Desde las costas de Dalponia, sur central de Kalirvalion, es que ya se divisaban las embarcaciones llenas de oro que regresaban pronto de las tierras de oriente.
Los súbditos imperiales desde ya se mostraban alistados para recibir la carga metalúrgica, mientras los condes de la región y los mercaderes presenciaban la gloriosa llegada del sagrado oro.
Eran toneladas y toneladas, libra a libra,
en suma de muchísimos barcos que desde lo lejos del este llegaban gloriosos.
Las gentes no podían creer la cantidad de oro que arribaba de las recientes campañas;
ni siquiera aún la empresa terminaba y ya se estaba recibiendo tamaño botín de riquezas.
Los mercaderes y los condes comentaban entre ellos las tremendas noticias que esto implicaría para los próximos meses de economía kalirvaliana. Especulaban sobre las estadísticas y sobre la potenciación de la prosperidad del reino superior.