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miércoles, 27 de mayo de 2026

PODEROSA MEDITACIÓN


La meditación se profundiza

y me hallo uno con la voluntad;

el poder absoluto se reclama a sí mismo en la pujanza de mi magia.


Porque siento la compañía de los grandes dioses:

siento a Mercurio correr por mis venas,

siento su lucro,

su dinero omniabarcante,

su riqueza afluente,

el dorado intenso del oro sideral llegando a mí por medio de mi sincero trabajo,

siendo dado en la riqueza y realeza,

convirtiéndome en noble de mis actos,

en el aristócrata cósmico,

en el mago millonario que canta su intención al son del gran Júpiter,

quien con su trueno fundó la realidad bajo la indescriptibilidad de su origen.


Porque la mística resuena en mí para hacerme despertar a la verdad eterna,

para recordar de una vez por todas el poder inefable que en mi sexualidad habita,

para consagrar el poder de la manifestación primera de los elementos circundantes,

para iniciarme en la magia automática en palabra y orden.


Porque la unidad rebosa en mis entrañas,

el fuego primordial ruge en la verdad de mi corazón,

mi clarividencia se ensancha gozosa,

la potencia de mi palabra adquiere autoridad en todo el cosmos.


Porque me presiden grandes dioses,

porque estoy protegido,

porque soy elegido,

porque mi verbo es el empuje originario de las hénades de luz que quisieron darse densas en el sustrato profundo de la realidad.


Porque soy un mago feroz,

Marte es mi maestro,

y conquisto todo a mi alrededor con tan solo desearlo en palabra e imagen.


Porque tengo la llave de la imaginación creadora,

porque todo lo que en visión se prefigura adquiere su forma concreta en el mundo de las cosas.


Pues domino el arte de imaginar,

y la meditación en el mysterium magnum dota en mí la sacralidad numinosa del ser mismo en todas las cosas.


Porque adquiero maestría instrumental,

adquiero sabiduría,

adquiero potencia,

adquiero mucho dinero,

adquiero éxito y profunda prosperidad.


Porque adquiero protección,

y con mi amada Pilar-Adelia estamos protegidos por las grandes fuerzas cósmicas.


Porque Kalirvalion me da de todos sus frutos,

la ciudad sagrada, ciudad de Dios,

el imperio que lo conquistó todo bajo el mandato de la gran imagen.


Soy quien se da en voluntad para prefigurar la realidad que se manifiesta.


Porque adquiero el control del pasado, el presente y el futuro,

y me convierto en el demiurgo prístino de mi vida toda.


martes, 4 de noviembre de 2025

INFINITA TRANSPARENCIA




Mente,

vacío transparente,

infinito sin límites divisibles,

el espacio búdico se abre sin opción de ser comprendido por la contemplación del pensamiento.


La meditación se vuelve cristalina

y toca el corazón del diamante incandescente,

esa luz inaudita, imperecedera, que precedió a todos los eones del cosmos.


La luz lo inunda todo,

la luz da una enorme claridad,

la luz disuelve los fantasmas, las viejas dificultades menores de antaño.


La luz se proyecta hacia lo infinito

y se perfila ante el mago como puro poder,

pura voluntad,

el corazón mismo de toda la manifestación y los fenómenos del mundo.


La luz está aquí presente,

y no es necesario practicarla de forma alguna.


La luz, la verdad, la pureza de la invisibilidad está ya dada en su verdad fundamental.

En la luz, en la transparencia de la gran mente, la respiración se ensancha y hay un gran júbilo, un gran alivio, un descanso que logra realizar la comprensión de que la protección siempre está allí presente.


El poder mágico yace disponible en todo momento,

y efectúa su poder en todo momento, en cada acontecimiento del presente imperecedero.


La luz incandescente,

porta sobre sí todas las posibilidades de los acontecimientos,

de lo posible e imposible,

trasciende las posibilidades, trasciende el concepto de verdad,

es el todo y la nada encapsulado en su propia esencia.


El corazón de la realidad

se hace aquí presente, en el instante en el que el viviente reconoce que su respiración precede toda noción de realidad del mundo.


Porque el mundo es creado a la propia voluntad,

el mundo está bajo las órdenes de la luz,

y Yo Soy la luz, la esencia de la ipseidad eterna.


El mundo cambia bajo las órdenes de la luz,

y es en esta comprensión donde el mago toma su poder

para asumirse como el arquitecto primordial del cosmos.


Porque Yo Soy Dios,

Yo Soy el ser primordial,

Yo Soy aquel que tiene el poder absoluto de toda la manifestación.


Yo soy quien, bajo mi deseo, transformo la realidad a mi favor y a mi parecer,

porque puedo efectuar cambios inauditos con tal de hacer cumplir con mi voluntad.


La mente es infinita,

atemporal, de una transparencia exquisita y ecuánime,

La mente, que Yo Soy, tiene el poder absoluto sobre toda la manifestación.


De ahí que los triunfos y las glorias vayan a ser la regla de los futuros venideros.


sábado, 1 de noviembre de 2025

LA EXPANSIÓN DE LA GNOSIS




La meditación se da natural,

por sí sola, 

por sí misma,

sin esfuerzo alguno o intención particular de anhelos referentes.


La meditación se da a sí misma,

y se doblega hacia la intemporalidad de las verdades eternas.


La meditación abre la percepción de lo invisible,

abre la visión de la verdad bajo el destello gozoso del sí mismo eternamente dado a sí mismo en su primera carne.


Porque Dios fue el sí mismo, que se dio a sí a través de la proclamación de la verdad de su manifestación y reconocimiento.


La visión se profundiza y así el mago acrecienta su poder,

su dominio,

su voluntad que se imprime en los contornos del mundo.


Las visiones son inauditas,

indescriptibles bajo cualquier parámetro,

visiones que traen goce, felicidad, y el sentimiento de cobijo,

aquel cobijo materno, nocturno, de estar en los contornos de la verdad misma,

de ser aquella verdad auto-manifestada en la esencia de todas las cosas.


La percepción se vuelve sideral, llena de colores,

la percepción va más allá de sí misma, hacia las estancias más lejanas del origen,

la vida y el mundo se unifican,

revelan su co-pertenencia eterna.


Dado así las cosas, es que el verbo revela sus secretos al gran Mago,

discípulo de los arcanos de la realidad,

alumno de las estancias silenciosas del hálito eterno del Único. 


Un recorrer,

una circunvalación,

un eterno ir y venir hacia lo que siempre fue lo mismo,

tan solo es la eternidad hablando de sí misma en todo lo que existe,

porque el infinito está en todo, y todo en lo infinito.


No hay forma de estar ajeno a la verdad,

porque la verdad siempre triunfa en la inmanencia de su no-separatividad.


La verdad es la vida,

el silencio,

la potencia de todos los universos disponibles,

y aún por haber,

bajo la configuración original de todas las posibilidades.


La gnosis mayor,

el conocimiento de todos los conocimientos,

así el mago se goza en sí, para adquirir un dominio completo de su mundo.


La meditación se dará justa y natural,

y traerá dicha, abundancia, y enorme poder para quien la recibe.


Así es y así será,

bajo todas las posibilidades de lo invisible.

 

sábado, 8 de abril de 2017


EL DARSE CUENTA: LOS PRIMEROS PASOS DE UNA CONSCIENCIA VACUA



Decir cosas siempre puede acarrear dos consecuencias: la primera y la más común, es construir una base en donde se desglosa esa cosa dicha (el discurso); y la segunda, que es menos común, es dar apertura creativa a algo que va más allá (o más acá, depende de la perspectiva) de las palabras. En la primera consecuencia, podemos incluir en ella a todos los discursos filosóficos, intelectuales y científicos que tenemos como cultura humana. En la segunda, en lo que respecta a la creatividad, se diferencia de la primera en que ésta verdaderamente no puede definirse del todo. Podemos observar que hay ciertos personajes que poseen un "algo" a lo cual se lo podría encasillar en la segunda categoría de "cosas dichas"; tales como un Krishnamurti, Fritz Perls, Gandi, Alan Watts, Silo, Tich Nat Han, Matías de Stefano, entre otros. Sin embargo la profundidad creativa de estos personajes, en sí misma no puede ubicarse en categorías definidas. Es tan así que todos estos personajes citados no puede concebírselos sin una atmósfera de misterio característico y común.

Para hablar de un tema tal como el "darse cuenta", inevitablemente debemos entregarnos a una forma creativa y dinámica tanto para expresar como para "entender" (aunque "entender" pueda ser algo muy limitado) lo que queremos conversar. Pues, el darse cuenta, si bien es un concepto que ha llegado a formar parte de un cliché dentro de los ambientes psicoterapéuticos gestálticos y espirituales, en realidad, con esta palabra no nos referimos a nada más sino a nuestra realidad inmediata. Es por esto que hay que ser ágil y simple al abordar el fenómeno de lo que es darse cuenta, pues no es un concepto, no es un discurso filosófico, tampoco una idea vaga o ideal: se trata de algo que está sucediendo todo el tiempo al rededor de nosotros, y es tan simple, pero tan simple, que nuestra mente y capacidad intelectual no puede (o no quiere, más bien) comprender.

Por lo tanto esta tarea es un tanto vertiginosa, ya que al hablar del darse cuenta, nos referimos a algo que está siempre sucediendo y que siempre es nuevo. El darse cuenta, es como observar un río: puedes verlo horas y horas, intentar retener todos los movimientos del agua, puedes realizar teorías y mediciones con el objetivo de comprender el río en su totalidad; sin embargo al final del día quedarás agotado, ya que tu intento por retener el río fue totalmente nulo. Hiciste todo lo que pudiste y sin embargo el río seguía ahí, fluyendo y fluyendo, arrastrando litros y litros de agua por segundo. Te das cuenta que el río siempre es nuevo, que cada vez que lo miras y lo vuelves a observar, no es la misma agua que la que contemplaste hace un milisegundo atrás. De esta manera, estamos tratando con algo que siempre es nuevo, que en sí mismo no tiene referentes, que no tiene réplica anterior. 

Pero no nos compliquemos, el secreto de todo esto es que hay una simpleza extraordinaria e incluso cómica en la vida que estamos experimentando. Y para no enredar la madeja, es bueno aclarar que el darse cuenta no es un discurso intelectual, no tiene que ver con el pensar, no tiene nada que ver con un ejercicio de voluntad a modo de desarrollar una facultad extraordinaria. Estamos hablando de otra cosa. Por ejemplo, al observar por un momento a un águila que vuela merodeando el valle de una montaña, tal objeto de percepción (que es el águila) no se presenta ante nuestro espacio sensorial en base a un esfuerzo especial que deba realizar el ave, y tampoco por un esfuerzo de voluntad por parte del observador, el águila simplemente está allí presente ante el observador. Por el momento no es conveniente introducir aquella famosa interrogante filosófica sobre si la percepción del observador remite a características esenciales y objetivas del objeto (pensamiento positivista), o si aquella percepción es simplemente una proyección de la propia perceptualidad del observador (filosofía idealista). Simplemente nos atendremos a que la experiencia de la percepción solamente sucede, y ese suceder en sí mismo es un fenómeno instantáneo que posee su propia y total significación. A ese suceder, que es constante y fugaz, y que además no requiere de esfuerzos o reflexiones de un observador dado, le llamaremos el momento presente.

El momento presente, es toda la realidad que estamos experimentando aquí y ahora. Es simple pero fugaz, pues escapa constantemente de nuestro pensamiento y nuestras categorías racionales. El momento presente funciona con la misma "lógica" que con la fugacidad del río mencionado en la metáfora de unos párrafos más arriba. De este modo, el darse cuenta y el momento presente no son fenómenos estrictamente distintos, más el darse cuenta vendría a ser un "percatarse" del suceder del momento presente, que finalmente no puede decirse que estén separados. Muchas tradiciones espirituales han dado énfasis a este fenómeno, siendo el Budismo, el más característico y certero en traducir este entendimiento. Pero tampoco es conveniente identificar este fenómeno, esta capacidad de la realidad, con una tradición espiritual específica. Las religiones, las enseñanzas espirituales, en mi opinión son representaciones y traducciones de esa realidad esquiva que no puede ser atrapada por las palabras, por lo tanto confundir las traducciones de esa realidad con su representante es esterilizar las posibilidades de sumergirse en el fenómeno presente de manera directa. Las tradiciones espirituales son mapas y guías que han ofrecido (y ofrecen) al ser humano una aproximación al fenómeno de la vida; pero la vida, la consciencia, son fenómenos que en última raíz no dependen de cultura alguna.

Llegando a este punto, algún lector se podrá estar preguntando: ¿cómo uno puede desarrollar esta facultad del "darse cuenta" en nuestra vida diaria? Esta pregunta puede abordarse desde muchos ángulos, y una forma un poco desconcertante de hacerlo, pero dueña de una gran paradoja, es dar la simple respuesta que realmente no hay un cómo. Krishnamurti solía decir que las preguntas que engloban un "cómo", son preguntas erradas que nacen de una comprensión limitada de la realidad. Cuando preguntamos por el "cómo" desarrollar una facultad, en el fondo lo que estamos buscando es un método, una certeza y unos pasos definidos para obtener algo deseado para nosotros. Lo deseado siempre es algo imaginado, ya que el deseo está directamente relacionado con la imaginación, por lo tanto siempre se desean cosas que no se encuentran en el instante presente, cosas que no son; puede que en algún presente próximo ese hecho deseado por nosotros pueda presentarse, pero por el momento, el presente actual nos está hablando de otra cosa. ¿cómo desarrollar algo que ya está sucediendo? Ése es el asunto, el darse cuenta no puede desarrollarse, porque no es algo que se encuentre en el futuro, es algo que ya está aquí mismo. Por lo tanto no hay un desarrollo del darse cuenta, si no que simplemente hay darse cuenta. De instante en instante, atendiendo a lo que es, se abren las puertas de la realidad, por lo tanto no se puede decir que haya progreso ni retroceso, sino simplemente una apertura constante hacia lo que es nuevo.

¿Qué queda entonces? Radicalmente: nada. Pero, ¿qué es lo que hace que una mente, un ser, se de cuenta de todo este movimiento de la realidad, si es que a fin de cuentas no puede hacerse "nada"? Estar en contacto con lo que es, y estar en contacto con lo que es, implica meditación, y la meditación no es otra cosa que el darse cuenta. En el Zen existe la noción de que lo que trae confusión y sufrimiento al discípulo, es creer que éste existe, y la noción de la existencia propia está aparejada con la noción de conocimiento sobre el mundo. Cuando yo conozco me separo, pues la mente crea una abstracción de la cosa conocida, generando una separación entre el conocedor y el objeto de conocimiento. Por lo tanto, la verdadera sabiduría es trascender nuestros conocimientos ordinarios y descubrirnos como una mente, como una gran consciencia ignorante sobre sí misma, como un gran espacio vacío donde nada ha surgido y donde nada surgirá. Ese es la unidad total, esa es la naturaleza  incondicionada de Buda.


H.S.










viernes, 6 de enero de 2017

VIVIR SIN REFERENTES: UN ESPACIO ABIERTO A LO DESCONOCIDO

Es común en la cultura científica, que se exija a los investigadores trabajar en base a referencias y bibliografía que sustenten la exploración empírica que se llevará a cabo en la investigación. De esta manera, todo experimento, toda acción metodológica del investigador se direcciona a confirmar o desechar ideas, pero, aunque el experimento logre desechar una idea o teoría, rápidamente se ve reemplazada por una nueva explicación que el científico le otorga. Si bien no es mi intención hablar de ciencia en este escrito, arrojo esta idea porque representa de buena forma el modo de pensar y la forma de vivir que tenemos los humanos hoy en día.

Cuando hablo que nuestra forma de vivir se asimila al pensamiento científico, no me refiero a que nuestras vidas sean razonables, metódicas, empíricas y lógicas; tampoco digo que esas cualidades de la ciencia sean las que la vida humana debiese tener. Me refiero, a que nuestra formas de pensar, de sentir, de actuar y de relacionarnos, están íntimamente ligadas a referencias que a lo largo de la vida hemos incorporado. Pero ¿a qué me refiero con referencias?, ¿qué implican las referencias en nuestro diario de vivir?

Si examinamos detenidamente nuestras actividades diarias y vemos cuáles son nuestras acciones y reacciones que se relacionan con éstas, observaremos que cada una de ellas está guiada por un punto de referencia; es decir, una noción, una idea o pensamiento, que se ubican en una especie de telón de fondo en nuestra consciencia. Estas ideas y nociones, guían al individuo en la elección de sus acciones y sobre cuáles son las formas correctas e incorrectas de realizar una actividad. De esta manera las referencias actúan como la base donde se determinan los debería y no debería de una acción. Por lo tanto, las referencias son nociones mentales, son pensamientos que se configuran como verdaderos mapas para la interpretación de nuestra realidad.

Por otro lado, las referencias mentales se configuran y operan en cada individuo, pero también tienen un origen social y colectivo. Aquí no interesa si el huevo fue primero que la gallina o viceversa, simplemente observamos un fenómeno que se desarrolla en dos dimensiones fundamentales: en el ámbito psicológico, y en el ámbito social. En el funcionamiento colectivo, las referencias están en todos lados. Se podría decir que la sociedad misma se edifica en un castillo de referencias. La tradición, la escuela, los gobiernos y la publicidad, son ejemplos de lugares en los que se generan y se perpetúan las referencias que la colectividad maneja en sus vidas cotidianas. La educación nos educa moldeando nuestro comportamiento para someternos a la sociedad, la publicidad crea necesidades falsas e incita el consumo; los gobiernos nos imponen ideologías y leyes que configuran nuestros pensamientos y actitudes; etc. Todo esto constituyen referentes que moldean el pensamiento y las acciones de todos los individuos.

Dicho de manera, los referentes corresponden a todas las nociones culturales que nosotros llevamos dentro. Estas nociones culturales, como se viene diciendo en párrafos anteriores, son guías de conducta. Es decir, las nociones culturales condicionan la forma en que vamos a desenvolvernos en la vida cotidiana, llegando incluso a determinar la vida completa de un individuo. Por lo tanto podemos afirmar que los referentes mentales funcionan en base a la imitación: la mente crea una imagen, un ideal, y la persona realiza esfuerzos para mimetizarse con esa imagen mental que se ha creado. Por ejemplo, la imagen de un adulto en un automóvil lujoso junto a una chica guapa, puede condicionar la creencia de que para conseguir sexo debo tener dinero y prestigio; o la imagen católica de una vida después de la muerte, incita a las personas creyentes a expiar sus pecados alejándose de las tentaciones del cuerpo; etc.

En base a estas nociones vamos configurando nuestro pensar. Es a través de la experiencia, que la mente va acumulando conocimientos, estos conocimientos se van articulando hasta configurar los referentes mentales de los que hablamos. Todo el pensamiento se basa en referentes. Para pensar, necesito una idea preconcebida, una imagen, una experiencia que me permita comparar los estímulos de la realidad con el conocimiento que ya poseo. Por lo tanto todo pensamiento, por muy sofisticado o erudito que pueda ser, se basa en referentes, y por lo tanto, en la imitación. Para confeccionar ideas, necesito de ideas previas para realizar un "nuevo" pensamiento. Pero esta novedad del pensamiento, es ilusoria, ya que el pensamiento mismo se basa en una construcción, en una serie de referentes y paradigmas que configuran nuestra propia realidad.
Todo lo hablado hasta aquí puede llevarnos a reflexionar, que nuestros pensamientos, nuestras emociones y acciones no son auténticas. Puede sonar duro, y probablemente más de algún lector reaccione en desacuerdo con esta afirmación. Sin embargo, todo lo que hacemos tiene un referente cultural que hemos aprendido y por lo tanto imitado. Vivimos vidas de segunda mano, ya que antes de vivir, antes de experimentar el fenómeno de la vida en sí misma, estamos todo el tiempo encasillando en nociones, ideas, percepciones y experiencias previas que hemos vivido. Por eso digo de segunda mano, ya que nunca nos encontramos con el hecho mismo de la vida, sino que siempre nos relacionamos con ideas acerca de la vida. De esta manera siempre la carga de nuestro pasado nubla el momento presente en el que nos encontramos. Así nos creamos la ilusión de una continuidad, de una especie de serial, de película que se haya en nosotros. Somos personas con historias que navegan en la deriva de la vida. Sin embargo, esta continuidad no es más que una interpretación, una creencia sobre nosotros mismos.

Llegando hasta este punto, es posible preguntarse ¿qué es la vida, aparte de todos los referentes que nos hemos construido? ¿qué es la vida, más allá del pensamiento? Ante estas preguntas, nos damos cuenta que la experiencia del vivir es algo desconocido, algo que en sí mismo no tiene referentes. Es una apertura, un constante fluir, un movimiento holístico y dinámico que sucede en un espacio abierto que llamamos presente. Uno no puede relacionarse con este movimiento, si vive identificado con los referentes mentales que posee en su interior. Los referentes mentales, son núcleos que separan la experiencia, son centros en los que la realidad se divide en dos: el yo y la realidad.

Nuestra identidad misma es un referente, en la nave nodriza de todas nuestras concepciones mentales. Decir "yo", decir "tú", decir "mío" y "tuyo", es la expresión directa de nuestra división como seres humanos. Es el pensamiento, las ideas, las que configuran la ilusión de una experiencia separativa, de una existencia objetiva separada del universo. Pues los referentes nos hacen pensar que la ideas que tenemos sobre la realidad, son la realidad. Sin embargo, esto no es más que una vulgar ilusión, una ficción de nuestro pensamiento. Por ejemplo, al nombrar la palabra "silla", podemos de inmediato imaginar el referente que hemos confeccionado de dicho fenómeno que llamamos silla. Sin embargo, ese fenómeno que llamamos silla ¿es realmente una silla? ¿qué es ese fenómeno más allá de las palabras que podamos concederle? para lástima de nuestro ego: no lo sabemos.

Llegando a este punto, nos damos cuenta que vivimos en una realidad que hemos normalizado, que hemos vulgarizado con nuestros referentes. Vivimos una vida ordinaria que en realidad es extraordinaria. El más insignificante fenómeno, esconde el misterio de todo el universo y la vida, pero es nuestro pensamiento y nuestros referentes los que solidifican la riqueza de la realidad. Lo que sea la vida más allá de nuestras ideas, nadie puede afirmarlo, sin embargo, en cada instante está en cada uno de nosotros la posibilidad de abrirnos a este espacio desconocido que llamamos vivir. Lo que encuentre cada uno en este espacio, nunca podrá expresarse con palabras.

H.S.


jueves, 28 de julio de 2016

SOBRE LA MEDITACIÓN



Luego de una pausa dubitativa que tuve antes de iniciar este escrito, me ocuparé de un tema, la verdad es que bastante complejo, tanto intelectualmente como experiencialmente: me refiero el tema de la meditación.

http://www.planetaholistico.com.ar/Zen/zen-budismo3.jpgMás que una revisión histórica sobre la meditación en las diferentes culturas, más que una instancia de religiones comparadas, intentaré indagar un poco y en la medida de lo posible, sobre el tema de la meditación como experiencia directa.

Las diferentes religiones, las diferentes enseñanzas espirituales, ya sea las occidentales o las orientales, han añadido a sus enseñanzas (de una u otra forma, con diferentes traducciones) el tema de la meditación. Particularmente, en este escrito me ocuparé tomándome de un lenguaje más similar a las tradiciones de oriente, específicamente, el budismo (en todas sus vertientes), y secundariamente el hinduísmo. 

Primero, en estas tradiciones, se pueden percibir dos acepciones importantes y fundamentales de la meditación. Primero que nada, se la entiende como una práctica, como una praxis, en la cual la persona realiza ciertos esfuerzos, cierta disciplina en pos a un "objetivo", relacionados con el armonizar la mente, observar la mente, autoconocer la mente, etc. Por otro lado, otra acepción importante, que sería la segunda cara de una misma moneda de la meditación en oriente y en el budismo, es que se habla de que la meditación en sí misma es un estado específico y trascendental de la mente: un estado específico de comprensión y de conocimiento trascendental. De esta manera estas dos concepciones de la meditación no se contradicen, y al parecer están una ligada con la otra; es decir, se comprende a la meditación como un medio y como un fin al mismo tiempo.

Pero, llevando este tema a la experiencia presente (que es justamente en lo que consiste la meditación), podemos preguntarnos ¿qué es la meditación?, ¿es un estado particular de reflexión?, ¿es un estado particular de observación, de uno mismo y del ambiente?, ¿es un estado de relajación?, ¿es un estado de comunión con Dios?, ¿qué es la meditación?

Frente a estas preguntas, inevitablemente surge un abismo frente a nosotros, un vacío de toparnos con imposibilidad de penetrar la meditación por medio del intelecto; cosa paradójica, porque es justamente eso lo que más o menos estamos haciendo. Pero para que este diálogo no sea una intelectualización sobre la meditación, se cuidará en expresar los enunciados y afirmaciones, desde la experiencia misma de la meditación; es decir, no generar ideas acerca de la meditación, sino que generar un diálogo que tenga como base la experiencia meditativa.

Por lo tanto, podemos entender que la meditación, es una práctica y un estado, en el cual la atención se sitúa, y se podría decir, regresa a un estado originario, a un estado preconceptual de la mente. Así, la meditación nos permite y nos invita a relacionarnos de una manera preconceptual con el mundo. Preconceptual en el sentido de que invita a cultivar un estado especial de atención que se sitúa a priori o como telón de fondo de todos los fenómenos que surgen en la mente; ya sean en el campo de las ideas (el pensamiento), del campo emocional, o del campo corporal.

La meditación es un cultivo de la atención que permite hacer regresar a la mente al momento presente. En esta práctica de traer la mente constantemente hacia el presente, se va desarrollando una sensibilidad y una forma de percibir las cosas, diferente a la que habitualmente estamos acostumbrados. De alguna manera, la meditación permite darse cuenta, como primer hecho,  de que la mente no está tranquila, que en la mente suceden una serie de sucesos (valga la redundancia) que están en constante fluido, en constante interacción, en constante pugna. Por lo tanto, el primer hecho que hace ver la meditación es que la mente no está en paz y que no tiene control sobre sí misma: no tiene control sobre sus procesos mentales, sobre sus emociones, etc. De este caos mental, se van discriminando una serie de ideas, de pensamientos, de creencias y de conceptos que están a la base del funcionamiento de la mente, y este conjunto de elementos mentales, comienzan a percibirse como obstructores, como distractores de lo que sucede en la experiencia presente: a nivel perceptual, a nivel de mundo (los sentidos).

Como segundo hecho, en este darse cuenta de que estamos llenos de prejuicios, que estamos llenos de creencias, que tenemos pensamientos que no nos dejan tranquilo, observamos que, sorpresivamente, existe sufrimiento en nosotros. Existe un estado de insatisfacción constante, un estado de ansiedad constante, que nos va persiguiendo (en estricto rigor) las 24 horas del día. Ahora, este sufrimiento muchas veces no es explícito, y algunos lectores podrían pensar de que ellos no sufren, de que también tienen momentos felices y placenteros, y que no están todo el tiempo sufriendo. Sin embargo, este sufrimiento del que hablamos, del que permite la meditación observar, es más sutil, es un estado de malestar, de intranquilidad y ansiedad constante en la mente, que la va a llevar inevitablemente -la mente- a generar métodos de evasión a este sufrimiento que padece. 

Los métodos de evasión los podríamos entender como un escape constante y una persecución constante de experiencias que concedan seguridad. Estas experiencias que conceden seguridad son, en estricto rigor, placer. La mente busca, frente a su sufrimiento, experiencias que le concedan placer, y que la alejen del estado de inseguridad en la que se encuentra. Sin embargo la mecanicidad de la mente, no le permite observar de que esta búsqueda de placer alimenta y fortalece el estado sufrimiento e inseguridad que siente en sí misma. Ahí está el meollo paradójico de la mente. Estas técnicas de evación se traducen en cosas tan sutiles como deseos de comprar un chocolate, deseos de tener sexo, deseos de tener una casa, una profesión, una familia, de ser famoso, de que la gente lo ame. Así, la mente va construyendo una serie de dimensiones que buscan perpetuar este placer.

Por lo tanto, en esta búsqueda de placer, la mente va a comenzar a construir estructuras mentales que le permitan edificar una estructura central (ilusoria) que mantenga el placer, que mantenga la seguridad y generar la sensación de que está segura, unida, unificada y estabilizada. Esto se traduce en la construcción de una identidad central, un ego central y una autoimagen que le permitan generar la sensación ilusoria de que en la mente se encuentra una entidad estable (el yo) y continua, capaz de controlar y regular los fenómenos que vive continuamente.

Por otro lado la experiencia meditativa, concede la visión y certeza de que realmente el mundo -la realidad- está siempre cambiando, que la realidad está siempre en movimiento y es impermanente (como decía el Buda). Así que, como la realidad realmente no tiene estabilidad en sí misma, provoca que los deseos de seguridad y placer de la mente se vean constantemente frustrados. De esta manera, la realidad va cambiando y atropellando (algunas veces suave y otras veces abrupta) los ensueños placenteros de la mente, llevándola finalmente a un mayor sufrimiento, porque la mente a pesar de sus esfuerzos, observa que no puede mantener esta seguridad. Entonces va por más y por más, con la esperanza de algún día alcanzar la seguridad deseada, embarcándose una persecución constante que no tiene fin.

Así que, todo lo que se ha estado hablando tiene que ver con la experiencia del sufrimiento y el deseo. Pero durante la meditación misma, cuando se empieza a ahondar en esta dinámica mental, uno empieza a caer en cuenta de que el sufrimiento sentido por nosotros, tiene mucho que ver con los preconceptos e ideas que nos hemos hecho sobre nosotros mismos y sobre la vida. A su vez, al ahondar sobre esas ideas y preconceptos, nos vamos dando cuenta de que realmente no tienen una sustancia o una realidad propia y trascendental; nos damos cuenta de que nuestras ideas no dan cuenta de la realidad en la que vivimos, que la realidad es algo mucho más allá, y realmente no tenemos idea qué diablos es esto. Por lo tanto aquí viene el asunto complejo: en esta observación de la mente, se comienza a percibir de manera insólita y a veces muy tenue, que en la experiencia presente, existe algo que está "fresco" fundamentalmente, algo que está libre de sufrimiento, algo que es puro, que ha estado siempre, pero que la experiencia del sufrimiento impide la atención de esta especie de frecuencia o susurro, de una armonía insólita, una armonía secreta y abierta en el momento presente.

Aquí viene lo complejo, porque en estricto rigor esta experiencia, esta percepción de armonía, finalmente comienza a alejarse de lo conceptual. Pero esta armonía, al parecer está relacionada con una "experiencia" de silencio, o un silencio que es desconocido, cuyas profundidades no se conocen. Un silencio que comienza aparecer en la medida de que la mente observa. En este silencio algo parece comenzar a abrirse en uno mismo, y algo parece desaparecer en uno también, es este instante en el que el "yo" comienza a difuminarse: se comienza a caer en cuenta de la ilusoriedad del yo. Todo lo que se intente conscientemente para poder atrapar este silencio es en vano. 

Muchos maestros, muchos iniciados, hablan de que fundamentalmente en el silencio se encuentra la raíz de la mente y la raíz de todo lo que existe. Sin embargo todo esto es complejo, ya que esta verbalidad que estamos llevando a cabo no va a penetrar ni comprender la naturaleza del silencio. Por lo tanto, conviene optar por una actitud que consista en abandonar la pretensión de poder comprender intelectualmente todo esto que sucede en el presente y en las profundidades de la meditación. Más allá de esto, no podemos  hablar.


https://valleydragondotorg.files.wordpress.com/2015/08/zazen1.jpg


V. S.



Anexo: para la profundización en este tema, aparte de la práctica de la meditación, recomiendo los siguientes textos:

Deshimaru, T. (1979) La práctica del Zen. Barcelona: Kairós.

Watts, A. (1999) Budismo. Barcelona: Kairós.

Trungpa, C. (1976) El mito de la libertad. Barcelona: Kairós.

Krishnamurti, J. (1954) La libertad primera y última. Barcelona: Kairós.

LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...