Mente,
vacío transparente,
infinito sin límites divisibles,
el espacio búdico se abre sin opción de ser comprendido por la contemplación del pensamiento.
La meditación se vuelve cristalina
y toca el corazón del diamante incandescente,
esa luz inaudita, imperecedera, que precedió a todos los eones del cosmos.
La luz lo inunda todo,
la luz da una enorme claridad,
la luz disuelve los fantasmas, las viejas dificultades menores de antaño.
La luz se proyecta hacia lo infinito
y se perfila ante el mago como puro poder,
pura voluntad,
el corazón mismo de toda la manifestación y los fenómenos del mundo.
La luz está aquí presente,
y no es necesario practicarla de forma alguna.
La luz, la verdad, la pureza de la invisibilidad está ya dada en su verdad fundamental.
En la luz, en la transparencia de la gran mente, la respiración se ensancha y hay un gran júbilo, un gran alivio, un descanso que logra realizar la comprensión de que la protección siempre está allí presente.
El poder mágico yace disponible en todo momento,
y efectúa su poder en todo momento, en cada acontecimiento del presente imperecedero.
La luz incandescente,
porta sobre sí todas las posibilidades de los acontecimientos,
de lo posible e imposible,
trasciende las posibilidades, trasciende el concepto de verdad,
es el todo y la nada encapsulado en su propia esencia.
El corazón de la realidad
se hace aquí presente, en el instante en el que el viviente reconoce que su respiración precede toda noción de realidad del mundo.
Porque el mundo es creado a la propia voluntad,
el mundo está bajo las órdenes de la luz,
y Yo Soy la luz, la esencia de la ipseidad eterna.
El mundo cambia bajo las órdenes de la luz,
y es en esta comprensión donde el mago toma su poder
para asumirse como el arquitecto primordial del cosmos.
Porque Yo Soy Dios,
Yo Soy el ser primordial,
Yo Soy aquel que tiene el poder absoluto de toda la manifestación.
Yo soy quien, bajo mi deseo, transformo la realidad a mi favor y a mi parecer,
porque puedo efectuar cambios inauditos con tal de hacer cumplir con mi voluntad.
La mente es infinita,
atemporal, de una transparencia exquisita y ecuánime,
La mente, que Yo Soy, tiene el poder absoluto sobre toda la manifestación.
De ahí que los triunfos y las glorias vayan a ser la regla de los futuros venideros.