Fue un gran cumpleaños,
una gran celebración de 36 años bajo el alero de las estrellas profundas,
36 revoluciones hacia el astro mayor,
Reivaj, el héroe de la vida, Aileda-Ralip su mujer hermosa,
Una celebración augusta y llena de felicidad,
una celebración increíble, llena de salud, de vitalidad, de bienestar
de la protección sideral, absoluta del gran Júpiter,
bajo el auspicio del placer dionisíaco,
de aquellos cuerpos que se disfrutaban aquel día,
bajo la música de trance en el espacio de múltiples colores.
Una celebración llena de abundancia,
una celebración llena de sentido,
una celebración que se da bajo la bienaventuranza del Dios supremo,
una celebración que recuerda los viejos cuentos de antaño,
una celebración que dejó una huella en los anales de los registros universales.
Una celebración de la que luego,
los amantes arquetípicos, Reivaj y Aileda-Ralip,
se entregan al delicioso sexo, a la deliciosa lujuria de sus besos y su coito furioso,
un sexo pasional, lleno de fuego instintivo, respiratorio, profundo.
Un profundo sexo anal fue aquel obsequio que le dio su bella amada,
que dejó dilatar su anillo divino y entregárselo a su amado amante, Javier,
un túnel lascivo, de pornográfica esencia, que se entregó con olores de deliciosa hediondez,
ante el falo poderoso de nuestro gran héroe cósmico.
Un sexo que recordó los viejos encuentros entre Venus y un impetuoso Marte,
porque aquellos eran precisamente hijos de aquellos,
gozaban de la misma estirpe espiritual, de la misma esencia figurada.
Los amantes se amaron siempre,
bajo la protección de los espíritus mayores,
Esa noche fue una de tantas, ¡cuántas noches!
Pero el gemido del placer de la hermosa mujer venusina,
se dejó resonar en todos los espacios de la apertura sideral.