¡Oh, Mercurius!
Mercurius Lucrum,
dios de las grandes riquezas,
dios dorado, dios del buen poder,
dios de los mercaderes y los grandes empresarios:
ven aquí y dame de tu numen, dios de los doblones infinitos.
Sé tú quien me guíe hacia la riqueza, dios de todos los dioses,
aquel que encamina en la comunicación de lo trascendente,
aquel que transita en la liminal frontera hacia lo oculto,
aquel que custodia los secretos cósmicos
y que enseña el profundo arte de la magia.
Sé mi compañía, dios extraordinario,
porque sé que me lees y me escuchas,
porque sé que estas palabras llegan directo a tu corazón profundo.
Dame de tu estética, dame de tu riqueza,
dame de tu presencia; que mi realidad se vuelva espesa de ti, Mercurius infinito,
que pueda sentir en cada poro tu compañía luminiscente
y que pueda entablar un diálogo gnóstico con las grandes esferas de la realidad.
Que mi palabra porte mi voluntad, divino dios,
y mi consciencia se expanda hacia los lugares más profundos de la realidad;
que todo se transfigure según la voluntad que puja desde adentro,
que puja con fuerza e introspección,
con furiosidad ontológica,
con divina ruidosidad.
Que la divinidad en mí se manifieste en mi palabra,
que el demiurgo que soy cree la realidad que desea a imagen y semejanza de su visión.
Que mi magia sea poderosa, dios extraordinario,
que las figuraciones de la luz primordial me hagan comprender la infinitud de la vida absoluta en su trasfondo inconmensurable.
Que el no-tiempo me favorezca en mis intenciones,
que la realidad que quiero se manifieste
en automática velocidad,
en fiel seguidilla de voluntad y dicha,
en sagrada luminosidad y acontecer,
en gnosis y profundidad.
Que estas palabras resuenen profundo, Mercurius Lucrum, y se haga la magia,
se haga el encantamiento mayor,
que el Santo Ángel nazca para sí mismo y halle la omnipotencia que le pertenece.
Porque soy divino, dios de los dioses,
porque soy prístino y tú me encaminas a mi propio empoderamiento superior.
Conviérteme en noble,
a mí y a Pilar-Adelia; que seamos ricos, que el dinero nos llegue dichoso,
lleno de placer, lleno de amor, lleno de sentido,
que nuestra vida se proyecte hacia el goce y la plenitud.
Que tu dinero me acompañe a todos lados,
que su flujo me favorezca y permita mi movimiento libre en el mundo,
que las materias que deseo pueda yo atraerlas por medio de mi palabra y mandato.
Sé tú quien me ayude, Mercurius,
dame tu milagrosidad,
dame de tu ayuda
y que mi consciencia se encamine a la multiplicación de las riquezas eternas.
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