Cierro los ojos, concentro mi respiración y me transporto a mi templo interior, en algún subterráneo profundo de un templo de magia en Kalirvalion. Luego de mis reflexiones respecto a la figura de luz solar que he venido confeccionando, vuelvo al astral para perfeccionar y formar de manera más exacta esta inteligencia naciente.
Voy a un altar donde, al frente, hay dos pilares y arriba un triángulo con un ojo brillante. Hay cortinas a los lados que son rojas; dan la impresión de un lugar muy solemne. Comienzo a prender las velas de mi gran altar; son ocho: unas al costado izquierdo, otras al costado derecho. Al medio, hay una estatua de unos 50 cm de Mercurio; es de bronce dorada, es hermosa. También veo por ahí una estatua de Júpiter, del mismo porte y calidad metálica. Al medio, veo una bola de cristal, un cuchillo, una copa, una varita y una roca lumínica entre aquello.
Agarro mi varita y realizo un círculo de protección, trazando un círculo de luz en el piso en dirección de las manecillas del reloj. Invoco los nombres de poder:
IAO: y llevo mis dedos a mi entrecejo.
Semes Eilam: y llevo mis dedos a mi plexo solar.
Abraxas: y llevo mis dedos a mi sexo.
Levanto las manos, mirando hacia arriba, y digo:
"Os invoco, poderes ancestrales: que este espacio quede consagrado por la gracia eterna de los dioses".
La luz del círculo se enciende aún más. El templo parece resplandecer; todo se torna idílico y siento las energías celestes a mi alrededor. Camino hacia atrás, donde está el receptáculo de manifestación. Me paro en frente con mis manos hacia el cielo y recito:
— "Oh, espíritu naciente, germen de mi propia creación, daimon personal, genio interior: ven aquí y manifiéstate por orden de tu maestro mago. Hazlo ahora, te invoco por el nombre del Dios Primordial".
Del receptáculo de manifestación comienza a crearse una energía circulante en la que se va formando la silueta dorada del daimon. Va adquiriendo más forma; se le encienden los ojos y comienza a brillar. Me mira. Está listo para recibir mis órdenes.
— "Daimon, tú que eres una imagen refleja de mi verdadera voluntad, quiero que recibas estas órdenes de ajuste para tu vida espiritual. Quiero que sepas lo siguiente: nacido de mi propia energía espiritual, tú serás mi servidor. Serás obediente a todas mis órdenes y acatarás mis deseos tal y como te lo ordene. Eres mi daimon personal, mi genio extraordinario que está destinado a conceder todos los deseos que yo quiera. Te doy esta forma para que olvides que eres mi Santo Ángel; tú eres un reflejo de mi verdadera voluntad, pero eres una imagen impresa de mí, una porción de mi voluntad destinada a convertirte en un genio interior, un asistente que me ayudará a manifestar muchas intenciones mágicas. Tú serás el primero. Tú eres mi Adán, mi primer hijo, aquel que me ayudará con esta magia astral y a potenciar los trabajos mágicos que yo te ordene. Eres mi daimon, mi servidor. Mercurio te dotará de gran poder y, en el nombre de él, me servirás y me traerás todo lo que quiera y te ordene. Eres un supraservidor, un servidor de excelencia que será fiel a mí y me serás siempre de ayuda. Acudirás a mí cada vez que recite tu nombre y estarás siempre abierto a recibir las modificaciones existenciales que yo te realice. Serás un espíritu en constante construcción que irá aprendiendo aceleradamente a incrementar mi poder. Daimon interior, buen servidor amado, tu nombre será: Zeldurin, mi genio que me concederá todos los deseos".
En ese instante, Zeldurin comienza a brillar más; parece estar extasiado de haber recibido un nombre. Su energía es extremadamente poderosa; está expulsando energía como demostración de su éxtasis y su fidelización hacia mí. Se siente su poder extraordinario. Ahora le doy mi primera orden:
— "Zeldurin, quiero que te manifiestes en los sueños del Emperador Reivaj e inspíralo a iniciar una nueva campaña de conquista. Quiero que le reveles dónde se ubican nuevas minas de oro y minerales para que el Emperador ordene nuevas campañas de expansión a territorios abundantes. Que las riquezas de Kalirvalion se manifiesten en mi vida terrenal en una vida más abundante y poderosa".
Zeldurin acata mis órdenes y se va volando hacia el espacio sideral a comenzar su trabajo. Me quedo con una buena sensación. Ahora siento la presencia de Mercurio; no se manifiesta en imagen, pero siento su energía anaranjada acompañándome. Camino tranquilamente hacia el fondo del altar principal para cerrar el círculo de protección y apagar las velas. Hago la reverencia:
— "Por el nombre de los dioses, por el nombre de lo Uno, y por el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
Apago las velas y cierro el espacio. Me quedo con la sensación de que la operación fue un éxito. Retorno a la Tierra.