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martes, 6 de diciembre de 2016

ÉXITO Y PRESTIGIO: LAS MÁSCARAS SOCIALES DEL MIEDO


Vivimos en un entorno en el cual se nos exige que debemos ser "alguien". Desde pequeños que la educación, el entorno familiar y la cultura, nos ha alimentado la creencia, la noción, de que para vivir, para conquistar nuestra felicidad, es bueno y conveniente tener éxito en los caminos que emprendamos. De esta manera se nos condiciona, muy desde temprano, a trabajar, a actuar y producir en base a la noción de generar éxito, posición y prestigio. Pero, realmente ¿qué es ser "alguien"?, ¿para que queremos ser exitosos?, ¿por qué se nos enseña de manera reiterada a buscar el reconocimiento social?

A simple vista, este tema parece ser bastante convencional, pues es probable que en  la adolescencia de varios de los lectores, cuestionamientos como estos hayan salido a flote. Incluso el ensueño hippie de encontrar una vida libre de estos aspectos, se ha impregnado en la cultura popular, siendo la base de expresiones cinematográficas como "In to the Wild" y ese tipo de películas. Sin embargo, nosotros al realizar esta reflexión, de ninguna manera estamos hablando de un asunto convencional y cliché, pues, a pesar de todo, el condicionamiento que implica el éxito, el prestigio y el reconocimiento, moldea la vida de todas las personas en esta sociedad y está presente en todo momento de nuestra interacción cotidiana. Por lo tanto, el abordar esta temática, requiere una observación de nuestra vida cotidiana, y darse cuenta de qué manera todas estas nociones nos han condicionado y restringido nuestra capacidad crítica y cuestionadora.

Primero que nada, si se dan cuenta, al abordar asuntos tan simples en apariencia, al preguntarnos sobre temas que parecen ser tan convencionales, surge de inmediato el reconocimiento que realmente no tenemos mucha idea sobre las razones de nuestras conductas cotidianas. Por ejemplo, al preguntarnos "¿Por qué me visto con la ropa con la que me visto?", seguramente surgirán respuestas instantáneas como "porque me gusta", "porque siento que me veo bien", etc; pero razones y explicaciones profundas, seguramente no aparecerán, y si aparecen más respuestas, seguramente reflejan directamente costumbres colectivas, creencias culturales, etc. Por lo tanto, si somos radicalmente honestos, llegaremos a la conclusión que no sabemos lo que hacemos.

Lo anterior, opera a todo nivel. Todas nuestras conductas, todas nuestras emociones, todos nuestros pensamientos, nuestras ideas, nuestras creencias: todo; está de una u otra forma relacionada con el entorno, relacionada con nuestras vivencias, nuestra familia, nuestra cultura, etc. Es decir, todo nos ha llegado de "afuera", a modo de aprendizaje e imitación, todo lo que somos está condicionado por el medio. Este condicionamiento, actúa como un molde que confecciona, uniforma y dirige nuestras acciones supeditadas al entorno en el que vivimos. Si queremos comprender el fenómeno del éxito y prestigio, es fundamental que lo anterior seamos capaces de observar en nuestras vidas.

Por lo tanto, estamos condicionados al éxito. Estamos condicionados a actuar en el mundo social en base al prestigio y al reconocimiento. Este estar "condicionados", es en gran medida algo "inconsciente", es decir, algo a lo cual no le damos importancia y tampoco tenemos una noción y claridad sobre estos sucesos mentales y sociales. Nos parece natural, por lo tanto actuamos en base este condicionamiento, y construimos una vida en base a este motor psicológico.

Pero esta noción de éxito, este deseo de reconocimiento propio, tiene dimensiones psicológicas más profundas, relacionadas íntimamente al conflicto humano. Pues, ¿en base a que medimos nuestro éxito?, ¿a través de qué medio reconocemos nuestro valor para los otros?, la respuesta es obvia: por medio de los otros. Es decir, nosotros pensamos al éxito debido a que internamente tenemos la noción de un otro. Es a través de este "otro" que la mente crea una referencia, una guía de conducta, que imita y que luego quiere superar. Por tanto, de esta noción de "otros" se liga de inmediato un constante fenómeno de "comparación". La mente, el pensamiento funciona en base a la comparación, pero para que exista comparación, es necesaria la noción de separación, de diferenciación, y es en este terreno donde descubrimos el fenómeno del ego.

Sin embargo, todo lo hablado, no es una seguidilla de causas y reacciones lineales. Tanto el éxito, como la noción de otros, la comparación, la diferenciación y el ego, son fenómenos psicológicos que se dan en conjunto, y que en esencia no son más que una misma cosa. Tenemos un mapa mental sobre la realidad, que nos hace percibir los sucesos desde una identidad (o ego) que se interrelaciona con un mundo que le es ajeno y aparte. Esta identidad lucha y batalla para poder encontrar una esencia, un valor, una autenticidad que la diferencie de este mundo que tiene frente a sus ojos, y al no poder encontrarla, va generando una acumulación de frustración que se traducen en sufrimiento.

Entonces, si somos agudos, podemos darnos cuenta que la frustración y sufrimiento surgidos del ego nacen de una contradicción fundamental: que la aparente noción de separación individual frente a la realidad (que se expresa como la personalidad) se ve constantemente atormentada con el hecho de que el ego no puede asegurar que esta separación exista. Por lo tanto, el ego quiere ser un ego, pero se ve en la imposibilidad de probar su propia existencia. Es esta contradicción la que moviliza nuestros deseos de éxito y reconocimiento: como no sabemos lo que somos, como no tenemos seguridad absoluta de lo que creemos ser, nos proyectamos al mundo social, para encontrar ahí nuestra identidad. De esta manera el reconocimiento y el éxito se convierten en una medida "salvavidas" del ego para certificar su propia existencia, y es justamente eso lo que sucede: el éxito se convierte en la medida que certifica a las personas, adjudicando el valor social que tiene la propia identidad.

Por lo tanto, el fenómeno psicosocial del éxito, no es otra cosa que el escape de esta contradicción fundamental de la mente humana. Esta contradicción en esencia es inseguridad y miedo, es el temor de la mente (el ego) hacia su naturaleza incierta y vacilante, que impulsa al ego a buscar (o a construir) estructuras de seguridad que lo alejen de la incertidumbre, y una de esas estructuras que el humano a creado, es justamente la noción de éxito y prestigio.

Llegando a este punto, podemos afirmar que la base psicológica de la sociedad exitista es el miedo. Es un intento colectivo desesperado, de dar la espalda a la enorme incertidumbre que el hombre de hoy vive. Pero este dar la espalda a la incertidumbre, tiene repercusiones enormes en el funcionamiento global de la civilización. Este continuo escape psicológico en el que la sociedad vive, genera constante confusión, ignorancia, violencia y destrucción. Si estamos constantemente escapando, no podemos ver la realidad, y nuestras acciones se desencadenan de manera torpe, ya que lo único que nos interesa es escaparnos de nuestro propio miedo y sufrimiento. Esta conducta, multiplicada en millones de personas, evidentemente genera un caos de importante envergadura.

He aquí nuestro condicionamiento. Hemos sido criados a la fuerza en una sociedad del miedo, en una sociedad insensible que posterga su existir y busca desesperadamente una seguridad ilusoria por medio del prestigio colectivo, con el precio de sacrificar su propia libertad. A cada uno de nosotros nos tocó nacer en una sociedad donde estos mecanismos ya estaban instalados y consagrados, y en nuestra desprotección infantil, tuvimos que adaptarnos a esta vorágine, a este monstruo de cien cabezas, creyendo que de esta manera podíamos ser aceptados por los demás. Así, nuestro condicionamiento estriba en que se nos ha hecho pensar que esta sociedad, esta forma de vivir es la única que existe y es aceptable, y cómo todo el mundo funciona de esta manera, caímos en ceder y aceptar todos estos absurdos. Hay una especie de mecanicidad colectiva, que se ha contagiado por medio de la imitación.

En el momento en que el ser humano comienza a cuestionarse todos estos asuntos, la barrera de la sociedad, comenzará a boicotear todas estas intuiciones, presionando por medio de la familia, el trabajo, la escuela, los gobiernos, la publicidad, etc. Y esta presión radica en acentuar el miedo en la persona, por medio de amenazas ilusorias que invaden la mente del individuo, haciéndole perder la fé en la propia intuición individual. La presión del dinero, el ser profesional, el obedecer a un jefe, pagar cuentas; son todos mecanismos que actúan devolviendo al individuo a la zona del miedo y al deseo de seguridad.

De esta manera, surge la pregunta ¿existe la posibilidad de liberarse de toda esta situación?. Más que exponer una respuesta definida, es necesario que estas preguntas comiencen a nacer en las mentes de todos los seres. Si observamos que el éxito y el prestigio tienen un respaldo psicológico, nos daremos cuenta que gran parte de las bases que sostienen a la sociedad son interiores, por lo tanto, un proceso de liberación primero debe comenzar en el interior. Es en el lugar más íntimo del corazón y la mente de cada ser humano, donde estas problemáticas pueden ser resueltas. Pienso que si un ser puede llegar a liberarse de todo este drama, esa liberación puede repercutir radicalmente en los otros individuos, generando un contagio de frecuencias elevadas de consciencia.

Bajo las enseñanzas de todo mito, de toda tradición y de todos los maestros que la humanidad ha presenciado, se ha escuchado que para comprender la libertad (que es el infinito, el misterio, lo inefable) es preciso morir para uno mismo. Este morir tiene la implicancia de dejar de buscar "ser alguien". Es precisamente esa búsqueda de un yo verdadero, la que trae sufrimiento y miseria para la humanidad. Debemos atrevernos a ser nada, debemos atrevernos a observarnos sin el lente de nuestro propio ego. Es en las dinámicas de esta observación, donde se aproxima la naturaleza de la propia mente. Sin embargo, no podemos llegar a comprender todo esto, si aún dependemos de alguna muletilla psicológica. Seguir una tradición, creer en un maestro, y adherirse a una religión no van a traer en sí mismo la comprensión y la liberación de toda la realidad condicionada. Para esto debemos morir para toda referencia externa, debemos atrevernos a estar solos, a indagar en el significado profundo de la soledad. Si es que llegamos a ser capaces de cultivar esta soledad interior, puede que surja la comprensión que nunca estuvimos solos y que nunca estuvimos separados.

miércoles, 23 de noviembre de 2016



A PROPÓSITO DE TRUMP: LAS NUEVAS FORMAS DE UNA VIOLENCIA ANCESTRAL

http://www.trbimg.com/img-56e85d41/turbine/hoyla-usa-es-donald-trump-un-fascista-20160315El mundo está en crisis. La gran casa antigua y añeja de la civilización está incendiándose a pasos agigantados. Por muchos años la humanidad ha vivido dentro de sus muros sin percatarse del inminente peligro, pero solo ahora que el fuego ha llegado al salón del dueño de casa, los demás hogareños comienzan a preocuparse.

Los acontecimientos que han sucedido recientemente en la capital del imperio mundial, no es la llegada de un nuevo mal, sino que el síntoma visible de una enfermedad colectiva que lleva siglos gestándose en las mentes de los que componen esta civilización esclava. Pero ¿cuál es esta enfermedad?, ¿que es lo que ha llevado a la humanidad a esta gran crisis que presenciamos hoy en día?, ¿qué ha provocado todo esto?

Pienso que durante mucho tiempo, y hasta el día de hoy, los seres humanos hemos vivido bajo el mismo patrón de comportamiento del de muchas generaciones anteriores a la nuestra. Desde el inicio de las primeras civilizaciones, se han presenciado guerras, muertes, corrupción, injusticia social, ambición, y otras conductas y realidades que no han cesado hasta el día de hoy. Puede que durante los últimos 200 años, puedan apreciarse ciertos avances como la abolición (aparente) de la esclavitud, de la redacción de derechos humanos por parte de Naciones Unidas en 1948, o de los avances de la lucha feminista por la igualdad de género. Sin embargo, hay un patrón implícito en los seres, que se mantiene similar a medida que pasan los siglos y épocas. Pues, a pesar de todo, hoy en día, conflictos como los de Siria, las dictaduras poco conocidas del continente africano, las desigualdades en Latinoamérica, la corporación Monsanto (y otras igual de nocivas), o la siniestra planificación del TTP; nos hablan de que a pesar de que en el "papel" haya intenciones de humanidad, en los hechos, el telón de fondo de la civilización mundial, es el caos y la violencia desenfrenada.

Pero ¿de dónde viene este caos y violencia desenfrenada? Para que exista caos y violencia, primero es necesario la existencia de un conflicto, y antes del conflicto es necesaria la relación con un otro para que ésto se exprese. Por lo tanto la violencia, el conflicto y el caos se da siempre en relación con algo. No puede pensarse ningún conflicto que no tenga fenómenos en relación. Tanto en lo colectivo como lo individual, las causas del conflicto siempre surge por una interacción tensa entre dos fenómenos, dos estados, dos objetos, pero no puede pensarse nunca un conflicto aislado de algún factor que lo estimule.

A pesar de esto, aun no vemos de dónde es que surge la violencia, ya que no sabemos aún con claridad, por qué surge el conflicto entre grupos, personas, e individuos. La opción clásica de la cultura occidental, es el estudio cartesiano y positivista de los fenómenos que suceden en la "realidad". De esta forma se confeccionan teorías, ideas, conceptos, que buscan clarificar las causas y razones de ciertos fenómenos. Pero la violencia es un tema que no ha podido solucionar la ciencia, ni el estudio lógico del mundo. Por lo tanto surge la pregunta ¿es posible abordar el tema de la violencia y el conflicto mundial, por medio de teorías, ideas, conceptos?, ¿de qué manera nos aproximamos a tal fenómeno, que está dejando estragos en el planeta?

Es más ¿por qué separamos la violencia de nosotros mismos?. O dicho de otra forma ¿por qué, al ver la violencia que sucede en el mundo, la identificamos como algo ajeno, como algo que hacen otras personas, diciendo cosas como "esas personas son muy malas, muy corruptas, pero yo tengo la suerte de no ser así"? realizamos una separación, ese es el hecho. Una separación entre nosotros y el mundo, el universo. Separamos los objetos, las personas, los países, las casas, los pensamientos, las ideas. Somos una máquina de separar fenómenos, nuestra estructura de realidad nos condiciona a pensarnos naturalmente como un ser separado de un mundo que es ajeno, y que tiene una realidad palpable más allá de la propia observación. Por lo tanto al observar la violencia como un suceso, la mente ordinaria, separa el hecho mismo de la violencia con el resto de lo que constituye nuestro "yo mismo".

Sin embargo, ¿estamos separados?, ¿estamos separados de los criminales de cuello y corbata de "Wall street"?, ¿estamos separados de el vagabundo que pide limosnas a la salida de un metro? Tiene que quedar claro que este no es un juego de palabras. No se trata de construir una nueva lógica, de nuevas ideas que interpreten el mundo en que vivimos. Es importante que esta reflexión se haga cuestionando la propia mente, la propia estructura de realidad que hemos construido, de generar una observación libre de puntos de vista, que sea capaz de "seguir" lo que sucede en la vida y en el mundo, que no son cosas distintas.

No podemos comprender la violencia sin antes tener un encuentro con la propia violencia que hay en uno mismo. Si pretendemos que la violencia se acabe aludiendo a otros y proyectando soluciones o medidas en el mundo social, estaremos reproduciendo la mecánica de la violencia en los seres humanos. Esta proyección de violencia, es la que está causando todo el caos que se presenta ante nuestros ojos, y sucede tanto a nivel de individuo como de los grupos sociales y políticos.

Si observamos el comportamiento de grupos ideológicos, como lo es el fascismo, la democracia, o el comunismo, observaremos que el patrón de comportamiento que caracteriza a tales grupos es la suposición implícita de poseer una "verdad" que debe ser difundida por el mundo; de esta manera al encontrar adversarios u oponentes ante tales verdades, los grupos se atrincheran a sí mismos y comienzan a realizar acciones que busquen acabar con tales obstructores de sus "ideas correctas". Para el Comunismo es la burguesía, para la democracia son los "extremistas", para el Fascismo, todo aquel que no sea fascista, etc, etc. De esta manera, cada grupo proyecta su propia violencia hacia su grupo adversario, formando la creencia ingenua de que el fin del conflicto surgirá con la derrota del grupo enemigo. Pero la afirmación de una verdad y el aferramiento a un grupo o ideología, es lo que fundamentalmente genera la violencia.

Lo anterior, además, tiene un correlato psicológico en cada uno de nosotros. Lo que vemos en la sociedad, lo que vemos en la historia, lo podemos ver a través de nosotros mismos. Al dirigir nuestra mirada hacia lo que sucede "a dentro", nos daremos cuenta que en cada uno, existen muchas de estas "verdades", muchas de estas ideologías, muchos tiranos que luchan por defender el propio territorio, las propias opiniones, la propia seguridad. Y todo esto lo moviliza solamente un fenómeno: el miedo. En tanto tengamos miedo, existirá la violencia, y se perpetuará la proyección de nuestra propia violencia hacia el mundo. 

Entonces, bajo esta comprensión ¿podemos vivir sin miedo, sin ideologías, sin una postura (violenta) frente al mundo? La respuesta a esta pregunta depende de cada uno de nosotros, pues es en cada mente, en cada vida humana del planeta, en las cuales se reproducen estos mecanismos de violencia y agresión; y la liberación de todos estos patrones, sólo puede venir de una confianza absoluta en la naturaleza profunda de la realidad y de una revolución fundamental, desconocida y silenciosa.


H.S.






LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...