SOBRE VOLVER AL SER Y LA REACTUALIZACIÓN DE LO MÍSTICO
Hoy, solemos actuar como si
el ser fuese una cosa. Este es el gran legado del pensamiento teológico y de la
empresa científica de los últimos siglos. Parece sarcástico que dos tradiciones que
en su origen se constituyeron como irreconciliables adversarios, hoy "cosifiquen"
al ser humano de maneras tan similares. Por un lado, el catolicismo, con su
autoridad teológica, le designa al ser humano un sustrato espiritual que, en su "pecado original", debe rendirle cuentas a un creador hipotético, parecido más a
un padre castigador que a una sabiduría divina. Por su parte, la ciencia, le ha
dado autoridad máxima al mundo de los entes, rindiéndoles un estatus de
objetividad tan religioso como su contraparte teológica. Ambas concepciones,
bajo mi opinión, solo han contribuido al famoso "olvido del ser" que
Heidegger advirtió en la historia de la filosofía.
Me parece fundamental que como humanidad tomemos consciencia de este "olvido". La caída de la autoridad teológica y el cuestionamiento a la ciencia, ha llevado a algunos por los caminos de un nihilismo sin salida. Si bien, me parece absolutamente necesario la abolición de la autoridad religiosa y científica, no me parece que el nihilismo sea la salida que ofrezca mayor sabiduría para nuestro destino humano. Por mucho que los viejos paradigmas se desplomen como verdaderos castillos de cartas de papel, la pregunta por el ser y el "anhelo místico" siguen siendo tópicos que logran traspasar las barreras de las coyunturas humanas.
Me parece fundamental que como humanidad tomemos consciencia de este "olvido". La caída de la autoridad teológica y el cuestionamiento a la ciencia, ha llevado a algunos por los caminos de un nihilismo sin salida. Si bien, me parece absolutamente necesario la abolición de la autoridad religiosa y científica, no me parece que el nihilismo sea la salida que ofrezca mayor sabiduría para nuestro destino humano. Por mucho que los viejos paradigmas se desplomen como verdaderos castillos de cartas de papel, la pregunta por el ser y el "anhelo místico" siguen siendo tópicos que logran traspasar las barreras de las coyunturas humanas.
Hemos estado tan contaminados de la hipocresía
católica, que toda pregunta por el ser y la naturaleza de la realidad nos
parecen el producto de una "inmadurez religiosa". Sin embargo, me parece un error identificar el
"anhelo místico" con las vulgaridades de la religión católica del
último tiempo, y tal identificación suponen el triunfo de la alienación
autoritaria de las viejas religiones de occidente. El ser y su pregunta se
mantienen tan incandescentes como en los comienzos de los primeros homínidos, y
su luminosidad merece ser atendida.
Pienso que existe una forma de religión
totalmente distinta a lo que hoy en día hemos conocido. Tal religión no está
basada en un dogma, en una creencia o bajo la tutela de una institución
establecida. Tal religión, se aproxima más a una fenomenología de la
experiencia misma del ser, o a una relación "mística" con las cosas
en cuanto tales. Recordemos que religión viene de la expresión latina de religare,
que significa "volver a unir", y es tal expresión la que considero
que vale la pena recoger. Este significado originario, no refiere en ningún
momento a la palabra "creencia", sino que designa una acción, una
actitud volcada a un "volver a ser uno", o más correctamente:
"volver al ser". Es justamente este designio el que puede dar luces a lo que intento expresar: religión significaría más estrictamente un
"volver al ser" o un "re-cuerdo del ser".
El volver al ser no es más que "ser en el
mundo", como el filósofo alemán ya citado lo designaba. Para esto,
evidentemente no se requiere de la necesidad de una autoridad, de ningún dogma
aplicado a la acción del ser. Más bien lo contrario, el ser (cuya naturaleza por definición es indefinible) solo puede "aparecer" y evidenciarse cuando éste no busca definirse a sí mismo, ni se aferra
a sus definiciones metafísicas sobre la realidad. De esta manera, lo místico del ser estriba en dejar el espacio abierto de la realidad, aceptar lo
perecedero de lo mundano, y ser en última instancia, "uno con el
mundo". En realidad, esto es lo que siempre hablaron los grandes místicos
que ha tenido la humanidad, desde un Buda, Rumi, San Francisco de Asís, o
Krishnamurti.
Quizás, a esta nueva religión, no hace falta ni
siquiera llamarle con el termino de "religión". La tarea de re-ligar a la realidad es una acción que solamente el ser, en la intimidad de su existir, puede llevar acabo. Esto no implica un aislamiento de la persona frente al
mundo, más bien todo lo contrario: es implicarse en el mundo tal y como es, es
saber que la naturaleza de la realidad no está condicionada a ningún sustrato
metafísico que la limite, por lo tanto, esta puede ser transformada. Esto
último es de vital importancia pues la crisis del mundo actual, requiere que
las barreras humanas (ideológicas, diplomáticas y religiosas) sean abolidas por
colectividades e individuos capaces de volver a revitalizar la cuestión del
ser. Desde ahí, quizás, el ser humano logre hacerse dueño de su abierto
destino.

H.S.

H.S.