El flujo es constante, es poderoso,
enormes torrentes de energía abundante entran y salen en la mecánica de los flujos.
Así es como el dinero entra en la conciencia espiritual del imperio,
y transforma todo en abundancia y prosperidad.
El dinero entra y es placentero,
el dinero sale y es placentero igualmente.
Serolf Reivaj y Aileda-Ralip, emperadores de la abundancia,
bañados en riquezas y una vida placentera,
gozaban de la prosperidad que el espíritu abundante les brindaba,
y comandaban con sabiduría el imperio mayor que tantos poetas cantaron en sus andanzas.
El dinero fluye y deja una tranquila sensación de estabilidad,
llega en términos justos, bajo el trabajo de todos lus subditos del reino,
El trabajo mayor, el en relación a la salud de las almas andantes,
brinda la mayor de las riquezas,
porque Júpiter, Mercurio y Asclepio precidían la consecución de la prosperidad,
y generaban un halo de grandiosa procedencia,
de una seguridad inquebrantable,
de medicina sana dada a todos quienes conformaban el circulo de los espíritus.
Porque los reyes comprendían muy bien las lógicas de la abundancia,
gran sabiduría aplicaban a todos sus movimientos.
De ahí que fuese siempre el imperio mayor e imperecedero que jamás pudiera imaginarse,
porque hasta en los ríos apartados de la ciudad podían encontrarse piedras preciosas,
porque hasta el mendigo era rico en aquellos aposentos,
porque la vida se entregaba con gran luz a quienes la vivían, y de la sagrada abundancia divina, las bocas se llenaban de eternos placeres, satisfacción, sensualidad.
La sensualidad era cosa de todos, era una bendición compartida, un sueño idílico hecho realidad para todos por igual en aquel imperio,
Todo era grandioso, todo perfecto, todo resplandecía fluido, y las formas se adaptaban para que nuevos tiempos llegaran con las bendiciones de las riquezas.
Fue así como la gloria fue eterna, fue así como los emperadores, Serolf Reivaj y Aileda-Ralip alcanzaron la inmortalidad y el eterno dominio de todas las cosas.