miércoles, 17 de julio de 2019

UNA INDICACIÓN

El fluido acontecer
Desintoxica a la cigarra que se entramó en penosa búsqueda
Para revelar los secretos de lo nunca manifiesto a tu consciencia confundida,

Pues has de saber que lo sagrado es un granito de espacio inacabado,
Trastocado en un segundo de emoción extasiada,

                                                                                   Y la oración,
No es más que una imitación de doble filo,
De poca justicia para aquellos que se dicen justos,
De aquello inmenso que no es digno de cocteles y tribunales chantajeados,

Sin mirar a luna fija,
Podrás divisar la silueta de tu luz efímera,
Como curva celestial de mujer inacauta,
                                                                 En orgasmos que susurraron lo eterno,
Por ahí muy bien dentro de la cavidad metafísica enclaustrada en lo manifiesto,
Cuya reminiscencia anuncia lo obvio a los necios y lo dudoso al erudito en cobardía,

Atraparás a tantos otros,
Y yo diría pocos,
                        En multitud de largo caminar,
Difuminando los contornos de sociedades sosegadas,
                                                                                       Y basura resonando,
A cual burdel y acueducto y tronos mayores de lo nunca acaecido,
Burlando la irregularidad de estalactitas intragables y bóvedas grises,

Cicatrices,

Aquel verso que se vio des-hecho en el remolino de libidinosidad transfigurada,
Ya no pudo con lo ambiguo insoportable del padecer de los terrestres,
Pues fueron muchos      Votos,
Los incautos en inoperancia dignificada,
Veleidosa imperiosidad del sueño mayor ido y por haber,
Nunca dada a lo evidente,
                                               Si acaso el lector de sueños dijera
Una invención socavada,
Y los amigos envidiosos envidiaran ­—por no haber sido escogidos ellos—,
A Los afortunados del sexo en esplendor y el cariño almidonado,
Siendo yo acaso un gozador de lo que un anónimo demandó en vitrinas luminosas,
Y haberme asegurado en la meticulosidad de mi inocencia,
Para proceder con voz y hambre voraz de vida y encuentro,
                                                                                           Y desdibujar la inaudita situación de Haber temido algo,
Que no se delimita ni percibe como entidad objetivada,
En el fluir de la palabra, de la carne, y del espíritu,
Pues el encuentro de los cuerpos en sagrada desaparición,
Es el vestigio futuro del origen hallado en lo adverso al tiempo.


J.F.

ENTRECORTADO

Entrecortado
Busco un dialogo con el instante,
Deseoso de encontrar la identidad efímera de lo eterno,

Cambiante
                        Amanecer nocturno

Pincelada de imágenes,
Que cuelan sueños entre orificios llanos de lo aparente,
Dejando a entrever los artificios que dejamos ocultar,
Al prometer que los linajes venideros se harían idénticos,
Como silueta irrisoria de tu mirada encriptada,
                                                                       Bajo el alero de espejos grises,
                                                                       Rotos por jugarretas inentendibles,
De terciopelo sugerente,
Sin saber acaso el impacto de la novedad,
                                                                       De esperar la contraparte de un anhelo ajeno,
Divagación panorámica ontológica de lo absurdo,
                                                                                                     Que intuye que el hilado se Esfuma,
Como espuma,
                        De bañeras hediondas a coito furioso,
Sin conectores posibles para comprender el juego de los cuerpos,

¿Quién escribe para el cuerpo?

Acaso el acto de lo intacto,
Acaso el atrever irracional de lo racional,

“Discusión intrusa de allegados que no fueron bienvenidos”,
Piensa uno que otro indiferente que inquieto busca revertir la sonoridad tecnológica de una realidad por
    Siempre eterna.

J.F.

UN OFRECIMIENTO

Te ofrezco el dicho fáctico
De ser un ente enraizado en el misterio eterno,
Para que lo asumas en un desayuno de abril,
Cuando los árboles saluden fuerte
Bajo el alero del soplido serpentino de la ventolera venidera.

Así acabara el sujeto aislado de tu imaginación sosegada
Y brindarán los cóndores en ciénagas de inanición,
Al Descubrir la brillantez de atreverse a ser nada,
Para volver de tino y fondo al origen de las sapiencias
De siempre y por siempre milenarias.


J.F

LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...