martes, 27 de noviembre de 2018

EL NIÑO Y LA DIOSA


De una conjetura mayor,
Fue que abrí las puertas inconclusas de mi solida y gris ausencia,
Y ya no me importó ser desde entonces carnada de pirañas,
                                                                                        Pues sabía
Que tú preparaste un ensueño para nosotros,
                                                                       Ese día,
Donde acordamos olvidarnos que fuimos dioses,
Para navegar el misterio del cosmos,
Sin pensar la irrelevancia de los actos pensantes,
Pues no había nada con lo cual sonrojar a la estampa irreverente,

                                                                       Y los espíritus danzaban, 
Lo recuerdo muy bien,
A cual anatomía cuneiforme,
Al rededor de tantos círculos dirigidos por orquestas de tecnólogos anónimos,
En aquel fundamento que cobijó nuestro viaje estelar,
De motor salvaje e infinito rugir,
Hacia ondulaciones de realidad que nunca quisimos ver entonces,
De claridad inaudita, hallada estrepitosa en los espacios que gritaban por contenido palpable,
Contenido que nosotros fuimos, y alguien más,
En la vida y lo inaudito,
Sin pudor posible de civilización y parajes degradados en luz y forma.

De baraja y paradoja están hechas las estrellas,
Al igual que tu cintura escurridiza ante mis manos deseosas de manjar,
Muchacha hecha de cosmos,
Muchacha hecha de estrellas,
                                                   Porque no hubo nunca bóveda capaz
De asemejar tu cuerpo enardecido,
Reveladora de misterios,
Abridora de mundos y parajes imposibles,
Incitadora de orgasmos y horizontes inconclusos,
De estalactitas y tejidos de una verdad sin acabar.


J.F.

LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...