sábado, 2 de enero de 2016




NIETZSCHE Y LA BÚSQUEDA DE SENTIDO (ESPIRITUAL)



Han habido pocos pensadores tan influyentes, visionarios y rupturistas como Friedrich Nietzsche. Este filósofo de finales del siglo XIX a pasado a ser una figura legendaria, lúcida y profética para los tiempos culturales que se han desarrollado en estos últimos 100 años. Su obra a sido un testimonio de vida, una búsqueda apasionada, un canto desesperado de alguien que logró ver un acontecimiento colectivo, pero que la ceguera del contexto de su tiempo no permitieron que fuese comprendida.

Como todo gran filósofo, su filosofía no ha sido fácil de interpretar y ha sido mirada bajo variados (y a veces contradictorios) puntos de vista. Desde lecturas existencialistas, posturas postmodernas, hasta las desafortunadas ideas fascistoides de la Alemania Nazi, han intentado hacer frente a las afirmaciones de este filósofo. Lo cierto es que hasta el día de hoy su filosofía sigue abierta, vigente y fresca frente a los acontecimientos psicológicos, espirituales y sociales que la humanidad vive en la actualidad.

La filosofía Nietzscheana es una filosofía que a primeras luces es antimetafísica, que reivindica la vida y los instintos. Es una filosofía Dionisíaca, en el sentido de que busca recuperar la irracionalidad y la exaltación hacia la existencia en las que vivían las culturas pre-civilizadas y el occidente pre-socrático. Es un pensamiento que además de recuperar, busca renovar y evolucionar al ser humano. Esta evolución, Nietzsche la ilustra por medio de la metáfora del  Übermensch (El Super Hombre), que consiste en un ser humano superior que es capaz de desechar toda la cultura europea y cristiana para dar paso a una humanidad con valores renovados, un ser con voluntad de poder, que es capaz de conectarse nuevamente con las profundas raíces de la existencia instintiva.

Podría decirse que todo el pensamiento Nitzscheano está basado en su famosa frase "Dios ha muerto". Esta radical afirmación es un verdadero leitmotiv que se repite a lo largo de sus obras y es el fundamento de las mismas. La idea de la muerte de Dios es uno de los tópicos más complejos y mal entendidos de la filosofía de Nietzsche. Esta muerte, tiene una naturaleza trágica pero a la vez deseable y sanadora: es la expresión de una crisis inminente pero también el comienzo de una nueva era para el Hombre. La muerte de Dios para Nietzsche es el paso necesario para el surgimiento del Super Hombre.



Otro tópico importante y en directa relación con el punto anterior, es la postura radicalmente anticristiana que Nietzsche adopta para desarrollar su filosofía. Para Nietzsche el Cristianismo es la religión de los débiles, es una religión que niega a la vida, a los instintos y al placer. Es además una religión nihilista, en el sentido de que todos sus valores están proyectados en cosas que no existen en la existencia física inmediata. Por esta razón Nietzsche, desde su vitalismo existencial, ve al cristianismo como un enemigo de los hombres fuertes, como un impedimento para el Übermensch.

Por otra parte, se sabe que la pluma de este pensador era sumamente contradictoria, irónica, creativa y pesimista. La contradicción y ambigüedad eran parte de su discurso. Esta es una de las razones principales de que la filosofía Nitzscheana no tenga un centro objetivo de visión. Nunca llego a confeccionar un sistema filosófico monolítico al estilo de los idealistas alemanes contemporáneos (como Hegel o Kant) y su escritura no se enmarca en las formalidades de la tradición académica de la época. Sus escritos siempre fueron una apertura, una visión panorámica de la crisis cultural de occidente y un paso hacia la posibilidad desconocida que la solucionaría.

En su obra "Así habló Zaratustra", puede apreciarse la complejidad de su filosofía esbozado en el párrafo anterior. Este libro, que paradójicamente tiene la estructura de un texto místico, aborda de manera poética el nacimiento del super hombre en la cultura universal. Para esto, Nietzsche se sirve de la figura de Zaratustra: un profeta visionario que al caer en cuenta de la "muerte de Dios", dedica su vida a la comprensión del nuevo tipo de ser humano próximo a nacer. A lo largo de sus capítulos, se van ilustrando los diferentes estados internos y comprensiones por las que Zaratustra tuvo que pasar antes de convertirse en un Super hombre.

Todo este drama poético que Nietzsche nos presenta hace pensar su obra filosófica esencialmente como una búsqueda, ya que, al abolir con las pretendidas verdades absolutas de la tradición teológica, Nietzsche ofrece su pensamiento como un canto hacia un abismo, sin nada establecido y sin pretender iniciar una nueva corriente filosófica. Su filosofía es un testimonio existencial de una persona profundamente decepcionada de la cultura de su época, que emprendió la atrevida osadía de rechazar toda la tradición imperante en Europa y de iniciar una meditación que lo llevase a un nuevo contacto con la vida.

Por esto puede decirse , a pesar de lo paradójico, que en Nietzsche y su filosofía hay muchos elementos de espiritualidad y misticismo. Esto, en el sentido de que Nietzsche al toparse con el terrible sin-sentido que la tradición cristiana le provocaba, dedicó su vida a buscar una forma de vivir que lo conectase con un nuevo sentido, que fuese directo y dionisíaco. Al respecto, el psicólogo Carl Gustav Jung, en su libro Psicología y religión da algunas luces:

"Nietzsche no fue ateo, pero su dios había muerto: Resultado de ello fue su escisión interior, y el sentirse compelido a personificar su otro "sí-mismo" por Zaratustra, o -en otras épocas- por Dionisos. En su enfermedad fatal firmó sus cartas como "Zagreus", el Dionisos despedazado de los tracios. La tragedia de “Así habló Zaratustra” finca en que el propio Nietzsche, que no era ateo, convirtióse en Dios por haber muerto su dios. Tenía una naturaleza demasiado positiva para soportar la neurosis atea propia de los habitantes de las grandes ciudades." (p. 51)


Además, esta noción existencial de vivir de manera directa e intensa, evidencia la notoria influencia que Nietzsche tenía por las filosofías orientales, en especial por el Budismo. La similitud entre ambas filosofías radica en la reivindicación del cuerpo: mientras en el Budismo el cuerpo es el vehículo primero del conocimiento, en Nietzsche es la prueba irrefutable de la existencia propia. Por otro lado, el rechazo hacia la tradición que el filósofo alemán expresaba tiene su paralelo en el Budismo zen, cuya disciplina se centra en la liberación de todos los preconceptos y por lo tanto, de la dualidad. Esta simpatía por el camino medio Nietzsche la declaraba pública y directamente, como puede apreciarse a continuación en un extracto de su Anticristo:


"El budismo es cien veces más realista que el cristianismo; tiene en su cuerpo la herencia de la posición objetiva y audaz de los problemas; viene después de un movimiento filosófico durante cientos de años; cuando llega, la idea de Dios está ya acabada. El budismo es la única religión realmente positivista que la historia nos muestra, aun en su teoría del conocimiento (un severo fenomenalismo); no habla ya de lucha contra el pecado, sino que, dando plena razón a la realidad, dice lucha contra el sufrir. Tiene- y esto le distingue profundamente del cristianismo- detrás de sí la automistificación de los conceptos morales; está, hablando en mi lenguaje, más allá del bien y del mal." (p. 28)

Habiendo revisado todo lo anterior, una de las implicancias menos sospechadas de la filosofía Nietzscheana, es que la afirmación de "Dios ha muerto" a provocado un enorme cambio en la forma de vivir la espiritualidad de las generaciones actuales. Desde principios del siglo XX la decadencia del Catolicismo dogmático es cada vez más evidente, y al respecto durante los últimos 40 años hemos sido testigos de grandes cambios en la relación de la colectividad con las religiones tradicionales. Por un lado la emergente New Age, actuando como un verdadero collage espiritual postmoderno, parece tener cada vez más simpatizantes; por otro lado, la llegada de las escuelas filosóficas orientales (budismo, hinduismo, etc) a occidente ha revitalizado dichas enseñanzas y les ha dado una posibilidad de ser concebidas de manera más pura y originaria. El Hippismo, la cultura de las drogas e incluso los movimientos políticos de los años 60 pueden considerarse como fenómenos impulsados por esta gran "muerte" teísta.


El dios cristiano patriarcal ha muerto, pero en su efecto la sed de espiritualidad pareciese no haberse acabado, pues de alguna manera, este "quedarse huerfanos" de la civilización occidental está impulsando a muchos individuos a buscar lo trascendente dentro de su propio mundo. Ocupando la terminología de Heidegger, hay una creciente necesidad colectiva de regresar al dasein (el Ser). Si esto ocurriese y se desarrollara hasta la madurez, probablemente el sueño del Übermensch de Nietzsche encontraría un curioso e inesperado amanecer, y la transmutación de los valores tan anhelada por este pensador, quedaría consagrada en el eterno movimiento del darse cuenta de la vida hacia sí misma.


V.S.







Referencias


Jung, C. (1940) Psicología y religión. España: Editorial Paidos

Nietzsche, F. (1888) El anticristo. Ensayo de una crítica del cristianismo. Chile: Ediciones Gabriela

Nietzsche, F (1883) Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie. Chile: Centro Gráfico

Nietzsche, F (1886) Más allá del bien y del mal. Chile: Centro gráfico

Trugpa, C (1976) El mito de la libertad. Paidos







































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