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domingo, 3 de mayo de 2026

LA EXPANSIÓN DE LAS POSIBILIDADES MERCURIALES



Mercurius Lucrum,

señor dador de todas las riquezas,

intrépido trotamundos que ensalzas la realidad con las buena hazaña de las bipolaridad.


Mercurius,

tú quien da circulación a las riquezas kalirvalianas,

tú quien entabla el sueño mayor con las direcciones opuestas a los grandes santos indescriptibles.


Mercurius, tú quien nadie le comprende,

tú cuya gnósis sobrepasa las latitudes del pensamiento especulativo,

sé tú la fuerza inteligente que puje la dirección de todas las ganancias expansivas.


Porque en tu manto de movimiento Júpiter susurra,

porque en las tablas descritas en los viejos cuentos derribaste la posibilidad de una dirección blasfema.


Porque le diste valor a los doblones circulares de las viejas fiestas de geometrías celestes,

de la celebración inacabada de los dioses que, en un anteayer, dijeron basta a las displicencias indiscretas.


Porque fuiste tú quien dio cabida a la expansión del sagrado dorado

y la naranja incalculada,

la discusión de los maestros y las recapitulaciones de insectos afectuosos.


Porque la poesía respira bajo tu flujo, Mercurius,

la vida se torna abundante en el instante que tocas de un centímetro adverso hacia las tibias nociones adversas.


La vida se da justa cuando las recapitulaciones vagas hacen lo suyo bajo la luz de la luna,

cuando la hermenéutica se queda corta bajo la mirada del dios mayor,

cuando las gustosas degustaciones de los monarcas inefables bajan hacia la realidad mayor para descuartizar la noción racional de las lógicas abyectas.


De ninguna manera se abandona lo que se sabe que fue sagrado;

de ninguna afectuosa numinosidad se deja que la razón entre en juego discreto,

pues lo sagrado es indescifrable bajo las cifras de códigos futuros.


La sacralidad de las formas se deja entablar cuando la rareza de las yuxtaposiciones alberga en el sí para sí una hoja indiferente y omnipresente, bajo circuncisiones dignas de ser contadas.


El oro es brillante, el oro es mayor,

el oro se expande por todas las latitudes de Kalirvalion;

esa es la ley, esa es la grandiosidad de las palabras del gran Júpiter.


Porque de Júpiter fue Zeus,

aquel trueno ensordecedor que dejó ciegos a los imprudentes de insurrectas mariposas saladas.


¿Seré yo un transeúnte de las palabras y los planetas lejanos, de las opacidades y fulguraciones estrictas? ¿Seré acaso un polvo sideral si alguna vez yo viera un solo asunto descriptivo por la repetición de la estupidez de las cosas que nunca llegan a ser dichas?


Porque las cosas deben ser dichas

y deben transfigurar la posibilidad de lo que supone que encadena en el justo significado;

porque el misterio debe hablar en la resonancia de las palabras de escrutinios y farsantes.

La recapitulación de las cuentas altas y antiguas de las ciudades vagas fueron a parar a los aposentos fenicios de la Kalirvalion de días posteriores a la gran luz.


Pues la totalidad se hace una bajo los contornos de un imperio tan impresionantemente poderoso; se hace descifrar bajo miradas astutas y entrometedoras, bajo un mar y mil entusiastas homofóbicos que degustaron la posibilidad de dar reino justo a las cosas que realmente valían la pena.


Porque la voluntad de poder tiene derecho a abrirse paso ante los débiles, tiene el derecho de reclamar la monarquía sideral ante las silenciosas indiferencias de las alucinaciones de dos robustos árboles que, bajo el sol del gran este, dieron fruto a lo más sagrado que el ser humano pudo realizar en su tentativa de ser total en la dirección de la no dirección y las calles laberínticas del gran circo.


Pues la magia se hace dejando que lo absolutamente ajeno tome lugar, lo absolutamente heterogéneo, lo Otro en gran discreción, de la disponibilidad de las operaciones entabladas hacia la fugacidad de la palabra.


Porque la palabra manifestará gloria, porque la palabra manifiesta gran poder. Porque la palabra trae gran dinero, hermoso dinero, honorable dinero, grandes materiales y lujos bien merecidos.


Porque la palabra en su pujanza entabla la salud eterna de la inmortalidad de los dioses anteriores al cosmos, porque así el verbo logra dar a luz a la realidad que la voluntad interior puja desde latitudes difíciles de organizar bajo fianza y astucias dificultosas.


Mercurius, tú serás siempre el guía que traerá la fuerza del dinero a Kalirvalion;

siempre serás tú el protector del gran mercado y darás a todos los hijos de la luz la mayor de las suertes y un porvenir digno de dioses.

 

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