El fluido acontecer
Desintoxica a la cigarra que se entramó en penosa
búsqueda
Para revelar los secretos de lo nunca manifiesto a tu
consciencia confundida,
Pues has de saber que lo sagrado es un granito de espacio
inacabado,
Trastocado en un segundo de emoción extasiada,
Y
la oración,
No es más que una imitación de doble filo,
De poca justicia para aquellos que se dicen justos,
De aquello inmenso que no es digno de cocteles y
tribunales chantajeados,
Sin mirar a luna fija,
Podrás divisar la silueta de tu luz efímera,
Como curva celestial de mujer inacauta,
En orgasmos que susurraron lo eterno,
Por ahí muy bien dentro de la cavidad metafísica
enclaustrada en lo manifiesto,
Cuya reminiscencia anuncia lo obvio a los necios y lo
dudoso al erudito en cobardía,
Atraparás a tantos otros,
Y yo diría pocos,
En
multitud de largo caminar,
Difuminando los contornos de sociedades sosegadas,
Y basura resonando,
A cual burdel y acueducto y tronos mayores de lo nunca
acaecido,
Burlando la irregularidad de estalactitas intragables y
bóvedas grises,
Cicatrices,
Aquel verso que se vio des-hecho en el remolino de
libidinosidad transfigurada,
Ya no pudo con lo ambiguo insoportable del padecer de los
terrestres,
Pues fueron muchos Votos,
Los incautos en inoperancia dignificada,
Veleidosa imperiosidad del sueño mayor ido y por haber,
Nunca dada a lo evidente,
Si
acaso el lector de sueños dijera
Una invención socavada,
Y los amigos envidiosos envidiaran —por no haber sido
escogidos ellos—,
A Los afortunados del sexo en esplendor y el cariño
almidonado,
Siendo yo acaso un gozador de lo que un anónimo demandó
en vitrinas luminosas,
Y haberme asegurado en la meticulosidad de mi inocencia,
Para proceder con voz y hambre voraz de vida y encuentro,
Y desdibujar la inaudita situación de
Haber temido algo,
Que no se delimita ni percibe como entidad objetivada,
En el fluir de la palabra, de la carne, y del espíritu,
Pues el encuentro de los cuerpos en sagrada desaparición,
Es el vestigio futuro del origen hallado en lo adverso al
tiempo.