El verbo se basta así mismo para dar consecución a la magia de la vida insurrecta,
no hay permisos que saldar bajo la mirada de los imbéciles,
la magia es libre, se basta en su vuelo para doblegar su pulso hacia estancias que suelen no estar al alcance de las miradas estrechas.
La magia mercurial es inmortal
y a su paso hace llegar el torrente mayor de las riquezas luminosas.
El poema es el rezo de quienes elevan su mirada hacia lo invisible,
de quienes entablan conversación con las directrices de la intemporalidad y las sustancias acuosas.
La alquimia se hace reconociendo el oro en las nimiedades más ecuestres,
más insultantes,
más disgregadas,
más disueltas en un trasfondo de lo que se entiende poco,
la fugacidad del aparecer da buen tono a las ridiculeces del acontecer de los segundos intrépidos y cuneiformes.
Mostremos el manto de las cosas que se dan bajo el sol gris del naranja almidonado,
notemos que las sonrisas dan a parar a horizontes indivisos,
por allá donde los soles daban su veredicto ante los idiotas que juraban tener la explicación de los grandes cambios.
Es mejor seguir el propio camino
y no esperar confirmaciones de ignorantes del paso de aquella profundidad que a uno le es propia,
no hay que confundirse en asuntos de experiencia,
en apariencia de maestría y tecnología superior,
lo que cuenta a fin de cuentas es la visión propia doblegada hacia la eternidad y las riquezas eternas.
El oro llega y llegará en torrentes,
ser millonario se la regla de todas las reglas,
la plenitud conquista su derecho a ser bajo las selvas discontinuas de la recapitulación de lo inerte.
La magia se hace a pesar de las opiniones retrasadas: las habladurías hay que rechazarlas, no queda más remedio.
Así es y así será bajo el mandato del Júpiter omnipotente en esencia y trono,
así se darán las cosas y las falsedades de charlatanes aburridos se disolverá bajo el fuego fatuo del dinero mayor siempre presente.