Fue entonces que Javier guiado por Mercurio y en presencia del espíritu del dinero, salieron del templo a explorar nuevos lugares.
Mercurio que iba más adelante que nuestro protagonista, parecía querer mostrarle a nuestro protagonista la dinámica de los movimientos de tal espíritu. El dinero iba por delante, era un espíritu airoso y dorado, que dejaba una estela de luz dorada a su paso. Aparecieron en un lugar natural, sin civilización alguna. Se pararon en una planicie, para ver el espacio abierto de los terrenos circundantes. Se veían más planicies, y grupos de pintos repartidos por varias zonas. Un poco más allá se veía el sol cerca del horizonte: parecía ser de tarde. Mercurio le indicaba a Javier que estuviera atento. Al cabo de unos minutos, el tiempo parecía haberse acelerado, pues el sol y la luna circulaban a gran velocidad, y en cuestiones de segundos se anochecía y amanecía y volvía a amanecer. El tiempo estaba pasando muy rápido.
De pronto, Javier comenzó a notar movimientos en alguna de las zonas del lugar. Comenzaron a mostrarse destellos de luz, que Javier no tardó en identificar como fogatas que se iban prendiendo en diferentes zonas. Luego, no solo eran fogatas, sino que comenzaron aparecer asentamientos, que con el paso de los segundos se tornaban más complejos. Javier entonces entendió: Mercurio le estaba mostrando la evolución del ser humano y el desarrollo de sus recursos.
De chozas aparecieron pequeñas cabañas, que luego se fueron perfeccionando hasta convertirse en edificios más complejos y de mayor carga simbólica. Al cabo de los minutos ya comenzaba a visualizarse una ciudad que se desarrollaba y desarrollaba, tomando cada vez más terreno. Algunos árboles fueron talados y ahora la ciudad era aún más grande. De pronto la estética comenzó a cambiar, notándose más medieval, hasta que al cabo de unos segundos la ciudad se modernizó hasta la época en que Javier vivía su vida.
Mercurio lo miró sonriente, estaba queriendo sugerir algo. Antes de que Javier dijera algo, mercurio salió volando hacia abajo y tomó a Javier con fuerza telequinética con él para que le acompañara. Ahora estaban abajo y miraron todo el proceso de nuevo desde un ángulo más cercano. Javier pudo notar que en toda la evolución del desarrollo, el espíritu del dinero hacía sus movimientos gigantes en el transcurso de los días. Se veía como su energía dorada recorría como flujo todos los lugares de la ciudad, personas, objetos, incluso energías que se proyectaban fuera del lugar hacia otros espacios. Javier entendía que Mercurio le estaba mostrando que el Dinero ha sido el motor originario de todos los recursos humanos. El Dinero, de esta forma era un espíritu en intrínseco vínculo con el hombre. No solo era el espíritu de los recursos económicos, sino el movimiento vital fundamental y la capacidad del ser humano de dar materialidad a su abundancia. Pero el dinero, bien como podía observar y Mercurio le sugería, era un espíritu más bien de aire, volátil, siempre en movimiento y cambiante. Es así como Mercurio le reveló que el Dinero es uno de sus hijos: es una fuerza espiritual que porta en sí la esencia propia de Mercurio. El dinero es mercurial, eso mismo era lo que el dios quería revelarle a Javier. En la medida que esta identidad espiritual estuviera clara, para Javier se le abrirían todas las puertas de la abundancia y la vida próspera.
El espíritu del dinero se acercó a Javier, y le proyectó energía directo a su mente, su corazón y su sexo. El espíritu del dinero estaba bendiciendo a Javier con sus bondades. Así, en Javier florecía un profundo entendimiento del misterio de las riquezas, de los enigmas de la abundancia.