Así miraba el emperador Reivaj la gloria de Kalirvalion, bajo un abundante mayo que se daba exquisito bajo la brisa otoñal de los nuevos tiempos de ese año 3.416 del séptimo eón, junto con su amada Aileda-Ralip.
La certeza se haría prístina bajo la consecución de la Gran Magia, pues el oro abundaba para el gran imperio; llegaba y fluía por las manos sagradas de nuestros emperadores. La economía kalirvaliana se potenciaba a cada paso de las estrategias de los magnos generales; se divisaban nuevas tierras a lo largo del ancho horizonte, donde nuevas glorias susurraban a los emperadores que vaticinaban nuevas riquezas venideras.
Mercurio auspiciaba cada nuevo acontecimiento. Su flujo sideral circulaba por todos los contornos del imperio; la promesa de los dioses se tornaba cada día más robusta bajo las murallas del reino de la gloria. ¡Cuántos lujos estaban al servicio de los emperadores! Grandes fiestas de exquisita abundancia y buena mesa, vacaciones en playas extraordinarias, nuevos instrumentos exóticos venidos de las lejanas nuevas colonias anexadas, mascotas exóticas, entrenamiento gimnasta con los más talentosos maestros del reino... habitaciones y habitaciones llenas de riquezas, templos enteros con montañas de oro puro. La vida era puro goce para los nobles elegidos por los dioses, que eran benditos a cada tiempo bajo la mano divina del gran Júpiter.
La economía era perfecta y la magia extremadamente poderosa. Todos los rituales del imperio ponían en marcha el gran movimiento de la voluntad superior; los templos activaban las estancias secretas de las estructuras celestes y se efectuaba la gran henosis, donde todo Kalirvalion ascendía de esfera en esfera hacia la totalidad infinita de lo Uno eterno.
Los dioses se deleitaban con la belleza de la sagrada civilización porque en Kalirvalion todo era una ofrenda: cada victoria, todos sus lujos, todos los rezos, todos los juegos efectuados, los coitos idos y por haber, los rezos de fe, la atrevida magia, las artes oscuras, las ciencias exactas, la economía, la filosofía y todo producto glorioso que se diera entre los muros del imperio más grande jamás divisado entre los reinos.