Oh Saturno,
Cronos eterno,
titán de los tiempos primeros,
dador de la inmanencia radical,
de invisibilidad sagrada,
gestor de los segundos y el devenir de lo eternamente distinto.
Porque eres numinosidad pura, Saturno,
el abuelo profundo de las inteligencias sagradas,
el benefactor primero de edades doradas,
la telúrica basal del amplio espectro de la realidad.
Porque le das sustento a todas las cosas,
delineas los contornos de la delimitación,
le das mesura al tempo exacto,
imbuyes de contemplación todo lo que tocas.
Porque eres la quietud insondable, Saturno primordial,
eres la oscuridad del silencio,
la pasividad imperturbable de la invisibilidad una.
Eres la consciencia eterna,
el testigo trascendente de todo lo que existe,
el germen original de todo ver,
de toda experiencia dada en los contornos de lo infinito.
Cuán necesario te haces para la gran obra de Dios,
porque eres Dios en el aspecto meditativo de su esencia.
Eres el sustento, en compacta solidez, de las raíces prístinas de la intemporalidad.
Oh Saturno,
que desde tan sublime podio me escuchas,
ayúdame siempre en mi camino, titán de los tiempos primeros.
Dale poder a mi magia, Saturno,
conviérteme en un sabio teurgo,
en un poeta de la magia primordial.
Dale poder a mi voluntad, Saturno,
para que mi taumaturgia sea extraordinaria, omnipotente;
para que la realidad siempre se mueva a favor de mis mandatos,
para que la vida que quiero adquiera su materia y concreción.
Que tu auspicio esté siempre para mí, abuelo de los dioses;
que la hondura de tu consciencia se vierta en mí y pueda yo acceder a la gnosis originaria de lo Uno primordial.
Dótame de temple y sabiduría, Saturno,
para que siempre pueda conducir mi magia desde el exacto desapego de tu numinosidad.
Dótame de silencio interior,
de profundidad contemplativa;
hazme acceder a la meditación primordial del Ser primero,
de Dios todopoderoso,
de Júpiter-Zeus en la inefabilidad de lo Uno en absoluto.
Dótame de ti, Saturno, y hazme maestro de mi propia magia.
Que tu influencia sea también de protección para mí, hijo de Urano,
y que cuides sagradamente a mi amada Pilar-Adelia en todos sus asuntos.
Que ambos vivamos una vida tan longeva como los eones de tus años, Saturno.
Que la vida se dé buena, que pueda tener tranquilidad,
que el beneficio de tu sacralidad esté siempre conmigo.
Abracadabra.