Estoy envuelto en una energía azul; estoy entrando al espacio astral. Estoy en un espacio negro. Llamo a Mercurio: acude de inmediato. Ahí lo veo, con su capa y su caduceo; me sonríe. Se abre un campo con colores exóticos; ahora parece más un campo de la antigua Grecia. Él empieza a trazar un círculo de luz arriba de él, apuntando hacia el cielo; yo también empiezo a hacerlo. Del círculo de luz se proyecta un tubo de energía que me envuelve; su tubo también hace lo mismo con él. Al parecer, es una medida de protección. Me dice que siempre que esté en el astral o haga trabajos mágicos, es importante que haga algún acto así.
Ahora aparecemos en un palacio, parecido al del otro día de Júpiter, pero esto no es el Olimpo: es un palacio jupiterino de Kalirvalion. Hay una escalera elegantísima; a la derecha se abre otra cámara muy amplia en la que entra el sol. Vamos hacia allá. Hay unas ventanas muy interesantes, con diseños que parecen algo medievales. El sol entra radiante; parece ser de mañana. Me doy vuelta y veo una estatua gigante de Júpiter: es enorme, parece de unos diez metros, dorada, extraordinaria. Al frente de él hay un gran monte de ofrendas de flores y, alrededor del coloso, monedas de oro y riquezas que brillan con un tono delicioso. Pueden verse los humos de los inciensos y gentes haciéndoles peticiones. Mercurio está a mi lado.
Luego seguimos más allá y hay una salida hacia el exterior. Ahora estamos como en una plaza; no sé si sea Kalirvalion, parece más moderna, parece quizás Santiago. Freno a Mercurio. Le digo que quiero utilizar este momento para hacer magia. Él se ríe; me pregunta qué me gustaría hacer. Yo le digo: "Intencionar abundancia, intencionar mucho dinero y que se llene de pacientes mi consulta". Él me mira y me dice: "Pero si eso lo has estado haciendo, los hechizos están activos". Yo le digo que tengo ganas, de todas formas, de ocupar este espacio para crear formas astrales en relación a las riquezas y la abundancia.
De pronto aparece una escena de mí mismo recibiendo muchos pacientes por día, presencialmente y de forma online. Veo un lunes lleno de pacientes; veo un jueves también con varios pacientes; un viernes presencial lleno de la misma forma. Veo clases magistrales que cada día convocan más y más personas: 15 personas, 20 personas por clase. Veo una cuenta profesional en la que mis seguidores aumentan; veo 10,000 seguidores. Veo un torrente de dinero descendiendo. Veo una energía de abundancia dorada rodeándome y dándome bienestar. Veo una relación con Pilar-Adelia muy hermosa y satisfactoria. Veo un nuevo computador; veo un nuevo auto. Veo 4,000,000 de pesos de ganancias mensuales. Veo mucho sentido de poder; veo mucho sentido de movilidad. Veo todo esto mientras veo también mucho oro por todos lados, mucho dinero dorado; y Mercurio al frente, gozando de lo que ve.
Veo hacia arriba ahora a Júpiter, como una luz que provee la donación de abundancia. Ahora Hermes, con sus poderes, comienza a hacer circular el dinero en un poderoso torrente. Comienza a generarse un remolino alrededor mío; luego una energía estalla en mí, como si fuera un Súper Sayayín. Siento el poder de la abundancia; siento el poder de la seguridad total; siento el poder de una vida plena y libre. Veo a Kalirvalion gloriosa, recibiendo mercancías y oro de diferentes colonias, y el templo central del dinero transmutando la energía a la multiplicación de las riquezas. Del templo veo un rayo de luz ancho que se proyecta hacia el cielo; genera un poco de nubes y un fenómeno climático extraño, pero la ciudad se ve envuelta de una energía dorada desde la que comienza a circular oro por todos lados, como torrente nutricio, lleno de vitalidad. Así veo a Kalirvalion y siento regocijo; siento certeza; siento solidez. Siento que el dinero me acompaña siempre.
Y así me mira Mercurio, sonriente, y me dice: "Está bien que hagas estas cosas, pero ya debes comenzar a confiar en ese torrente de energía que siempre está ahí. Haz hechizos, haz encantamientos, acude a mí, a Júpiter y a quien sea; pero no olvides que la llama de la abundancia está siempre en tu corazón". Yo me inclino ante Mercurio y le doy las gracias. Él, con un rayo de luz, penetra mi frente y me concede un misterio iniciático; se me abre la percepción a un espacio sideral indescriptible, de un multiverso de multiversos unidos por el tejido de la unidad.
Con esta sensación extraordinaria, tomo mi varita mágica astral y en el aire trazo un sigilo de luz que queda flotando; y luego le voy dando energía con mis manos. Sale de mí una energía dorada poderosa que se imprime en el sigilo. El sigilo, ahora dorado y potente, lo envío a la red de códigos universales, de algoritmos astrales regidores de la manifestación de las cosas. Mercurio me mira y asiente con su cara. Ya se hizo de noche. Hay un cielo estrellado extraordinario, muy luminoso; se pueden ver las galaxias desde aquí. Alrededor mío hay campo, muy similar a Grecia o Italia. Mercurio sale volando hacia el cielo y yo quedo contemplando todo, agradecido, respirando profundo y lleno de dicha.