Mostrando entradas con la etiqueta exploracion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta exploracion. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de abril de 2026

UN SIGILO Y LA EXPLORACIÓN DE DRALVIN


Voy entrando, profundizando en mi pecho. Me transporto a hoy en la tarde, a la clase magistral que realizaré. Me veo cómodo, inspirado y elocuente. Veo seis asistentes en mi clase. Observo todo esto y comienzo a concentrar energía en mis manos, apuntando mis palmas hacia arriba como cuando rezo a los dioses.


Hago un llamado a Mercurio. De arriba de mí se abre un portal y desciende su figura; está él personificado. Me mira. Ahora expresa luz, brilla anaranjadamente. Ahora le hago un llamado a Apolo. Veo una luz dorada poderosa desde lejos, como un gran sol que se acerca. Mercurio permanece frente a mí, observando. Cuando el sol está más cerca, del destello de luz se distingue una figura que se posa frente a mí; no la puedo ver del todo porque la luz me encandila. Parece ser Apolo, o al parecer, un receptáculo astral de aquel.


Ahora los tengo a los dos enfrente y atrás veo estrellas; estamos flotando en el universo. Les digo a ambos:


"Dioses, aquí les he convocado pues necesito que me asistan con una petición: ayúdenme a que la clase magistral que realizaré un poco más tarde salga excelente. Que a mis asistentes les encante la clase, que se muestren entuasmados y realicen preguntas. Que yo me muestre inspirado, inteligente y muy claro en mi exposición. Quiero que esta clase haga crecer mi prestigio y me haga ganar gente fiel a mi trabajo".


Los dioses, estando al frente mío, me miran. Hay silencio. Yo me escucho, me interiorizo. De los dos dioses que brillan ante mí se proyectan dos haces de luz hacia arriba que se entrecruzan y forman figuras geométricas interesantes, que luego parecieran estar creando una red. La red se expande hacia el universo, hacia lugares inciertos. Se ve la red expandida y, arriba de ella, se forma una gran bola de energía. Mercurio me dice que en esa energía debo proyectar el sigilo que representa este encantamiento.


Le hago caso. Saco mi varita y en el aire primero hago un círculo luminoso; luego, un símbolo con estética algo oriental. El sigilo queda brillando en el aire. Yo ahora con mis manos lo envuelvo y comienzo a darle energía. Me concentro. De mí comienza a salir energía que va posándose sobre el sigilo de luz; comienza a brillar como una esfera. La red, más allá, empieza a mostrar destellos, como pulsos eléctricos. Parece que se está generando resonancia y comunicación.


La bola de energía sigue arriba y ahora mi sigilo es una esfera también. Mercurio me indica que ya es hora de lanzarlo a la gran esfera. Le hago caso: con mis manos lo proyecto y lo lanzo suavemente a la esfera anaranjada/dorada de arriba. Cuando logra ingresar, estalla una gran luz y una onda expansiva se esparce por todo el cosmos. La red parece recibir una gran carga de energía, se expande y estalla. Hay una leve implosión donde todo parece concentrarse en el centro de la bola de energía; luego estalla de nuevo y la red desaparece.


Me quedo con las dos presencias. Mercurio se acerca y me dice que, al parecer, la operación tuvo éxito. Me dirijo a Apolo; le agradezco su presencia y su amable asistencia a mi petición. Le envío de mi luz como una forma de ofrendarle. Apolo se eleva brillando y de pronto, a la velocidad de la luz, se va.


Me quedo con Hermes. Le comunico que quiero seguir aquí en el astral. Mercurio asiente y me pregunta qué quiero hacer. Le digo que lo primero que se me ocurre es recorrer Kalirvalion. Él asiente. Nos teletransportamos ahora a un camino. Hay campo alrededor, pasto verdoso. Mercurio parece estar sentado en una roca. Más allá hay un entrecruce de caminos y, no mucho más allá, las murallas de una ciudad. No es Kalir, es otra ciudad kalirvaliana. Mercurio me dice que es Dralvin, ciudad costera del oeste medio de las grandes costas de Kalirvalion.


Comenzamos a caminar acercándonos a las murallas. Estamos en la puerta del muro. Mercurio, con confianza, se acerca a los guardias y les dice que vengo yo con él. Los guardias asienten. Pasamos adentro de la ciudad. Estamos en un sector popular, hay movimiento. Veo herrerías cerca; es lógico, pues estando en la frontera, es zona de soldados. Veo gente caminando. Mercurio me llama la atención y dice que caminemos.


Recorremos la calle principal, pasando por puestos de frutos y cereales. Hay gente moviendo bolsas, niños por ahí. Seguimos caminando. Una señora está en un local con sus hijos, al lado de un horno central. Le preguntamos qué es lo que ofrece; me dice que limpia ropajes con agua caliente del caldero. Seguimos de largo.


Empezamos ahora a elevarnos. A lo lejos vemos los hermosos edificios y templos del centro, y más allá, el mar. Veo uno en particular: un templo que se ve más alto que otros en un monte. Le digo a Mercurio que vayamos allá. Nos teletransportamos. Ahora estamos en su entrada. Una mujer va entrando al umbral con unas flores. Vemos adentro y encontramos una gran estatua de Afrodita. Claramente es su templo. Aquella mujer era una hetera. Hay gente rezándole a la gran estatua; el panorama es muy claro. En las paredes hay pinturas que no logro distinguir del todo.


Salgo un poco hacia afuera. Veo hacia los lados los mini pasillos que se forman. Ahora cambia el aspecto; en realidad, yo estoy cambiando el aspecto del templo. Ahora veo columnas. Estoy más abajo de las escaleras; veo las columnas en la base de arriba y, adentro, la puerta de la que acabamos de salir. A los lados veo jardines; al medio, una fuente cuadrangular.


Mercurio está frente a mí. Me ve como pensando cosas. Le digo que pienso en la arquitectura de este espacio astral; estoy pensando en funcionalidades y elementos que puedan ayudarme en la magia, pero en este momento no se me ocurren. Mercurio me dice que disfrute de la belleza del espacio que he construido hasta ahora. Me dice que Kalirvalion es un hogar, que puedo ir allá siempre que quiera. En Kalirvalion poseo un reino en el que puedo realizar todo lo que se me ocurra y confeccionar todas las operaciones mágicas que desee.


Me quedo sintiendo lo que me dice y mirando alrededor. Creo que por ahora está bien. Le agradezco a Mercurio. Le digo que lo veo calmado hoy día, más serio de lo común. Se ríe un poco. Me dice en broma que él no solamente se limita a ser un payaso. Lo dice irónicamente, pues da la impresión de que ahora sí se está haciendo el payaso. De pronto se va.


Me quedo a las afueras de este templo. Hago mi reverencia:


"En el nombre de los dioses, en el nombre de lo Uno, y en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén".


Vuelvo a incorporarme aquí en la Tierra.


LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...