilidad de liberarse de toda esta situación?. Más que exponer una respuesta definida, es necesario que estas preguntas comiencen a nacer en las mentes de todos los seres. Si observamos que el éxito y el prestigio tienen un respaldo psicológico, nos daremos cuenta que gran parte de las bases que sostienen a la sociedad son interiores, por lo tanto, un proceso de liberación primero debe comenzar en el interior. Es en el lugar más íntimo del corazón y la mente de cada ser humano, donde estas problemáticas pueden ser resueltas. Pienso que si un ser puede llegar a liberarse de todo este drama, esa liberación puede repercutir radicalmente en los otros individuos, generando un contagio de frecuencias elevadas de consciencia.

Bajo las enseñanzas de todo mito, de toda tradición y de todos los maestros que la humanidad ha presenciado, se ha escuchado que para comprender la libertad (que es el infinito, el misterio, lo inefable) es preciso morir para uno mismo. Este morir tiene la implicancia de dejar de buscar "ser alguien". Es precisamente esa búsqueda de un yo verdadero, la que trae sufrimiento y miseria para la humanidad. Debemos atrevernos a ser nada, debemos atrevernos a observarnos sin el lente de nuestro propio ego. Es en las dinámicas de esta observación, donde se aproxima la naturaleza de la propia mente. Sin embargo, no podemos llegar a comprender todo esto, si aún dependemos de alguna muletilla psicológica. Seguir una tradición, creer en un maestro, y adherirse a una religión no van a traer en sí mismo la comprensión y la liberación de toda la realidad condicionada. Para esto debemos morir para toda referencia externa, debemos atrevernos a estar solos, a indagar en el significado profundo de la soledad. Si es que llegamos a ser capaces de cultivar esta soledad interior, puede que surja la comprensión que nunca estuvimos solos y que nunca estuvimos separados.

miércoles, 23 de noviembre de 2016



A PROPÓSITO DE TRUMP: LAS NUEVAS FORMAS DE UNA VIOLENCIA ANCESTRAL

http://www.trbimg.com/img-56e85d41/turbine/hoyla-usa-es-donald-trump-un-fascista-20160315El mundo está en crisis. La gran casa antigua y añeja de la civilización está incendiándose a pasos agigantados. Por muchos años la humanidad ha vivido dentro de sus muros sin percatarse del inminente peligro, pero solo ahora que el fuego ha llegado al salón del dueño de casa, los demás hogareños comienzan a preocuparse.

Los acontecimientos que han sucedido recientemente en la capital del imperio mundial, no es la llegada de un nuevo mal, sino que el síntoma visible de una enfermedad colectiva que lleva siglos gestándose en las mentes de los que componen esta civilización esclava. Pero ¿cuál es esta enfermedad?, ¿que es lo que ha llevado a la humanidad a esta gran crisis que presenciamos hoy en día?, ¿qué ha provocado todo esto?

Pienso que durante mucho tiempo, y hasta el día de hoy, los seres humanos hemos vivido bajo el mismo patrón de comportamiento del de muchas generaciones anteriores a la nuestra. Desde el inicio de las primeras civilizaciones, se han presenciado guerras, muertes, corrupción, injusticia social, ambición, y otras conductas y realidades que no han cesado hasta el día de hoy. Puede que durante los últimos 200 años, puedan apreciarse ciertos avances como la abolición (aparente) de la esclavitud, de la redacción de derechos humanos por parte de Naciones Unidas en 1948, o de los avances de la lucha feminista por la igualdad de género. Sin embargo, hay un patrón implícito en los seres, que se mantiene similar a medida que pasan los siglos y épocas. Pues, a pesar de todo, hoy en día, conflictos como los de Siria, las dictaduras poco conocidas del continente africano, las desigualdades en Latinoamérica, la corporación Monsanto (y otras igual de nocivas), o la siniestra planificación del TTP; nos hablan de que a pesar de que en el "papel" haya intenciones de humanidad, en los hechos, el telón de fondo de la civilización mundial, es el caos y la violencia desenfrenada.

Pero ¿de dónde viene este caos y violencia desenfrenada? Para que exista caos y violencia, primero es necesario la existencia de un conflicto, y antes del conflicto es necesaria la relación con un otro para que ésto se exprese. Por lo tanto la violencia, el conflicto y el caos se da siempre en relación con algo. No puede pensarse ningún conflicto que no tenga fenómenos en relación. Tanto en lo colectivo como lo individual, las causas del conflicto siempre surge por una interacción tensa entre dos fenómenos, dos estados, dos objetos, pero no puede pensarse nunca un conflicto aislado de algún factor que lo estimule.

A pesar de esto, aun no vemos de dónde es que surge la violencia, ya que no sabemos aún con claridad, por qué surge el conflicto entre grupos, personas, e individuos. La opción clásica de la cultura occidental, es el estudio cartesiano y positivista de los fenómenos que suceden en la "realidad". De esta forma se confeccionan teorías, ideas, conceptos, que buscan clarificar las causas y razones de ciertos fenómenos. Pero la violencia es un tema que no ha podido solucionar la ciencia, ni el estudio lógico del mundo. Por lo tanto surge la pregunta ¿es posible abordar el tema de la violencia y el conflicto mundial, por medio de teorías, ideas, conceptos?, ¿de qué manera nos aproximamos a tal fenómeno, que está dejando estragos en el planeta?

Es más ¿por qué separamos la violencia de nosotros mismos?. O dicho de otra forma ¿por qué, al ver la violencia que sucede en el mundo, la identificamos como algo ajeno, como algo que hacen otras personas, diciendo cosas como "esas personas son muy malas, muy corruptas, pero yo tengo la suerte de no ser así"? realizamos una separación, ese es el hecho. Una separación entre nosotros y el mundo, el universo. Separamos los objetos, las personas, los países, las casas, los pensamientos, las ideas. Somos una máquina de separar fenómenos, nuestra estructura de realidad nos condiciona a pensarnos naturalmente como un ser separado de un mundo que es ajeno, y que tiene una realidad palpable más allá de la propia observación. Por lo tanto al observar la violencia como un suceso, la mente ordinaria, separa el hecho mismo de la violencia con el resto de lo que constituye nuestro "yo mismo".

Sin embargo, ¿estamos separados?, ¿estamos separados de los criminales de cuello y corbata de "Wall street"?, ¿estamos separados de el vagabundo que pide limosnas a la salida de un metro? Tiene que quedar claro que este no es un juego de palabras. No se trata de construir una nueva lógica, de nuevas ideas que interpreten el mundo en que vivimos. Es importante que esta reflexión se haga cuestionando la propia mente, la propia estructura de realidad que hemos construido, de generar una observación libre de puntos de vista, que sea capaz de "seguir" lo que sucede en la vida y en el mundo, que no son cosas distintas.

No podemos comprender la violencia sin antes tener un encuentro con la propia violencia que hay en uno mismo. Si pretendemos que la violencia se acabe aludiendo a otros y proyectando soluciones o medidas en el mundo social, estaremos reproduciendo la mecánica de la violencia en los seres humanos. Esta proyección de violencia, es la que está causando todo el caos que se presenta ante nuestros ojos, y sucede tanto a nivel de individuo como de los grupos sociales y políticos.

Si observamos el comportamiento de grupos ideológicos, como lo es el fascismo, la democracia, o el comunismo, observaremos que el patrón de comportamiento que caracteriza a tales grupos es la suposición implícita de poseer una "verdad" que debe ser difundida por el mundo; de esta manera al encontrar adversarios u oponentes ante tales verdades, los grupos se atrincheran a sí mismos y comienzan a realizar acciones que busquen acabar con tales obstructores de sus "ideas correctas". Para el Comunismo es la burguesía, para la democracia son los "extremistas", para el Fascismo, todo aquel que no sea fascista, etc, etc. De esta manera, cada grupo proyecta su propia violencia hacia su grupo adversario, formando la creencia ingenua de que el fin del conflicto surgirá con la derrota del grupo enemigo. Pero la afirmación de una verdad y el aferramiento a un grupo o ideología, es lo que fundamentalmente genera la violencia.

Lo anterior, además, tiene un correlato psicológico en cada uno de nosotros. Lo que vemos en la sociedad, lo que vemos en la historia, lo podemos ver a través de nosotros mismos. Al dirigir nuestra mirada hacia lo que sucede "a dentro", nos daremos cuenta que en cada uno, existen muchas de estas "verdades", muchas de estas ideologías, muchos tiranos que luchan por defender el propio territorio, las propias opiniones, la propia seguridad. Y todo esto lo moviliza solamente un fenómeno: el miedo. En tanto tengamos miedo, existirá la violencia, y se perpetuará la proyección de nuestra propia violencia hacia el mundo. 

Entonces, bajo esta comprensión ¿podemos vivir sin miedo, sin ideologías, sin una postura (violenta) frente al mundo? La respuesta a esta pregunta depende de cada uno de nosotros, pues es en cada mente, en cada vida humana del planeta, en las cuales se reproducen estos mecanismos de violencia y agresión; y la liberación de todos estos patrones, sólo puede venir de una confianza absoluta en la naturaleza profunda de la realidad y de una revolución fundamental, desconocida y silenciosa.


H.S.






martes, 23 de agosto de 2016



ALFRED BINET EN EL SISTEMA EDUCATIVO ACTUAL: UN INFIERNO PAVIMENTADO POR BUENAS INTENCIONES


Antecedentes preliminares:

Desde que somos pequeños, nuestra familia, la cultura y la sociedad nos exige que debemos ser inteligentes. Con diferentes grados y contextos, la exigencia de ser inteligentes parece ser transversal a los grupos que componen la sociedad occidental. Si bien la pregunta “¿qué es la inteligencia?” parece ser legítima, por extensiones de este ensayo, vamos a preferir abordar uno de los exponentes que da origen a la concepción de inteligencia actual y sobre las consecuencia de este origen para el sistema educacional de chile y el mundo. Nos referimos a Alfred Binet.

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/fotos/binet_alfred.jpgAlfred Binet es un psicólogo y pedagogo francés cuya vida y aportes se remontan a la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX. Ecléctico y variado en sus investigaciones, dedica su vida al estudio de la psicología experimental, centrando su atención en el desarrollo intelectual del ser humano. Desarrolla durante su vida varios estudios psicométricos sobre la inteligencia, llegando a confeccionar el primer Test o prueba de dicho constructo, que comúnmente se la considera como la base fundamental para los test actuales sobre inteligencia (Voyat 1983). Este test, se le conoce como test Binet-Simon, que junto a su colaborador Théodor Simon, confeccionaron a pedido de la comisión interministerial de educación francesa, con la intención de crear una herramienta que permitiera la discriminación entre niños con inteligencia normal y los niños con algún tipo de retraso intelectual (Mora y Martín, 2007). Posteriormente, junto a su mismo colaborador, desarrolla la primera escala de medida de inteligencia (Binet y Simon, 1905).

En los años posteriores, los aportes de Binet al estudio de inteligencia y el aprendizaje han servido de base para el desarrollo de versiones posteriores de escalas de inteligencia y de paradigmas sobre el desarrollo intelectual. Sin embargo, la intención progresista e integradora que Binet esperaba de sus aportes, se han visto desviados y muchas veces utilizados deliberadamente para apoyar teorías deterministas y evolucionistas de la inteligencia (Mora y Martín, 2007).

Ante este panorama, pienso que las reminiscencias que Binet tiene para el sistema educativo actual, han servido históricamente para establecer y defender ideológicamente un paradigma educativo elitista, mantenedor de brechas sociales, y patriarcal; que considera únicamente el intelecto como la única dimensión válida para evaluar y desarrollar la inteligencia. Esto, sin embargo, se debe a un paradigma global que ha impregnado el pensamiento  y la realidad sociocultural del mundo occidental. Nos referimos la Mente Patriarcal (Naranjo, 1993).

Para nuestro desarrollo, revisaremos de qué manera las ideas de Binet repercuten en el sistema educativo de hoy, manteniendo la tesis de que sus ideas son ocupadas actualmente para la mantención y reproducción de la cultura Patriarcal. Para esto, nuestros argumentos tendrán como base algunos conceptos e ideas aportadas por Claudio Naranjo, pero centrándose en el análisis del tema en cuestión. Por último, cerraremos este ensayo explorando cuales pueden ser los posibles caminos para superar las problemáticas actuales y de qué manera los aportes de Binet pueden tener lugar en este proceso.

El patriarcado, el sistema educativo y el concepto de inteligencia:

La palabra patriarcado en su etimología refiere a los términos “padre” y “mandato” (Patriarcado, s.f). Los orígenes históricos de este concepto se remontan a tiempos bíblicos, el cual era empleado para designar a los jefes religiosos de las primeras familias hebreas. Dentro de sus significados, el término “patriarcado”, suele designar un sistema de autoridad masculina que se caracteriza por ser conservador y guiarse únicamente por los parámetros de la razón y la tradición.

Claudio Naranjo (1993) considera que el patriarcado, entendiéndolo como un sistema de autoridad masculino y autoritario, es el núcleo central (tanto en origen como expresión) de la civilización del mundo actual. El acuña el término mente patriarcal para designar el origen psicoespiritual del sistema social occidental y todas sus problemáticas. Una de las características de esta mentalidad, es su excesivo énfasis e importancia a la razón y todos los procesos intelectuales de la mente humana; frente a un menosprecio hacia la emocionalidad, el instinto, la intuición y la empatía. De esta manera todos los sistemas educativos tradicionales se han basado en esta premisa. Desgraciadamente, científicos como Alfred Binet e investigadores posteriores, no han sido excepción a esta regla.

http://ramirofeijoo.com/gabinete-de-curiosidades/wp-content/uploads/2011/11/Khan-The-factory-of-the-lungs.jpgSi analizamos el trabajo e investigación de Alfred Binet, rápidamente nos daremos cuenta de que sus aportes tampoco escapan del dominio de lo patriarcal. Por ejemplo, en todas las explicaciones que Binet dio a la inteligencia tenían relación con la capacidad de pensar de manera abstracta y la habilidad de adaptarse al medio ambiente (Akien, 2003). Además, en la escala de inteligencia propuesta por Binet, se excluye abiertamente los procesos emocionales y de intuición de la persona, centrándose únicamente en los procesos de pensamiento y adaptación (Binet y Simon, 1905). Por otro lado, los cuatro elementos que Binet propone  como constituyentes de la inteligencia -siendo estas comprensión, invención, dirección y censura- continúan dando cuenta de la visión mecanisista y racional propias de la mente patriarcal, ya que estas demuestran la especial atención por parte de Binet (y toda la ciencia occidental) hacia la productividad, velocidad y efectividad de las acciones humanas. Todas estas ideas, en ningún momento dan espacio para una visión más holística de la inteligencia, y tampoco abandonan el dominio de la comprensión intelectual, lógica y mecánica del ser humano.

Respecto al sistema educacional actual, podemos ver que la influencia de Binet alcanza varias dimensiones de la organización y práctica educativa. Por un lado, tanto las escalas Stanford-Binet, y las pruebas de inteligencia WISC-III y WAIS, son instrumentos ampliamente utilizados y difundidos por el ministerio de educación chileno, para la evaluación diagnóstica de estudiantes con discapacidad intelectual (MINEDUC, 2013). Si bien, solo la primera prueba se vincula a Binet, las demás se enmarcan dentro de la tradición investigativa que el francés inició. Además todas ellas mantienen un paradigma patriarcal de la inteligencia, ya que, no consideran en ningún momento, otras habilidades que no tengan que ver con el desempeño intelectual y la conducta adaptativa. Por ejemplo, ninguna de ellas considera la creatividad, la capacidad de hacerse preguntas, el amor y la sensibilidad. Que no se consideren estas cualidades ha llegado a ser una premisa obvia, llegando a naturalizar su inutilidad para los asuntos académicos. Esto, lo único que demuestra, es que en la educación actual solo se considera importante la efectividad, la rapidez, la obediencia y la competencia de sus alumnos, es decir, se interesa más por crear máquinas del sistema que a seres humanos.

http://rockthebestmusic.com/wp-content/uploads/2014/12/pink-floyd-the-wall-kids.jpgPor otro lado, otra implicancia importante para el sistema educacional actual, es el constructo de Coeficiente intelectual. Si bien, este término es acuñado por William Stern, y luego por Goddar y Terman, los estudios que dan nacimiento a este constructo se basaron directamente en los aportes de Binet (Mora y Martín, 2007). De esta manera, dicho concepto se ha impregnado en las prácticas del ministerio de educación, que ha confeccionado una serie de procedimientos para medir la capacidad intelectual de los estudiantes con el objetivo de diagnosticar discapacidad intelectual y actuar conforme al caso. Por ejemplo, se han estructurado una serie de clasificaciones que determinan el nivel de gravedad de la discapacidad de un alumno según su nivel de CI, y creado una serie protocolos de acción dependiendo de la gravedad (MINEDUC, 2013). 

Una mirada favorable a esta praxis diagnóstica del MINEDUC, podría argumentar de que estos procedimientos favorecen la inclusión de los estudiantes con discapacidad intelectual al sistema educativo, ya que al diagnosticar una dificultad cognitiva se favorece el terreno para realizar intervenciones que produzcan mejoras en las dificultades y desarrollen fortalezas en la persona afectada, para que de esta manera se adapte a su medio escolar (MINEDUC, 2013). Sin embargo, el hecho mismo de diagnosticar discapacidad intelectual en el contexto escolar es un acto discriminatorio e ideológico, ya que se fija una condición patológica individualizada, quitando el foco de importancia al sistema que sustenta a estas prácticas diagnósticas y educativas (Peña, 2013). Es decir, el diagnóstico tiene un rol orientado al control de masas, que busca adaptar a la población a los paradigmas de esta mentalidad patriarcal de la que hemos estado hablando. Además, la utilidad de adaptar a una persona a un sistema que está intrínsecamente corrupto carece de todo valor, y esto es justamente lo que se afirma en este ensayo.

Por lo tanto, el constructo de CI es devastador básicamente por dos cosas: primero, porque al implementar abiertamente este concepto, se generan una serie de efectos psicológicos colectivos basados en una suerte de “elitismo inteligente” en el cual solo un grupo de alumnos privilegiados acceden a las bondades de ser buen estudiante y los beneficios sociales que esto conlleva, mientras que el resto es discriminado y/o subestimado; y segundo, porque el constructo de CI cosifica las dimensiones de la inteligencia, identificándola simplemente con la capacidad de sacar buenas calificaciones y por la capacidad de dar respuestas rápidas y productivas hacia las tareas mecánicas de la escuela. El asunto es que sacar malas calificaciones y no responder a los mandatos de la escuela, no indica necesariamente falta de inteligencia, ya que la razón de aquello puede estar relacionada a múltiples factores, sin embargo afirmamos que a nivel psicológico, la presión de las calificaciones puede dejar huellas importantes en la psicología de la persona.

http://laud.udistrital.edu.co/sites/default/files/images/Matoneo%20en%20colegios.jpg
Lo anterior, no solo opera al nivel de clasificaciones, sino que tiene un efecto directo y concreto en los procesos de selección y admisión a colegios. La selección de estudiantes en base a la eficiencia académica, ha generado una notable segregación en los colegios existentes en Chile. Sospechosamente, esta discriminación académica, tiene un fuerte componente de desigualdad social. Según Valenzuela (2008), dentro de 57 países estudiados, Chile junto a Tailandia son las naciones con mayor índices de segregación social y escolar. Esta segregación, puede ser explicada desde muchos factores, pero no es aventurado afirmar que las concepciones de coeficiente intelectual y las escalas de inteligencia legadas por Binet, han contribuido a acentuar estos procesos de discriminación y segregación. Hay una suerte de manipulación ideológica de todos estos constructos, y nosotros afirmamos que es la mente patriarcal la originadora de todos estos asuntos.

Pero llegando a este punto surge la pregunta ¿por qué la mente patriarcal ha generado todo esto? Es simple: porque la mente patriarcal busca dominación, depredación y supervivencia; y el mejor medio que tiene para reproducir esta epidemia mental es por medio de la educación. De esta manera las instituciones educacionales se orientan a desarrollar seres humanos mecánicos que sean de utilidad para el desarrollo del sistema, excluyendo todo proceso de autoconocimiento profundo, de amor, de espiritualidad, y de conciencia reflexiva y cuestionadora (Naranjo, 2010). Así, poco a poco, van durmiendo la creatividad humana, y van sumergiendo la mente de los individuos en fijaciones egoístas, competitivas y violentas. Cualquier herramienta que sirva para estos fines descritos serán ocupadas con estas intenciones. Una de esas herramientas, es justamente, Binet.


Conclusiones:

Dentro del presente ensayo, se hizo una revisión de los aportes teóricos de Binet y sus consecuencias para el sistema educacional actual. Para esto, tomamos prestadas ideas y nociones del psiquiatra chileno y exponente fundamental de la Gestalt, Claudio Naranjo.

Afirmamos que, en general, las teorías de Binet son utilizadas hoy en día con fines ideológicos, que apuntan a la perpetuación de la mente patriarcal. Tanto las escalas de inteligencia, el constructo de CI, y la selección y segregación escolar son herramientas que contribuyen a la perpetuación de los paradigmas patriarcales de inteligencia.

Hablamos de que, este paradigma patriarcal de inteligencia, se caracteriza por una sobrevaloración por los procesos intelectuales, por el culto a la productividad y a la mecanización de las acciones humanas; dejando de lado y despreciando cualquier cualidad que no encaje con estas características. De esta manera se desprecia y se deja de lado todo el desarrollo emocional y afectivo de las personas, ignorando toda posibilidad de amor y compasión. Toda la dimensión intuitiva, instintiva y espiritual de los seres vivos se deja absolutamente de lado, y toda creatividad, arte y belleza son aplastados por las tuercas de la maquinaria educativa.

Por lo tanto, pensamos que, más que Binet, la problemática central de todo, es la mentalidad patriarcal en la que estamos inmersos. Los procesos intelectuales tienen su lugar y los aportes de Binet tienen mucho que decir en este aspecto; sin embargo estamos muy lejos de estar de acuerdo con que la dimensión intelectual sea el fin último de los sistemas educativos.

Nuestra propuesta para un cambio en el panorama educacional estudiado, no es otra cosa que una revolución. Pero no una revolución como las que hemos conocido hasta el momento, no una revolución basada en la violencia; sino una revolución total que tenga como base la transformación de la conciencia y mente humana. Y para esto son necesarios individuos que trabajen por la transformación propia y colectiva, que actúen como agentes y semillas de revolución en los diferentes subsistemas de esta vorágine patriarcal, pero también creando instancias de organización colectiva que permitan la transformación de los individuos que participen en ellas. Pensamos que el sistema que debiese ser transformado como primera prioridad es la educación.

Por último, el lector podría juzgar toda nuestra mirada como idealista y poco científica, y dentro de su mente seguramente surgirán contraargumentos y datos “duros” que busquen contrarrestar esta mirada crítica y afirmar las bondades que Alfred Binet ha tenido para la educación actual. Ante esto nosotros decimos: sí, efectivamente este relato no es científico, y que deliberadamente optamos por no engolosinarnos con las fórmulas “rigurosas” de la ciencia actual. Pensamos que el ser humano posee dimensiones que están lejos de poder ser medidas y sistematizadas, pensamos que la vida misma no puede ser medida. Gran parte del mal de nuestra civilización se relaciona con la incapacidad de las personas de contactarse con estas dimensiones inconmensurables, y con el rechazo a toda noción que no sea sistema, matemática, causalidad y correlación. La mente patriarcal toma por real el sistema, lo artificial, y quiere hacernos creer de que esto es así. Por lo tanto creemos que la reflexión libre, el cultivo de la imaginación y la creatividad son un pequeño aporte a la reivindicación de la dimensión intuitiva del ser humano.

La educación por lo tanto, la educación que queremos, es una una educación sanadora, propulsora de procesos de transformación individual y colectivos. Una educación real, es aquella que nos posiciona como los seres inconmensurables que somos, como una puerta abierta hacia el espacio, el infinito, el amor, la belleza y el misterio.

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V.S.


Referencias:

Akien, L. (2003) Test psicológicos y evaluación. México: Pearson Educación.

Binet, A. & Simon, T (1905) Méthodes nouvelles pour le diagnostic du niveau intellectuel des anormaux, L’Année Psychologique, 11, pp. 191-244.

Ministerio de educación (2013) Orientaciones técnicas para la evaluación diagnóstica de estudiantes con necesidades educativas especiales asociadas a discapacidad intelectual. Recuperado de: http://www.divesup.cl/usuarios/edu.especial/doc/201302141702320.Orientaciones_Discapacidad_Intelectual.pdf

Mora, J & Martín, M (2007) La Escala de Inteligencia de Binet y Simon (1905) su recepción por la Psicología posterior. Revista de historia de psicología, vol 28, pag. 307-313

Naranjo, C. (1993) La agonía del patriarcado. Barcelona: Kairós.

Naranjo, C. (2010)  La mente patriarcal. Barcelona: Ediciones la llave.

Patriarcado, (s. f). En Wikipedia. Recuperado el 13 de agosto de 2016 de https://es.wikipedia.org/wiki/Patriarcado

Peña, M (2013). Análisis crítico de discurso del Decreto 170 de Subvención Diferenciada para Necesidades Educativas Especiales: El diagnóstico como herramienta de gestión. Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, Vol. 12, No. 2, Págs.: 93-103.

Valenzuela, J.P. (2008).”segregación en el sistema escolar chileno: en la búsqueda de una
educación de calidad en un contexto de extrema desigualdad”, en ii escuela chile-Francia, transformaciones del espacio Público, pp. 131-156.
               
Voyat, G. (1983) Infancia y Aprendizaje: Journal for the Study of Education and Development, ISSN 0210-3702, ISSN-e 1578-4126, Nº 22, 1983, págs. 109-114

jueves, 28 de julio de 2016

SOBRE LA MEDITACIÓN



Luego de una pausa dubitativa que tuve antes de iniciar este escrito, me ocuparé de un tema, la verdad es que bastante complejo, tanto intelectualmente como experiencialmente: me refiero el tema de la meditación.

http://www.planetaholistico.com.ar/Zen/zen-budismo3.jpgMás que una revisión histórica sobre la meditación en las diferentes culturas, más que una instancia de religiones comparadas, intentaré indagar un poco y en la medida de lo posible, sobre el tema de la meditación como experiencia directa.

Las diferentes religiones, las diferentes enseñanzas espirituales, ya sea las occidentales o las orientales, han añadido a sus enseñanzas (de una u otra forma, con diferentes traducciones) el tema de la meditación. Particularmente, en este escrito me ocuparé tomándome de un lenguaje más similar a las tradiciones de oriente, específicamente, el budismo (en todas sus vertientes), y secundariamente el hinduísmo. 

Primero, en estas tradiciones, se pueden percibir dos acepciones importantes y fundamentales de la meditación. Primero que nada, se la entiende como una práctica, como una praxis, en la cual la persona realiza ciertos esfuerzos, cierta disciplina en pos a un "objetivo", relacionados con el armonizar la mente, observar la mente, autoconocer la mente, etc. Por otro lado, otra acepción importante, que sería la segunda cara de una misma moneda de la meditación en oriente y en el budismo, es que se habla de que la meditación en sí misma es un estado específico y trascendental de la mente: un estado específico de comprensión y de conocimiento trascendental. De esta manera estas dos concepciones de la meditación no se contradicen, y al parecer están una ligada con la otra; es decir, se comprende a la meditación como un medio y como un fin al mismo tiempo.

Pero, llevando este tema a la experiencia presente (que es justamente en lo que consiste la meditación), podemos preguntarnos ¿qué es la meditación?, ¿es un estado particular de reflexión?, ¿es un estado particular de observación, de uno mismo y del ambiente?, ¿es un estado de relajación?, ¿es un estado de comunión con Dios?, ¿qué es la meditación?

Frente a estas preguntas, inevitablemente surge un abismo frente a nosotros, un vacío de toparnos con imposibilidad de penetrar la meditación por medio del intelecto; cosa paradójica, porque es justamente eso lo que más o menos estamos haciendo. Pero para que este diálogo no sea una intelectualización sobre la meditación, se cuidará en expresar los enunciados y afirmaciones, desde la experiencia misma de la meditación; es decir, no generar ideas acerca de la meditación, sino que generar un diálogo que tenga como base la experiencia meditativa.

Por lo tanto, podemos entender que la meditación, es una práctica y un estado, en el cual la atención se sitúa, y se podría decir, regresa a un estado originario, a un estado preconceptual de la mente. Así, la meditación nos permite y nos invita a relacionarnos de una manera preconceptual con el mundo. Preconceptual en el sentido de que invita a cultivar un estado especial de atención que se sitúa a priori o como telón de fondo de todos los fenómenos que surgen en la mente; ya sean en el campo de las ideas (el pensamiento), del campo emocional, o del campo corporal.

La meditación es un cultivo de la atención que permite hacer regresar a la mente al momento presente. En esta práctica de traer la mente constantemente hacia el presente, se va desarrollando una sensibilidad y una forma de percibir las cosas, diferente a la que habitualmente estamos acostumbrados. De alguna manera, la meditación permite darse cuenta, como primer hecho,  de que la mente no está tranquila, que en la mente suceden una serie de sucesos (valga la redundancia) que están en constante fluido, en constante interacción, en constante pugna. Por lo tanto, el primer hecho que hace ver la meditación es que la mente no está en paz y que no tiene control sobre sí misma: no tiene control sobre sus procesos mentales, sobre sus emociones, etc. De este caos mental, se van discriminando una serie de ideas, de pensamientos, de creencias y de conceptos que están a la base del funcionamiento de la mente, y este conjunto de elementos mentales, comienzan a percibirse como obstructores, como distractores de lo que sucede en la experiencia presente: a nivel perceptual, a nivel de mundo (los sentidos).

Como segundo hecho, en este darse cuenta de que estamos llenos de prejuicios, que estamos llenos de creencias, que tenemos pensamientos que no nos dejan tranquilo, observamos que, sorpresivamente, existe sufrimiento en nosotros. Existe un estado de insatisfacción constante, un estado de ansiedad constante, que nos va persiguiendo (en estricto rigor) las 24 horas del día. Ahora, este sufrimiento muchas veces no es explícito, y algunos lectores podrían pensar de que ellos no sufren, de que también tienen momentos felices y placenteros, y que no están todo el tiempo sufriendo. Sin embargo, este sufrimiento del que hablamos, del que permite la meditación observar, es más sutil, es un estado de malestar, de intranquilidad y ansiedad constante en la mente, que la va a llevar inevitablemente -la mente- a generar métodos de evasión a este sufrimiento que padece. 

Los métodos de evasión los podríamos entender como un escape constante y una persecución constante de experiencias que concedan seguridad. Estas experiencias que conceden seguridad son, en estricto rigor, placer. La mente busca, frente a su sufrimiento, experiencias que le concedan placer, y que la alejen del estado de inseguridad en la que se encuentra. Sin embargo la mecanicidad de la mente, no le permite observar de que esta búsqueda de placer alimenta y fortalece el estado sufrimiento e inseguridad que siente en sí misma. Ahí está el meollo paradójico de la mente. Estas técnicas de evación se traducen en cosas tan sutiles como deseos de comprar un chocolate, deseos de tener sexo, deseos de tener una casa, una profesión, una familia, de ser famoso, de que la gente lo ame. Así, la mente va construyendo una serie de dimensiones que buscan perpetuar este placer.

Por lo tanto, en esta búsqueda de placer, la mente va a comenzar a construir estructuras mentales que le permitan edificar una estructura central (ilusoria) que mantenga el placer, que mantenga la seguridad y generar la sensación de que está segura, unida, unificada y estabilizada. Esto se traduce en la construcción de una identidad central, un ego central y una autoimagen que le permitan generar la sensación ilusoria de que en la mente se encuentra una entidad estable (el yo) y continua, capaz de controlar y regular los fenómenos que vive continuamente.

Por otro lado la experiencia meditativa, concede la visión y certeza de que realmente el mundo -la realidad- está siempre cambiando, que la realidad está siempre en movimiento y es impermanente (como decía el Buda). Así que, como la realidad realmente no tiene estabilidad en sí misma, provoca que los deseos de seguridad y placer de la mente se vean constantemente frustrados. De esta manera, la realidad va cambiando y atropellando (algunas veces suave y otras veces abrupta) los ensueños placenteros de la mente, llevándola finalmente a un mayor sufrimiento, porque la mente a pesar de sus esfuerzos, observa que no puede mantener esta seguridad. Entonces va por más y por más, con la esperanza de algún día alcanzar la seguridad deseada, embarcándose una persecución constante que no tiene fin.

Así que, todo lo que se ha estado hablando tiene que ver con la experiencia del sufrimiento y el deseo. Pero durante la meditación misma, cuando se empieza a ahondar en esta dinámica mental, uno empieza a caer en cuenta de que el sufrimiento sentido por nosotros, tiene mucho que ver con los preconceptos e ideas que nos hemos hecho sobre nosotros mismos y sobre la vida. A su vez, al ahondar sobre esas ideas y preconceptos, nos vamos dando cuenta de que realmente no tienen una sustancia o una realidad propia y trascendental; nos damos cuenta de que nuestras ideas no dan cuenta de la realidad en la que vivimos, que la realidad es algo mucho más allá, y realmente no tenemos idea qué diablos es esto. Por lo tanto aquí viene el asunto complejo: en esta observación de la mente, se comienza a percibir de manera insólita y a veces muy tenue, que en la experiencia presente, existe algo que está "fresco" fundamentalmente, algo que está libre de sufrimiento, algo que es puro, que ha estado siempre, pero que la experiencia del sufrimiento impide la atención de esta especie de frecuencia o susurro, de una armonía insólita, una armonía secreta y abierta en el momento presente.

Aquí viene lo complejo, porque en estricto rigor esta experiencia, esta percepción de armonía, finalmente comienza a alejarse de lo conceptual. Pero esta armonía, al parecer está relacionada con una "experiencia" de silencio, o un silencio que es desconocido, cuyas profundidades no se conocen. Un silencio que comienza aparecer en la medida de que la mente observa. En este silencio algo parece comenzar a abrirse en uno mismo, y algo parece desaparecer en uno también, es este instante en el que el "yo" comienza a difuminarse: se comienza a caer en cuenta de la ilusoriedad del yo. Todo lo que se intente conscientemente para poder atrapar este silencio es en vano. 

Muchos maestros, muchos iniciados, hablan de que fundamentalmente en el silencio se encuentra la raíz de la mente y la raíz de todo lo que existe. Sin embargo todo esto es complejo, ya que esta verbalidad que estamos llevando a cabo no va a penetrar ni comprender la naturaleza del silencio. Por lo tanto, conviene optar por una actitud que consista en abandonar la pretensión de poder comprender intelectualmente todo esto que sucede en el presente y en las profundidades de la meditación. Más allá de esto, no podemos  hablar.


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V. S.



Anexo: para la profundización en este tema, aparte de la práctica de la meditación, recomiendo los siguientes textos:

Deshimaru, T. (1979) La práctica del Zen. Barcelona: Kairós.

Watts, A. (1999) Budismo. Barcelona: Kairós.

Trungpa, C. (1976) El mito de la libertad. Barcelona: Kairós.

Krishnamurti, J. (1954) La libertad primera y última. Barcelona: Kairós.

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