Luego de que la sacra emperatriz Aileda-Ralip manifestara sus sentires, el emperador Reivaj ordenó a sus súbditos y a su propia familia nuclear que le dieran más espacio a la intimidad de los emperadores. La emperatriz necesitaba tiempo a solas con su marido, tiempos extendidos donde pudieran disfrutar de viajes, comidas exquisitas, y panoramas dentro del vasto territorio del magno imperio. Fue así que cultivaron su intimidad y protegieron espacios para ellos donde pudieran disfrutarse en pasión, lujuria y amorosidad.
Las familias de ambos lo comprendieron de una buena manera, más que mal, ellos eran los excelsos emperadores y su voluntad se respetaba. Reivaj y Aileda-Ralip pudieron colocar límites amables ante sus familias, para gozarse más en independencia, y escoger los momentos en que pasarían con las familias extendidas.
La voluntad de los emperadores se respetó, y su intimidad trajo hermosos momentos de amor y compenetración matrimonial. Nuestros emperadores bien guiados estaban por la gloria de los dioses, por lo que su devenir siempre estuvo marcado de mucha abundancia, plenitud y buena vida.