Ambestiano era un poderoso mercader del imperio arkeiano que residía en las fronteras orientales de nuestro magno imperio. Era un mercader astuto, muy inteligente, cuyo origen era humilde y adverso, pero cuya visión poderosa lo fue adentrando a la cúspide más alta de la clase mercante.
Ambestino venía de una familia de obreros del norte de Magnómide, una colonia sur este del imperio arkeiano. Fue el menor de 9 hermanos, y su infancia estuvo marcada por padres ausentes, pero trabajadores y esforzados. El suburbio en que la familia de ambestiano vivía era de muy mal traer: la pobreza se veía en todos lados, y las bandas de gangsters y piratas solía tener mucha influencia en la red de relaciones de la ciudad.
Después de años de vivencias adversos, cuando tenía la edad de 23 años, Ambestiano, luego de abrírsele una oportunidad con un mercenario de Palias, abandonó la ciudad y se fue a navegar con 7 hombres hacia las profundidades del ponto. El objetivo de los marineros, era hallar una isla conocida como Fólide, cuya ubicación se decía que se hallaba en las llanuras de Akator, un mar extranjero del cual se conocía muy poco y cuyas leyendas contaban la presencia de numerosos seres fantásticos y ciertamente peligrosos. La isla era codiciada por albergar –se decía– piedras preciosas y oro puro dentro de las numerosas cuevas que la isla poseía.
Los mercenarios luego de semanas de navegación, lograron dar con la deseada isla. Los marineros se dividieron en 4 para buscar mercancías en las cuevas que se divisaban en un monte cercano del lugar. Ambestiano y su compañero se adentraron en un ducto natural que se ubicaba en tierras bajas, en las faldas del monte. En dicha cueva, Ambestiano y su acompañante se toparon la sorpresa de encontrarse una gran serpiente bicéfala. En lugar, mantuvieron una lucha de la cual el compañero de Ambestiano resultó muerto, pero nuestro protagonista de esta historia, logró sobrevivir, luego de clavarle a la gran serpiente su espada en el duro cráneo. La serpiente, luego de atraparlo con su cuerpo escurridizo, se acercó a él para prepararse y tragarlo, pero al abrir sus horribles fauces, Ambestiano le clavó la espada por el paladar que logró atravesar el hueso y dar hasta el cerebro. Ambestiano, luego de reunir unas cuantas riquezas, escapó pronto para re-encontrarse con los demás. Al llegar, el futuro mercader se percató de que solo volvieron 3 hombres de las campañas repartidas. Claramente la isla era peligrosa, ni siquiera demoraron en averiguar si acaso los desaparecidos vivían o yacían inertes en los suelos de la isla. Comprendieron que el lugar estaba repleto de monstruos y emprendieron regreso a la nave. Cuando aún no llegaban al navío, divisaron una serie de criaturas que salían de las cuevas. Los sobrevivientes entraron en terror y urgieron en ingresar a la nave para alistarse y salir de allí.
Fue por poco el segundo que se salvaron de la perdición, pués apenas lograron zarpar los monstruos llegaron a la orilla. Había una araña gigante, un cíclope, un dragon, y una especie de león gigante, todos rugiendo estruendosamente en la orilla de la isla. De pronto cuando ya llevaban unos 50 metros en el mar, notaron que las bestias comenzaron luchar entre ellas. A lo lejos se veía una carnicería de la cual los marineros se aliviaban de no haber sido parte.
Las riquezas que Ambestiano consiguió en aquella hazaña le permitieron invertir en los primeros pasos de su negocio. Comenzó a intercambiar objetos de valor, acumular artesanías y objetos exóticos que los piratas le vendían en los puertos secundarios del imperio. Fue así que Ambestiano fue construyendo una pequeña red de tráfico (tanto de objetos legales como ilegales), que con el tiempo fue creciendo ostentosamente para los ojos de muchos. Al cabo de unos 5 años, Ambestiano se posicionó como el mercader más poderoso del suroeste imperial. En el desarrollo de sus andanzas fue que conoció a un maestro mago iniciado en los misterios de Mercurio. Este, al reconocer la profunda naturaleza mercurial de nuestro mercader, le ofreció la educación esotérica iniciática para adentrarse en las potencias del dios de las transacciones. No sin ciertas resistencias, Ambestiano aceptó, y pasó 7 años bajo la tutela del maestro. El mago mayor le instruyó en la ritualidad mercurial, los estilos de comunicación del dios, los espíritus afines, los sigilos tradicionales de invocación, rituales de protección y técnicas de trance para profundizar en el conocimiento de la realidad. De una forma muy natural y sin siquiera sospechar el impacto que Mercurio tendría en su vida, Ambestiano comenzó a triplicar la eficiencia de sus mercados. Su influencia se expandió a niveles que nunca antes pensó posibles, hasta alcanzar el prestigio de las altas esferas de la aristocracia. Ambestiano pasó de ser un traficante de media monta a un prestigioso burgués gracias a la astucia y la benefacción del sorprendente Mercurio.
Su red de influencia, por asuntos estratégicos, se trasladó al noreste del imperio, para fiscalizar el comercio exterior que venía de países extranjeros. Ambestiano era quien regulaba el ingreso del comercio exterior, y lucraba con beneficios a los mercantes que deseaban adentrarse en las redes complejisimas del imperio.
Si bien Ambestiano tenía alma de libertino y estuvo con un sinnúmero de mujeres y prostitutas de alta alcurnia. A la edad de 35 años conoció a la mujer de su vida, con la que se casó y tuvo 3 hermosos hijos. Ambestiano jamás hubiese soñado convertirse en un hombre de familia, pero el destino le trajo una unión que abrió naturalmente esa posibilidad y a la cual se entregó gustoso. Claro está que la naturaleza mercurial siempre estuvo de su parte, y le siguió haciendo justicia con la astucia que le caracterizaba y el ánimo tramposo que tenía en el trato con la competencia de sus negocios.