sábado, 12 de agosto de 2017


SOBRE VOLVER AL SER Y LA REACTUALIZACIÓN DE LO MÍSTICO




Hoy, solemos actuar como si el ser fuese una cosa. Este es el gran legado del pensamiento teológico y de la empresa científica de los últimos siglos. Parece sarcástico que dos tradiciones que en su origen se constituyeron como irreconciliables adversarios, hoy "cosifiquen" al ser humano de maneras tan similares. Por un lado, el catolicismo, con su autoridad teológica, le designa al ser humano un sustrato espiritual que, en su "pecado original", debe rendirle cuentas a un creador hipotético, parecido más a un padre castigador que a una sabiduría divina. Por su parte, la ciencia, le ha dado autoridad máxima al mundo de los entes, rindiéndoles un estatus de objetividad tan religioso como su contraparte teológica. Ambas concepciones, bajo mi opinión, solo han contribuido al famoso "olvido del ser" que Heidegger advirtió en la historia de la filosofía. 

Me parece fundamental que como humanidad tomemos consciencia de este "olvido". La caída de la autoridad teológica y el cuestionamiento a la ciencia, ha llevado a algunos por los caminos de un nihilismo sin salida. Si bien, me parece absolutamente necesario la abolición de la autoridad religiosa y científica, no me parece que el nihilismo sea la salida que ofrezca mayor sabiduría para nuestro destino humano. Por mucho que los viejos paradigmas se desplomen como verdaderos castillos de cartas de papel, la pregunta por el ser y el "anhelo místico" siguen siendo tópicos que logran traspasar las barreras de las coyunturas humanas.

Hemos estado tan contaminados de la hipocresía católica, que toda pregunta por el ser y la naturaleza de la realidad nos parecen el producto de una "inmadurez religiosa". Sin embargo, me parece un error identificar el "anhelo místico" con las vulgaridades de la religión católica del último tiempo, y tal identificación suponen el triunfo de la alienación autoritaria de las viejas religiones de occidente. El ser y su pregunta se mantienen tan incandescentes como en los comienzos de los primeros homínidos, y su luminosidad merece ser atendida.

Pienso que existe una forma de religión totalmente distinta a lo que hoy en día hemos conocido. Tal religión no está basada en un dogma, en una creencia o bajo la tutela de una institución establecida. Tal religión, se aproxima más a una fenomenología de la experiencia misma del ser, o a una relación "mística" con las cosas en cuanto tales. Recordemos que religión viene de la expresión latina de religare, que significa "volver a unir", y es tal expresión la que considero que vale la pena recoger. Este significado originario, no refiere en ningún momento a la palabra "creencia", sino que designa una acción, una actitud volcada a un "volver a ser uno", o más correctamente: "volver al ser". Es justamente este designio el que puede dar luces a lo que intento expresar: religión significaría más estrictamente un "volver al ser" o un "re-cuerdo del ser". 

El volver al ser no es más que "ser en el mundo", como el filósofo alemán ya citado lo designaba. Para esto, evidentemente no se requiere de la necesidad de una autoridad, de ningún dogma aplicado a la acción del ser. Más bien lo contrario, el ser (cuya naturaleza por definición es indefinible) solo puede "aparecer" y evidenciarse cuando éste no busca definirse a sí mismo, ni se aferra a sus definiciones metafísicas sobre la realidad. De esta manera, lo místico del ser estriba en dejar el espacio abierto de la realidad, aceptar lo perecedero de lo mundano, y ser en última instancia, "uno con el mundo". En realidad, esto es lo que siempre hablaron los grandes místicos que ha tenido la humanidad, desde un Buda, Rumi, San Francisco de Asís, o Krishnamurti. 

Quizás, a esta nueva religión, no hace falta ni siquiera llamarle con el termino de "religión". La tarea de re-ligar a la realidad es una acción que solamente el ser, en la intimidad de su existir, puede llevar acabo. Esto no implica un aislamiento de la persona frente al mundo, más bien todo lo contrario: es implicarse en el mundo tal y como es, es saber que la naturaleza de la realidad no está condicionada a ningún sustrato metafísico que la limite, por lo tanto, esta puede ser transformada. Esto último es de vital importancia pues la crisis del mundo actual, requiere que las barreras humanas (ideológicas, diplomáticas y religiosas) sean abolidas por colectividades e individuos capaces de volver a revitalizar la cuestión del ser. Desde ahí, quizás, el ser humano logre hacerse dueño de su abierto destino.



H.S.










domingo, 6 de agosto de 2017

El Loco, el Héroe y el Dragón: LA BELLEZA COMO SENDERO EXISTENCIALEstar en el...

El Loco, el Héroe y el Dragón: LA BELLEZA COMO SENDERO EXISTENCIAL



Estar en el...
: LA BELLEZA COMO SENDERO EXISTENCIAL Estar en el mundo, es habitarlo. En realidad no es posible otra formula que ésta. La cuestión de...

LA BELLEZA COMO SENDERO EXISTENCIAL



Estar en el mundo, es habitarlo. En realidad, no es posible otra fórmula que ésta.
La cuestión del ser, de la vida, de la realidad son tópicos que desde el origen de los tiempos han movido la motivación de los seres para la elaboración de respuestas a la altura de tales preguntas. Si bien no es mi intención hacer una revisión de las formas en que el ser humano ha abordado estas problemáticas a lo largo de su historia, me parece pertinente hacernos recordar, la presencia de preguntas inmemoriales que hasta el día de hoy actualizan su vigencia.

El habitar el mundo, es una cuestión cotidiana, democrática. Democrática en el sentido que, si bien la cultura ha puesto parámetros y diferencias (sociales, ideológicas) que condicionan y diferencian tal habitar entre las personas, todas ellas en realidad están en una situación igualitaria: la situación de vivir. Esta situación de vivir, además de igualitaria, es ineludible, en el sentido que la experiencia del vivir en estricto rigor no puede ser postergada; incluso los suicidas no pueden escaparse de ella, ya que, aunque decidan poner un "fin" a sus vidas adelantándose a las "causas naturales", la experiencia del vivir es ya un suceso presente, en cual, desde ese mismo vivir, se decide una dirección hacia el destino de su "ocaso"; por lo tanto tal decisión se enmarcaría dentro del fenómeno mismo de la existencia, y de esta manera, tampoco ajena a ésta.

Pienso que un "correcto" habitar el mundo, supone necesariamente una dirección hacia la pregunta por el ser, la existencia, la realidad y el universo. Con este "correcto habitar" no me refiero a una idea moral de "estar en el mundo", sino una dirección que nos sitúe de una manera más íntima con la naturaleza inefable del existir. Tal dirección, evidentemente no posee recetas o senderos "objetivamente establecidos", pues, direccionarse hacia lo inefable es necesariamente caminar en la "incertidumbre" y alejarse de los "puntos de referencia". Sin embargo, podemos identificar cinco áreas en las cuales el Humano ha direccionado sus preguntas fundamentales: el misticismo, la religión, la filosofía, la ciencia, y el arte.

Todas estas áreas requieren de un amplio desarrollo, estudio y comprensión; pero para efectos de este escrito, me interesa enfocar nuestra mirada en el arte. Dicho esto, mi intención es indagar en el arte desde una postura existencial, más allá de la dialéctica "obra-espectador" común para toda la historia artística. ¿En qué consiste hacer del arte una postura existencial? Es hacer del "habitar el mundo" un arte. Este habitar, basado en las cosas "en sí mismas", es hallar la belleza en el mundo cotidiano y actuar en base a ella, es reconocer el misterio en todas las cosas existentes y entregarse a éste sin esperar comprenderlo.

De acuerdo a lo anterior, más que elaborar ideas sobre la belleza del mundo circundante, es menester llevar a cabo una tarea contemplativa en el mundo cotidiano del suceso. Esta labor es la que busca desarrollar el gran arte: poder expresar en un modo representativo la belleza, el misterio, lo indecible; de modo que el espectador logre penetrar en el mundo contemplativo que ha dado a luz a la obra que está ante sus ojos. Pero esta idea, de evidente influencia platónica, no queremos volverla una metafísica de la experiencia de la belleza, sino una fenomenología capaz de "tocar" eso indecible, que no necesita ser definido de ningún modo. Y esta fenomenología es justamente la "acción" contemplativa capaz de encontrarse con las "cosas mismas" del mundo circundante.

Contemplar significa "tocar", "acoger", y "sostener" los fenómenos del mundo dejando espacio para que éstos se expresen en sí mismos y en cuanto tales. El canto de un pájaro no requiere de mis juicios para "ser", tal canto tiene su propia dimensionalidad, su propio modo de "aparecer", que en sí mismo expresa un "algo" que apela directamente a nuestro propio existir. Esto se replica con todos los fenómenos de la realidad. Así, la contemplación nos hace situarnos en la realidad fugaz y momentánea de lo presente, pues requiere que nuestra intencionalidad se "sitúe" en las cosas que son, que están siendo, y que se encuentran en constante movimiento.

De algún modo, podríamos expresar, sin intensiones esquemáticas, que la belleza como fenómeno, está íntimamente relacionado con aquello "indecible" de la existencia. La belleza es la expresión fenoménica del misterio del ser, cuya dimensión no vale la pena categorizarla, como muchos metafísicos lo intentaron durante siglos. Hacer de nuestro "habitar el mundo" un acto poético, es dar cabida a tal belleza en todas las expresiones de nuestro existir; es tomar consciencia del misterio, de la vida, del amor, de la muerte, y quizás... de lo infinito. 

Y desde aquí, solo cabe hacerse cómplice de todo en cuanto existe.




H.S.















lunes, 29 de mayo de 2017

INVOCACIÓN


"Que la sombra de las voces 
no sucumban tu vuelo.

Que la luz de la mirada
desenrede tu entendimiento.

Que la estancia silenciosa
expanda tus horizontes.

Que la poesía geométrica
te haga vidente ante su belleza.

Que los rumores de antaño
florezcan en la tierra seca.

Que aquello que no tiene forma
se haga forma en tu coraje.

Que el espacio sin fin
borre las huellas de la ignorancia."


H.S.








lunes, 1 de mayo de 2017

REALIDAD Y REVOLUCIÓN INTERIOR: LA TRANSFORMACIÓN INMINENTE DE LA CONSCIENCIA HUMANA



Curiosamente, uno de los temas más olvidados para la sociedad moderna, y para el modo de vida de los individuos y colectividades de la actual civilización, es el fenómeno de la realidad. Es curioso, ya que toda la vida humana que conocemos se enmarca en lo que difusamente es llamado "realidad". Es algo que sucede siempre y que es el contenedor de todo lo que conocemos, pero sin embargo, olvidamos que esa cualidad fenoménica (la "realidad") está todo el tiempo expresándose en en nuestro acontecer.

A lo largo de la historia, hemos confeccionado y construido muchos modos de abordar la realidad. Lo que antiguamente lo dictaba la religión, hoy es la ciencia la encargada de confeccionar las pautas de interpretación del universo. Así, desde nuestra educación se nos instruye en ciertas disciplinas que nos enseñan una serie de leyes y formas que construyen toda nuestra cosmovisión. Las ciencias biológicas informan sobre la existencia de las células; la historia por su parte, menciona los procesos culturales, políticos y económicos pasados que han influido en la realidad presente; la física, nos habla de las leyes del mundo físico y las dinámicas del espacio y tiempo; y así siguiendo.

Pero contrastando todo este potencial informativo que la sociedad moderna ha configurado, se contrapone la monotonía de la vida civilizada. Se nos instruye en grandes cantidades de información, pero que la práctica solo provoca individuos con pautas de vida bastante acotadas. Nacemos, estudiamos en las escuelas, vamos a la universidad, hacemos postgrados y luego trabajamos con las ansias de ganar un prestigio imaginado. Entre medio de esta carrera, posiblemente surgen amistades, fiestas, sexo, parejas e hijos que buscan hacer más llevadera está marcha intelectual y sistémica en la que nos han criado.

En esta situación colectiva y existencial, el ser humano moderno, el ser humano burgués, olvida y deja de interesarse sobre cual es la naturaleza de su realidad. Lo que se vuelve importante es producir, generar dinero para la familia o para algún ensueño esperanzador que rompa con la aburrida rutina de la vida actual. Pero toda pregunta que no posea un rol sistémico, se deja de lado, olvidada en el viejo baúl de cosas inservibles.

Por lo tanto, los seres humanos viven en una graciosa paradoja: por un lado, han llegado a dominar la técnica y la información de tal manera, que han generado una interesante ilusión de control y dominio frente a la naturaleza (y por ende, la realidad); pero por otro parte, de la misma manera en que el Hombre parece tecnologizarse, la creatividad y la capacidad de cuestionar la propia realidad parece ir degradándose a pasos agigantados.

Así, asumiendo este contexto colectivo en el que vivimos, preguntamos: ¿qué es la realidad? Seguramente para muchos, esta pregunta puede resultar desconcertante, ya que al formularla pueden caer en cuenta que realmente no poseen herramientas para poder contestarla. Por otra parte, si surgen respuestas, lo más probable es que resulten apresuradas y dejen entre ver las creencias y preconceptos que la persona posee en su fuero interno.

Preguntarnos por la naturaleza de la realidad puede acarrear las siguientes consecuencias: por un lado, puede hacernos caer en cuenta de nuestra total ignorancia respecto este fenómeno; por otro, nos revela que poseemos creencias y teorías internas que se apresuran en el intento de respuesta ante la pregunta; y finalmente, nos da constancia del completo olvido del ser de parte de los individuos y colectividades de la sociedad actual.

Este olvido del ser, desde mi punto de vista responde a una serie de acontecimientos históricos: al surgimiento de la era industrial del capitalismo, la crisis del cristianismo en Europa, el fracaso de la ciencia como fundadora de verdades, el surgimiento de los totalitarismos en el periodo de entreguerras, el auge de las ideologías materialistas (marxismo y neoliberalismo), y finalmente el surgimiento de la postmodernidad en las sociedades occidentales de los últimos 30 años.

Han sido más de dos siglos, en los cuales la cultura mundial se ha encaminado en una serie de cambios vertiginosos, que han traído desde valiosas oportunidades de evolución, hasta la alienación y decadencia de la vida humana. Y es que en la época en que vivimos, el Hombre es asechado por una gran ambivalencia: por un lado, se están abriendo las puertas para un posible despertar colectivo, pero al mismo tiempo va creciendo la amenaza de la autodestrucción. 



De esta manera, nuestra cultura actual, es la expresión de esta alienación, del olvido del ser y el sentido de lo humano. No ha habido época donde los valores y el sentido existencial del hombre este más degradado y decadente. Detrás de nuestra vida moderna se esconde el sin sentido, el nihilismo del que tanto habló Nietzsche. Sin embargo, es por esta misma crisis, que el ser humano anhela y busca más que nunca el sentido del ser.

Ya desde los años sesenta, hemos sido testigos de grandes cambios sociales y paradigmáticos. Los Hippies, las revoluciones sociales, y una renovación de la espiritualidad gracias a la llegada de maestros orientales a occidente, han dado forma a una cultura (o contracultura, más bien) de límites difusos, orientada a la búsqueda de una vida más autentica, más justa y más trascendente. Incluso la New Age cabe dentro de estas manifestaciones, a pesar de la desconfianza de los escépticos.

Esta contracultura, que aún está en periodo de gestación no es otra cosa que el
síntoma, la exteriorización, de una búsqueda inminente, una necesidad inefable que aloja en el corazón de cada ser vivo. Y preguntarse por la naturaleza de la realidad, es encaminar al transeúnte a ese sendero anhelado.

Estamos en una cultura en que el cuestionar la realidad es un asunto innecesario. Es por esto que el cuestionamiento dirigido hacia el fenómeno de la vida es un acto revolucionario, ya que establece las condiciones necesarias para salir de la prisión psicológica que nos hemos construido como raza humana. Una revolución, pero una revolución interna, una revolución total, ya que lo que está en tela de juicio no es solo el sistema, el gobierno, o las naciones: es toda la estructura de la consciencia la que quiere ser examinada.

¿Qué es la realidad? Es la pregunta más poderosa que puede hacerse el Hombre. ¿Es real lo que toda mi vida he creído real? Esas preguntas son lo que genera la revolución. Esta revolución, lejos de encasillarse a lo que conocemos como revolución, es el movimiento interno que genera el despertar en el ser Humano. El despertar de nuestro largo sueño, despertar del sueño de Bhrama, donde todas las estructuras (tanto internas como externas) se disuelven en la visión unificadora del universo.

El verdadero cambio solamente puede surgir desde la propia consciencia. Esperar que lo de afuera se transforme para luego transformar al individuo es una trampa autodestructiva. En la medida que los seres comiencen a despertar a la consciencia se producirá la sinergia inevitable y todas las estructuras sociales de dominación se disolverán como polvo en las cenizas. 



H.S.









LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...