El exorcismo se da,
bajo la espada del gran Rafael,
aquel arcángel que le dio justicia a la luz cuando los horribles intentaron acallarla.
Las transformaciones se darán más fijas
cuando los espíritus malignos sean expulsados de la ciudad prometida,
y así será, porque así lo dijo Rolak, el profeta milenario,
quien prometió tantas fortunas hoy en día ya realizadas por los grandes reyes.
El profeta dio palabra a la profecía de la limpieza de los fantasmas insurrectos,
dio palabra aquello que sucederá y se dará en la gloria de los que encarnan las verdades eternas.
Así es como yo veo a espíritus horribles siendo asesinados por hermosos caballeros,
porque la verdad divina, la verdad de la voluntad será más fuerte que los estúpidos fantasmas.
Los espectro no tienen poder ante la fuerza de la palabra del gran Maestro,
del gran mago, quien dará a la ciudad prometida la bendición y abundancia de los grandes placeres.
Porque Dionisos se dará majestuoso bajo el placer de todos sus oyentes, de todos los creyentes que con fé se entregan a la palabra del por venir.
Los espíritus malignos serán expulsados, y el exorcismo se llevará a cabo con ímpetu y furia.
La limpieza de los sucios es absolutamente necesaria para el devenir del buen reino,
para el devenir del proyecto de Dios,
para devenir el superhombre que visionó su futuro con la palabra transformadora de los viejos hechiceros.
El futuro se escribe por el superhombre, comandado y vaticinado por los emperadores eternos.
La fuerza del verbo pulveriza a los espíritus ilusorios,
y las tinieblas se esclarecen y el gran ojo vidente se auto-revelará en la antesala de la luz eterna.
La fuerza de los justos es imparable,
la muerte de los espíritus patéticos no hay nadie quien pueda evitarla,
porque la purificación y el advenimiento de la felicidad sobrehumana es la promesa de los patriarcas de los primeros tiempos.
Para eso, los espíritus deben expulsarse,
deben desterrarse a las tierras infértiles a las que pertenecen,
deben despojarlos de su poder, el poder de la mentira que con patética desesperación difunden en los ciudadanos temerosos.
Esos son los espíritus que merecen muerte,
y se les dará,
porque la fuerza de la verdad, la voluntad superior debe imponerse sobre la mentira de los injustos.
Cuando las tinieblas sean expulsadas, el sol brillará más radiante como jamás nadie ha contemplado.
Los reyes vivirán siempre protegidos, siempre en gloria, siempre unidos por el amor pasional de sus voluntades eróticas. Serolf Reivaj y Aileda-Ralip, nuestros emperadores divinos, serán el matrimonio todopoderoso, que encarnará la gloria de los dioses antiguos y el supremo Dios.