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jueves, 28 de mayo de 2026

EN EL TEMPLO MAYOR DE JÚPITER



El fuego central se mostraba poderoso

mientras los monjes entablaban sus cantos frente a la gloriosa estatua de Júpiter.


El templo estaba lleno de tonalidades doradas;

riquezas de todo tipo yacían ahí, ofrendadas al dios,

y los ornamentos brillaban gloriosos bajo el oro sagrado de su tratamiento.

La numinosidad que acaecía en esos espacios era una experiencia que no podía referirse con palabras precisas.


El poder se sentía en potencia,

la sacralidad del mysterium desplegaba su transparencia entre los asistentes

y el Templo Mayor de Júpiter de la ciudad de Aramtricia brillaba con luz invisible,

atrayendo sobre sí la riqueza superior del dios padre, asegurando la expansión y la gloria venidera de Kalirvalion. Pues era sabido que Aramtricia poseía una tradición jupiterina extremadamente rica y compleja; los ritos celebrados en la ciudad eran admirados por todos los ciudadanos del imperio.


Porque la belleza florecía en la devoción de sus practicantes,

la potencia mágica podía presentirse en la vibración de sus espacios

y el Templo Mayor de Júpiter era la prueba viva de aquello.


Porque así rugía el canto de los teurgos:

se proyectaba a realidades celestes

para prefigurar la abundancia venidera.


Eran cantos sublimes,

de lenguaje ininteligible,

solo identificados por Júpiter-Zeus, quien en su omnisciencia recibía las ofrendas y se alimentaba de la grandiosidad que en Aramtricia acontecía.


Porque los teurgos de Aramtricia eran iniciados,

verdaderos receptores de la revelación divina

verdaderos receptores de la gnosis, 

que en certeza absoluta ejercían su su proceder.


Y así se daba todo: el templo entronaba sus llamados,

estableciendo la conexión indispensable con las hénades primeras.


El horizonte del porvenir se mostraba como una promesa y dicha para la cultura aramtriciana.


jueves, 21 de mayo de 2026

VICTORIAS NAVALES



Excelsa flota naval de la sagrada Kalirvalion

que con furia aplastaba a los navíos enemigos,

se alzaba monstruosa hacia la conquista de los nuevos horizontes marítimos.


La batalla se veía tremendamente favorecida para el imperio prometido,

que tenía la seguridad del cobijo jupiteriano.


Los arcángeles cantaban los buenos augurios,

y el general Rilaxio comandaba sus huestes con el éxtasis de la victoria encaminada.


El escenario era extraordinario,

una ola de poder sobre los enemigos, que uno a uno sucumbían frente al ímpetu invulnerable de Kalirvalion.


La batalla se daba en favor de la luz,

el destino victorioso le pertenecía al imperio prometido,

que no hallaba límites en la expansión de su poder.

Pues era sabido que el mar de Valivar era abundante en islas metalúrgicas,

llenas de oro y buenas especias,

de dignidad y abundancia sacra.


Toda la abundancia era por derecho el destino de los grandes kalirvalianos,

y Júpiter beneficiaba su poder para la consecución de la gloria expansiva.


Los soldados luchaban con orgullo, con pasión aguerrida, con la valentía de ser los elegidos del gran dios. Porque el dios supremo era su regente, el rugido de su inspiración profunda, su señor quien dictaba los designios de la gloria eterna.


Porque el ejército de Kalirvalion era imparable, y aquella batalla matutina no fue la excepción. El poder de la luz se abría paso para derribar a todas las naves insurrectas e insolentes con el gran reinado sagrado.


Fue así como la extinción del enemigo fue la regla,

y los navíos fueron hundiéndose uno a uno hasta despojar a las islas de Valivar de su protección ilegítima. Se hundía en la derrota enemiga a los insolentes que osaron con ingenuidad desafiar al Sacro Imperio Kalirvaliano.


A eso del medio día fue que la victoria pudo cantarse para los buques kalirvalianos,

que con gloria intacta recibieron la victoria excelsa bajo Helios, que les cantaba con su hermosa luminosidad.


Fue así como se dio la consumación de la conquista marítima y la nueva anexión de las islas sureñas.


Una victoria de la que quedarían resonando ecos en toda la eternidad.


martes, 19 de mayo de 2026

LA EXPANSIÓN EXPONENCIAL DE LA RIQUEZA KALIRVALIANA


Y allí estaba volando Mercurius Lucrum, de ciudad en ciudad, como la fuerza omnipresente que aquel realmente era, repartiendo el oro divino hacia los diferentes puntos energéticos de Kalirvalion.


Voló por el puerto de Pelidión, activando los núcleos lumínicos de la energía abundante: el padre Júpiter quería a ese puerto especialmente activo para las próximas semanas, pues estaba vaticinado que llegaran muchas nuevas reliquias al dominio kalirvaliano, provenientes de las recientes y lejanas colonias conquistadas por el excelso ejército.


Así entonces era como Mercurius ejecutaba las órdenes del grandísimo, potenciando los puntos estratégicos de la abundancia sacra.


Esta operación tenía un fundamento mágico secreto que solo algunos grandes iniciados del reino sabían. Todo el movimiento estaba en relación a generar nuevas condiciones materiales para proveer de un receptáculo firme y fuerte a un nuevo ciclo de espiritualización en Kalirvalion.


Júpiter, quien en su omnisciencia comandaba este proceder, tenía planificado para Kalirvalion consagrarse como una ciudad receptáculo de las hénades primordiales de la realidad una. Lo que estaba sucediendo en Kalirvalion era un proceso de encarnación: los dioses estaban adquiriendo forma para poder operar en los dominios densos y así espiritualizar la materia y ennoblecerla bajo el dominio de la inteligencia superior.


Y para esto, Kalirvalion debía volverse eternamente rico; las riquezas debían ser extraordinarias, el oro de inconmensurables cantidades, para así consagrar el receptáculo perfecto para el proceso de henosis colectiva.


De ahí que Mercurius activara todos aquellos puntos, pues eran los preparativos necesarios para las próximas etapas del proceso alquímico imperial.


Esto, en términos concretos, significaría un extraordinario incremento de riqueza para todas las esferas de la población. Todos se harían más ricos, a un nivel que ningún tipo de reino o sistema político ha contemplado con anterioridad.


Ese era el mandato, y aquello era lo que debía realizarse. Júpiter era el benefactor de un impresionante proceso de enriquecimiento espiritual.


Porque lo sacro, en Kalirvalion, era sinónimo de riqueza, y para sacralizar la tierra se debía lucrar hasta alcanzar cantidades de excedentes cada vez más extraordinarios.


Así se daban las cosas, y Mercurius Lucrum hacía su trabajo en todos los rincones del imperio.


sábado, 9 de mayo de 2026

A JÚPITER


Júpiter,

Padre celestial,

Padre primordial,

gobernador magnánimo de las esferas celestes.


Padre de todo lo que surge y resurge en el eterno retorno de las cosas mismas,

dador de la vida y la donación originaria,

numen de la fenomenicidad, creador omnipotente de todas las potencias.


Padre infinito que en infinitud te proyectas hacia latitudes hoy inciertas por el hombre,

en este instante tu hijo sideral te reza y te recuerda en el rincón luminoso de su corazón ardiente.


Porque tú omnipotencia rebalsa toda palabra,

porque tú misterio es la materia primordial de todas las posibilidades,

porque tú belleza reside en el poder de la gobernanza y la sabiduría gestora de los grandes reinos.


Tú fuerza hace crecer todos los grandes proyectos,

tú sublime visión ordena el caos y da cosmos a quienes buscan la gloria eterna de los dioses,

porque tu eres quien funda los imperios elegidos

tú eres quien da gloria y majestad a quienes te rezan,

tú eres quien expandes el dinero para la consecución del gran poder,

tú eres el emperador

tú eres el rey eterno,

tú eres quien da lo que da y es justo con sus fieles hijos.


Porque tu eres la vida, eres la invisibilidad,

eres todo lo que es y no es, y la negación de toda dualidad onto-teológica,

eres la verdad,

eres la clarividencia,

eres el pasado y el futuro,

eres lo que rebalsa y vacía la inspiración de los muchos,

eres quien canta bajo su manto invisible de potencia y pujanza estruendosa,

eres el rayo mayor, el trueno que ruge en el súbito aparecer de los acontecimientos,

eres la realidad en su más pura esencia de auto-afección y carne infinita,

eres Dios supremo, verdad absoluta,

eres la fugacidad de la iluminación, el éxtasis de la visión divina,

eres la expansión de lo incierto, el misterio profundo.


Tú todo lo contienes, omnipresente bendactor.


Que quienes te rezan gocen siempre de tus bendiciones,

que sean testigos de tu luminiscencia, de tu numen, de tu mysterium magnum,

y para ellos sea concedida la prosperidad financiera y la riqueza de todas las riquezas.


Que tu presencia derrame la seguridad y la abundancia omnipresente

y siempre des pan y lujos para quienes te recuerdan.


Sé tú quien de la vida imperial para quienes aspiran a imitarte aquí en la tierra.


Sé bondadoso, padre absoluto, sé compasivo con tus hijos quienes buscan en ti la gloria eterna.


Que la abundancia siempre abunde y la vida buena pueda encarnarse bajo la guía de tu extraordinaria inteligencia.


martes, 5 de mayo de 2026

EL SEÑOR DE LA ABUNDANCIA



La alianza es indestructible

el flujo de las ganancias se expande hacia las latitudes invisibles de las 7 estancias,

la fugacidad del instante evidencia su eternidad bajo la mirada el sabio mayor,

Júpiter está presente, presente en la más viva de sus versiones

y hace de Kalirvalion el receptáculo mayor de los acontecimientos futuros.


Porque la visión del ante ayer deja su huella en los teúrgos que buscan re-conectar el vínculo primordial de todas las cosas, la estratificación de las divisiones divinas deberían ser exactas bajo las condiciones siderales de sine qua non.


Dijimos a tiempo real que la abundancia aparecería como torrente

y así fue en el desarrollo de los acontecimientos estratosféricos,

el dinero infinito hizo su manifestación en los sueños reales de los dictámenes de la realidad,

en la antesala del silencio perfecto, allí donde los lobos daban sus buenos aullidos en el momento donde la claridad de la civilización aún no se hacía evidente en el recorrido de los acontecimientos.


La diferencia amildonanda no es precisamente una justificación de las recapitulaciones ententes y para siempre. Las cosas deben tomar su curso en la materialización del gran oro. porque debe visualizarselo, debe sentirse en el sustrato más profundo de la sangre interior,

debe de ser intuído en las regiones discontinuas de la materialidad y la usanza de las majestuosas encantadas cascadas y afluentes eternos.


Descuidemos la preocupación del piso seguro de la mente racional,

pues es más bien Júpiter quien dará el sustento de todos los movimientos posibles,

porque el es el gran monarca, el archi-poder dado así mismo bajo el trueno ensordecedor de la fenomenicidad, el fue quien dio inicio a la majestuosa realidad, a la estrafalaria manifestación de los rincones diferentes de la laberíntica posibilidad de los muchos.


Porque Júpiter es riqueza, y Júpiter es uno con Kalirvalion,

así es, así son los designios de las escrituras invisibles, así se da la verdad de la cuenta viva en intenciones vanas y fugacidades inciertas, pues los encuentros infinitos deben recibirse bajo el asombro uno de lo inmanifiesto.


Recapitulemos: todo se da en la abundancia infinita de la pujanza mayor del semen sideral,

todo proviene de la creación primordial del eterno devenir del Yo Soy bajo la estricta necesidad de manifestar un espejo de su propia infinitud.


Así es que el triunfo está asegurado bajo la jurisdicción del gran padre,

porque Júpiter, padre primordial, dador de todas las riquezas, es quien guía los pasos y protege el recorrido de quienes creyeron siempre en la imperialidad, en el poder eterno, en el orden justo de la gloria sagrada de un reino superior.


Recemos entonces a la sacralidad de quien nos ha dado en la vida y nos conduce a la multiplicación de las riquezas. Pues Júpiter recibe los cantos que se han realizado en la intimidad más astuta de la polaridad sagrada.

¡La gloria eterna es para Kalirvalion!


miércoles, 29 de abril de 2026

EL ÉXITO DE FILAXIO


Filaxio estaba extremadamente entusiasmado al comprobar por él mismo el poder de sus capacidades mágicas.  Desde que le había estado rezando a Júpiter, sus ventas de arte se habían disparado por los cielos. Nunca había experimentado un flujo de dinero tan abundante, nuestro artista estaba sorprendido. Las sincronicidades se habían activado por doquier desde que inició sus trabajos esotéricos con el gran largovidente. La vida se estaba dando muy nutrida, con mucho empuje y energía trascendente. El dinero iba y venía bien a cada uno de sus pasos.

Tan así que el taller comenzaba a crecer sin que su mente pudiera asimilar todo lo que estaba sucediendo. Nobles solicitaban sus trabajos; templos, recintos militares, municipalidades estatales, su buen arte comenzó a difundirse por todo Kalirvalion.

Fue así que Filaxio comenzó a abrirse paso entre las filas de los artistas y a ganarse un espacio respetado entre los grandes. La vida de Filaxio iba conduciendo al éxito y la gloria, sin que siquiera él pudiera darse cuenta.

Algo sí o sí podía saber con absoluta certeza: que debía continuar siempre trabajando con Júpiter. El gran dios de todos los dioses era el quinto elemento de las diferencias cuantificables, no debía abandonarlo nunca.

sábado, 25 de abril de 2026

DESPERTANDO LA POTENCIA DE LA ABUNDANCIA



Me veo en un salón de entrenamiento; estoy con Mercurio nuevamente. Él me entrega una especie de talismán que pertenece a Júpiter, el cual tiene grabado su sigilo. Me lo inserta en el pecho y me pide que sienta la energía jupiteriana.


Ahora debo cargar esa energía con mi prana, con mi ki. Un motor comienza a tornarse más fuerte; siento una energía poderosísima en mí que quiere fluir en abundancia pura. Comienzo, con mis manos, a proyectar una energía dorada que se va convirtiendo en oro: son rayos de oro, la capacidad pura de generar riqueza. Con mis dos manos, de manera alternada, lanzo proyecciones de energía que se transforman en montículos de oro. Mercurio mira gozoso mientras el metal precioso se va repartiendo por todo el salón.


De pronto, por mediación de Mercurio, hay un salto: ahora estoy flotando arriba de Kalirvalion. En el cielo veo un portal donde estoy yo mismo, en el planeta Tierra. Mercurio me indica que lance energía de abundancia a Kalirvalion; entonces, con mis dos palmas unidas, lanzo un rayo de luz directamente hacia allá, específicamente a la ciudad de Kalir.


Una lluvia de oro y riquezas desciende sobre la gran ciudad. Veo a la gente recibiendo el oro que cae y la devoción de los ciudadanos se incrementa.


Ahora Mercurio me dice que proyecte energía de abundancia a mi vida terrenal y, haciéndole caso, lanzo con mis palmas otro rayo de luz poderosísimo que se dirige a la Tierra. Aquí estoy yo, en mi cuerpo físico, y la energía va llegando a mi alrededor. Oro invisible, potencia creativa y abundante. Dinero por millones. El dinero invisible va llegando a mí, va llegando a mí mismo, va llegando y llenando mi aura de abundancia jupiterina.


Ese dinero va convirtiéndose en bienes: en una cuenta de ahorros que crece, en un banco personal equilibrado y lleno de dinero, en un auto nuevo, en un computador nuevo, en un iPad nuevo, en un amplificador de guitarra a tubo, en viajes con Pilar-Adelia, en almuerzos, en movilización. En una vida que se mueve al son de Mercurio y cuya semilla de abundancia la brinda Júpiter Sempiterno.


Así se va dando y Mercurio me mira orgulloso. Me dice que debo confiar en la fuente inagotable de abundancia que hay en mí mismo, el poder de crear abundancia que hay en mí. Me dice que siga sintiendo ese poder durante el día y que sienta cómo el dinero simplemente llega y se crea gracias a mi poder. Me saca el talismán de Júpiter del pecho para que pueda descansar de la energía y me dice que ya seguiremos entrenando. Que ahora confíe en el trabajo hecho.

Le agradezco y regreso a la Tierra.

 

sábado, 18 de abril de 2026

EL NUMEN DE LA GRAN MAGIA

 

Júpiter da, 

Júpiter brinda,

Júpiter concede el poder de todas las cosas,

por allá en las iluminaciones que se pueden entrever bajo la sospecha de quienes no dudan.


Allí está, la gran abundancia, allí está presente,

porque Kalirvalión supo distinguir la victoria de las realezas intrépidas de las usanzas indistintas y poco divinizadas ante la elocuencia de los muchos.


El poder de la gloria es ahora,

es eterna,

es grandilocuente bajo el poder tremendo del verbo mayor,

todo fluye hacia la consecución de las grandes conquistas.


Porque el oro era eterno, 

de eterno flujo bajo la jurisdicción de la Kalirvalion,

de tiempo intemporal, 

de tiempo indiscreto,

de tiempo sagrado y omni direccional,

de las viejas historias que daban a parar a lares indescriptibles y poco entablados bajo la mirada de divertidas narraciones.


No debía ser quien aquel que dio marcha blanca a las soluciones inoperantes,

pues lo que fue dado a gozar bajo el flujo de la insípida desolación

se dio en transfiguración hacia el poder más magnánimo que pueda alguna vez haber existido en la faz de la tierra.


Una tierra sacralizada por el gran dinero,

el dinero infinito

que llega y llega bajo flujos exquisitos

que brinda un buen pasar a los fieles ciudadanos

de verdosa hermosura

brinda la vida millonaria que los mercaderes rezan en sus aposentos hermosos.


Así se dan las cosas cuando los números se multiplican hacia la eternidad,

porque el flujo se da bien cuando se deja de calcular lo perdido y lo no usado,

las cosas simplemente llegan de tal o cual modo cuando se sabe que los grandes dioses protegen los contornos del aura bendita.


Las fugacidad de los astros que dejaron buen susurro en las esquinas de reuniones nocturnas,

por allá en la ciudad de los eternos,

que tantas celebraciones recibía

y teurgias de la más alta estirpe,

porque el deseo espiritual se convertía en voluntad

y la voluntad avanzaba a la conquista decidida del todo y por el todo de todas las cosas.


Así el poder logra darse, en el momento en que la palabra deja de frenar los escollos de asuntos diversos.


Así la gran riqueza llega bajo la bendición de un verbo que no teme a invocar.


Porque la invocación del dinero llega como torrente a las callejuelas de Kalirvalion,

llueve la buena nueva de la riqueza sideral, extra-cósmica,

inaudita en verdadera distracción.


Pues todo es una circunvalación de lo eterno hacia lo eterno,

de lo absoluto a lo absoluto,

de la consecución de la conquista imperial y la imposición de la voluntad anterior y extravagante.


El poder debe surgir,

debe sentirse desde dentro

porque el poder es uno con el misterio del corazón que puja en su silencio.


El poder es aquel ser que entrega su bendición a las armaduras indestructibles de hoplitas ancestrales, de guerreros de épicas perdidas, de asombroso numen en la división de la eternidad bajo la visión del oro que fluye intemporalmente.


Así pues, no se diga más,

el sinsentido se torna en verdad cuando las cosas se divierten en el acontecer inmediato de lo que se hace y deshace,

pues así es la poesía indiscreta que remueve los cimientos para dar con alteridad y alteración de las mudanzas desconexas, interestelares, in-displicentes, grandes en gran dinero y gran riqueza, de abundancia infinita, de grandes placeres diversos, de expansión y libertad antigua y cuneiforme.


Lo que vuelve bajo ropajes usados

puede renovarse en la luz de la cognición gigante,

la visión de los grandes monarcas,

del oro sideral que brilla en los contornos de los tronos y los doblones perdidos.


El misterio de la abundancia se activa para dar una vida de goces e intrépidas aventuras.


Así se da para quienes saben entrever el gran verbo, así se da para quienes destruyen las imposturas innecesarias y se abren a recibir la bendición eterna de los dioses.


domingo, 8 de marzo de 2026

LA LLEGADA DEL ORO Y LA SACRALIZACIÓN DE LAS GANANCIAS



El victorioso ejército de Kalirvalion fue divisado en las fronteras de la ciudad, a eso de las 9 de la mañana del día lunes del cinco del mes segundo. Desde los muros de Kalir la gloria se divisaba desde la lejanía: el magnánimo ejército kalirvaliano iba distinguiéndose en sus filas mientras avanzaban dignos y pulcros hacia su ciudad madre. En ellos había triunfo, dignidad y poderío imperioso: podía sentirse la potencia de Marte bajo el estandarte de los guerreros sagrados. Desde los muros, los guardias lloraban de alegría al ver tanta magnificencia, tanto numen inmaculado bajo el cielo de los grandes dioses.

El gran ejército imperial había llegado y con ellos las sagradas materias de las lejanías del Sur. Los merodeadores matutinos entonaron sus trompetas desde los altísimos muros para dar el primer anuncio de la llegada de los justos. Fue así que los mensajeros laterales se dieron por enterados y entablaron sus gongs para enviar la buena nueva a los anunciantes del templo central, para que allí se diera el anuncio oficial a través de las 7 campanas de la Victoria. Toda la ciudad se dio por enterada y los emperadores se dispusieron a preparar sus vestimentas y ornamentos. Mientras los súbditos preparaban los ropajes Reivaj miraba a los ojos a su mujer, lleno de orgullo, emoción y dicha. No eran necesarias las palabras, ambos estaban en comunión con la dicha y el agradecimiento de estar viviendo juntos esta gloria, una gloria que les pertenecía como emperadores, una gloria que no era sino la materialización de su amor eterno. La grandeza de Kalirvalion no era sino el reflejo de la pasión primordial que Reivaj y Aileda-Ralip se tenían el uno al otro, un amor auspiciado por los mismos dioses y que expresaba toda la fuerza del poder trascendental del Gran Ser, de lo uno manifestado en su complemento de su hieros gamos. Los emperadores eran la pareja arquetípica por excelencia, los reyes elegidos para dirigir la inmortalidad de Kalirvalion hacia su éxito absoluto.

No tardaron en llegar entonces los súbditos con todos los preparativos. Llegaron con canastas llenas de lujosos ropajes, perfumes y joyas sagradas. Cada uno podía escoger la vestimenta con la que recibirían el gran trofeo venido del sur, pues ellos eran los emperadores y dictarían la vibración con la que bajarían a la ciudad a encarnar el núcleo de la ritualidad. Al emperador, por su propia petición, lo vistieron con una túnica de seda dorada, y una capa morada obsequiada por el mismísimo Júpiter. Le colocaron un anillo de poder asociado a los 7 vernik, objetos de poder milenarios confeccionados por la magia ancestral de Discalinopla. Lo perfumaron con armas mercuriales y le coronaron con una corona de laurel dorada propia de su condición de Cesar. Por su parte, a Aileda-Ralip la vistieron con su hermoso vestido venusino, venido de los rituales antiguos de la años 1.598 del 4 eon. La emperatriz, fue además cubierta con una capa de Eros  obsequiada por él mismo, y fue perfumada con esencias sagradas de los manantiales de Drópile, donde habitaban Ninfas asociadas al linaje de Vildrau. A ella también se le colocó la corona de laurel, propia de su condición de emperatriz.

Afuera de la entrada real eran 12 escoltas quienes les esperaban para trasladarlos a la carroza real. Los centinelas vestidos con impresionantes armaduras blancas de estilo hoplita se inclinaron ante sus emperadores cuando estos aparecieron en el umbral de la puerta del palacio sagrado. “Ave césares” fue la reverencia que cantaron al unísono ante sus excelsos emperadores. De inmediato el grupo rodeó a los monarcas para acompañarlos al sacro transporte. A unos 20 metros una carroza de oro esperaba a los reyes al lado de la cristalina fuente imperial. Más allá de la carrocería figuraban 7 jinetes destinados a liderar la marcha hacia la frontera de Kalir. Los emperadores subieron con sublime semblante, y la falange real avanzó a paso ligero, mientras los vigilantes de la octava torre divisaban la marcha y les avisaban con hoguera abierta a los mensajeros de la intersección de Avilar para que estos, a su vez, le dieran aviso a los vigilantes del Templo las Aperturas para que iniciaran el procedimiento mágico.

En el citado templo, figuraban 9 maestros magos alrededor de un receptáculo central destinado a realizar la apertura energética del ritual de apertura que iba a llevarse a cabo. El receptáculo era un verdadero portal en el que las energías transdimensionales se abrían e ingresaban a la realidad del mundo. Al recibir la señal, los magos se pusieron en postura de invocación, cerraron sus ojos y en coro comenzaron a recitar el siguiente himno de obertura:


“Oh, que bajo la voluntad del verbo,

las puertas de la realidad se abran,

para re-ligar el vínculo primordial de las estancias sagradas.


Que todas las dimensiones se abran y desciendan aquí a la tierra,

y que no seas sino tu, Hermes ctónico, quien las abra.


Que la vagina sideral se de en obertura para que lo divino descienda

a las regiones densas de la realidad y confiera sus bendiciones a quienes

en voluntad reclaman su derecho creador aquí en el mundo.


Que todas las puertas se abran para esta gran invocación,

y que el círculo protector de Atenea nos proteja a todos de influencias indeseadas,

intrusas, que con ingenuidad pretendan penetrar en estos lugares.


Bajo la protección de Atenea, Kalirvalion quedará blindado bajo un escudo de poder

ante los espíritus decadentes, y quedará abierto el canal hacia las estancias altísimas

de lo uno y del origen de todas las cosas.”


Así, de las poderosas palmas de los altos hechiceros se proyectaron 18 haces de luz hacia el centro del receptáculo, uniéndose en una esfera luminiscente de múltiples colores cambiantes. Desde el centro de la esfera, que ya había alcanzando unos 2 metros de diámetro, estalló con violencia un haz de luz que rápidamente se proyectó hacia el cielo. El rayo de poder cruzó la obertura del obelisco de Gulbinder y se elevó venturoso hasta alcanzar unos 1000 metros de altura. Cuando el rayo casi ya tocaba las estrellas, desde el cielo abierto se abrió un gran portal en forma de vesica piscis de unos 400 metros de largo y 150 de ancho. El haz de luz penetró dentro del abismo sideral hasta alcanzar latitudes inciertas. En ese instante, de los contornos del portal descendió una cortina de energía azul que abarcó todo el territorio del imperio y se posó en las líneas fronterizas de Kalirvalion. Tal era el escudo ateneico que la diosa había destinado para proteger al dominio imperial durante el acontecimiento mágico.

Bajo un cielo de ensueño de color violeta astral fue que los emperadores supieron que el portal ya había sido abierto por los excelsos magos. Se respiraba un ambiente fronterizo de ensoñación y numen imaginal, el límite entre los diferentes planos de la realidad ya estaba suspendido y podían divisarse por doquier entidades luminosas que como fluidos se movilizaban por los diversos espacios de la ciudad imperial. Había entidades verdosas, otras fucsia, otras de tonalidad rojizas y otras de un amarillento dorado que emanaban un éter con informaciones abstractas difíciles de asimilar. Los espíritus estaban presentes y lo que continuaba ahora para los emperadores estaba claro: marchar al templo de Mercurio para realizar las invocaciones a los 29 espíritus del dominio monádico Kultrak, la estancia sideral de las manifestaciones venideras.

Fue así entonces que la carroza imperial, escoltada por 7 jinetes en su delantera y otros 7 jinetes desde su parte trasera, avanzó decidida hacia el templo mayor de Mercurio, el centro espiritual principal del dios en la ciudad de Kalir. El templo, de arquitectura extraordinaria, se divisaba desde lejos imponente e impresionante, que desde las alturas presumía su belleza eterna. El centro espiritual se encontraba en una planicie que en uno de sus bordes formaba un risco con un pequeño manantial cristalino. Desde la distancia de los emperadores, el templo podía apreciarse envuelto con un aura luminosa de belleza sublime, lleno de un color anaranjado vibrante que expandía una energía llena de vitalidad y fuerza. Reivaj y Aileda-Ralip se miraron decididos y cada uno comenzó a centrarse en contemplación, preparándose para el ritual que venía, pues requeriría de toda su intención y energía.

Cuando llegaron, bajaron decididos de la carroza y se adelantaron a adentrarse en el templo. Los jinetes escoltas permanecieron afuera manteniendo su figura protectora y esperando la operación de los magnánimos emperadores. Reivaj se adelantó para posarse en el podio de los dones con las palmas en alto y recibir el triángulo sagrado de las Moiras del Serpidión. Recitó los siguientes versos:


“Señoras de todos los tiempos,

tejedoras del destino de los hombres,

dueñas del acontecer,

Regidoras de lo dado bajo la forma originaria de lo uno.

Que nos concedan a mi y a mi mujer Aileda-Ralip, el triángulo supra poderoso de los núcleos invisibles del Serpidión.

Danos acceso al tejido del destino, 

para estructurarlo según nuestra voluntad,

para manifestar la realidad que nosotros deseamos y exigimos como dioses encarnados en la tierra.

Accedan a nuestra petición, pues no es sino Mercurio quien nos protege,

no es sino Mercurio el benefactor de nuestros pasos,

aquel ladrón, aquel merodeador de la noche,

aquel que escapa de la muerte y del destino, 

aquel que trasciende la forma y la limitación

aquel tramposo que es capaz de abrir las puertas del poder absoluto,

aquel señor de la magia hace y rehace según el juego de su voluntad,

aquel es quien respalda nuestro mandato.

Dennos entonces este triángulo, para que acceder al poder supremo del dictamen del espacio y el tiempo.

¡Dennos el triángulo ahora!”


En ese instante, se abrió entonces frente a Reivaj un tubo de luz anaranjada venido desde el techo del templo,  del cual descendió un triángulo dorado brillantísimo, lleno de numen y sacralidad. El triángulo medía alrededor de unos 30 centímetros y giraba suavemente sobre su eje. Reivaj posó su mano bajo la figura, a unos 15 centímetros del objeto divino. Flotando sobre su palma entonces, Reivaj llevó el triángulo abajo del podio, hacia donde estaba Aileda-Ralip. Ambos se miraron en sintonía y caminaron hacia el centro del salón principal del templo, donde había un círculo que tenía inscrito un sol y una luna en coniunctio. Mirándose el uno con el otro, Reivaj dejó que el triángulo se elevara frente a ellos. El triángulo ya habiéndo alcanzado unos 4 metros, incrementó súbitamente su brillo, como si un destello de poder hubiese estallado dentro del objeto. Así comenzó a descender un torrente de energía naranja brillantísima que se adentró en los cuerpos energéticos de ámbos. Los chakras de la pareja comenzaron a brillar en sintonía con la energía entrante, formando flujos de luminiscencias que daban a entender que el poder Mercurial comenzaba a influenciar su campo espiritual. La energía se elevaba y se elevaba y ambos iban adentrándose en un gran poder. Los ojos de ambos comenzaron a brillar de un naranja intenso, y su semblante se tornaba impetuosa, magnífica: sus cuerpos astrales estaban despertando a la naturaleza divina de la que formaban parte, que en cotidianidad debía resguardarse para evitar pulverizar a los mortales. De la energía emanada, comenzó a formarse un remolino de luz alrededor de la pareja real. A su vez, el triángulo comenzó a girar en consonancia a una velocidad sideral. De pronto, de giro y la fuerza centrípeta, estalló una onda expansiva de luz naranja que se expandió desde los emperadores hacia todos los contornos del imperio. La luz se desvaneció pero los emperadores permanecieron energizados y bajo el influjo de una energía divina sublime y de imposible descripción. Alrededor de ellos aparecieron las 29 presencias espirituales de Kultrak. Eran brillantes y sublimes en aspecto, de su aura se emanaba una vibración cuya tonalidad era extraordinariamente musical. Los espíritus se inclinaron ante los emperadores en señal que les servirían durante el transcurso del presente ritual. 

Así, y con los espíritus ya presentes, el triángulo sagrado suavizó su luminiscencia y descendió a las manos de Reivaj. La pareja se miró con amor y emoción, se sentían afortunados de estar siendo parte de algo tan extraordinario. En éxtasis entonces es que salieron del templo tomados de la mano, portando con ellos el sagrado objeto divino.

Al momento de cruzar el umbral del edificio sagrado, los centinelas quedaron impresionados al contemplar la belleza sacra que los emperadores emanaban frente sus ojos. Se inclinaron con un orgullo que ni siquiera ellos podían describir, y en coro cantaron los versos estipulados para el presente ritual, que por protocolo sabían y habían aprendido con férrea disciplina:


“Oh señores sagrados, oh estandartes del cosmos.

Ustedes quienes son la divinidad encarnada aquí en la tierra,

ustedes que dan sustento trascendental a la sacralidad de Kalirvalion,

nos inclinamos ante su magnificencia para servir en su preciosísima voluntad.

Como así los dioses quieren, les llevaremos hasta el muro a que reciban a los excelsos héroes imperiales, quienes han contraído augusta victoria.”


Así, los emperadores retornaron a su carroza y siguieron la marcha por las calles de Kalir, hacia la frontera de la ciudad para encontrarse con el sagrado ejército, que victorioso esperaban a sus excelsos emperadores, para brindarles a ellos los frutos del triunfo.

Fue alrededor de 1 hora la que demoraron en llegar a la zona del muro de la enorme ciudad imperial, que tenía un perímetro de 500 metros de espacio militarizado por guardias, cuarteles y centinelas de la zona. Si bien el imperio de Kalirvalion alcanzaba enormes continentes, la seguridad militar de la ciudad era una tradición que siempre se mantuvo en pie. Esto por una razón simbólica pero también de seguridad metropolitana: el núcleo del imperio debía estar siempre protegido por las potencias armadas del reino, pues se prefería la prevención antes de posibles insurrecciones que pudieran lamentarse.

Al llegar a la línea de los Drilvin, la carroza imperial se detuvo y los centinelas dieron señal de que los emperadores habían llegado a la frontera de la ciudad. Los guardianes de los muros le informaron al general Almandro de la presencia de los monarcas y procedieron a abrir las puertas para que el primer encuentro ritualístico se realizara. El protocolo era el siguiente: el general debía entrar y acercarse a los emperadores para informarles formalmente la victoria del imperio en las tierras del sur. Acto seguido, el emperador preguntaría “¿y qué me traes, noble súbdito, como demostración de aquello?”, para que de esta forma el general Almandro ordenara la entrada de las carretas mercantes. Así fue y ahora unidos, comenzaron a marchar al Templo de las riquezas sagradas, lugar en el que sacralizarían el oro y lo someterían a la magia expansiva del gran Júpiter. 

Este era el orden de la augusta marcha: por la delantera se hallaban los 7 jinetes protectores de la monarquía, seguidos por la carroza real imperial. Después le seguían los otros jinetes protectores de las espaldas de los emperadores. Luego el general Almandro, que seguido de él las numerosas carretas se adentraban en la ciudad imperial. Toneladas y toneladas de oro eran las que llevaban esos transportes, que en una fila enorme le mostraban a todo Kalirvalion el tamaño logro de las recientes conquistas. Seguidos de la materia sagrada, comenzó a marchar el ejército de 200.000 mil hombres, que con orgullo escoltaban el oro sagrado.

La caravana imperial marchó augusta hasta alcanzar los dominios del Templo de las Riquezas Sagradas. Allí, Reivaj junto a Aileda-Ralip se bajaron de la carroza para encontrarse con el general Almandro. Caminaron por las escaleras del templo y se posaron ante el santuario de Marte, el protector exterior del gran templo. Allí, al gran dios de las conquistas le brindaron homenaje, agradeciéndoles las victorias kalirvalianas con la quema de incienso de mirra. Sumaron al general que inclinado posaba frente a los emperadores, y lo bendijeron con la gloria marciana.

Luego, los emperadores, ya solos, entraron al gran templo a realizar las aperturas ritualísticas de la sacralización de las materias. Allí, Reivaj y Aileda-Ralip, en estado de trance, invocaron al gran Júpiter con el báculo de Valdrick, y abrieron un gran portal azul que bajó desde la cúpula del templo al altar central del aposento. Fue así entonces como las puertas laterales de la bóveda central se abrieron, para recibir el oro bruto de las campañas kalirvalianas. Las carretas entraban numerosas mientras súbditos asistían en el transporte de las materias al laboratorio alquímico central de la ciudad, que se hallaba debajo del gran templo, en un aposento subterráneo donde grandes alquimistas sacralizaban las materias primas del gran imperio.

Tanta era la belleza de aquel acontecimiento. Júpiter los guiaba, los espíritus presenciaban la llegada gustosa de las riquezas extraordinarias, los alquimistas recibían el material que en breve sometían a tratamiento mágico. Todo se daba como una maquinaria divina, consonante absolutamente con el gran Júpiter, que en su podio invisible presenciaba la gran gloria de su pueblo elegido. Los alquimistas subterráneos trabajarían en lo siguiente: en la multiplicación de las riquezas del templo. El oro arribado serviría en la perpetración de la expansión imperial, serviría de motor para la multiplicación de la abundancia kalirvaliana, magnetizando la materia con el núcleo gravitacional del gran Júpiter. Así se haría la gloria y así se preservaría el triunfo eterno de Kalirvalion.

Habiendo cumplido con el gran rito. El gran portal sideral se cerró y los emperadores realizaron el ritual de destierro específico para la operación que acababan de realizar. Los monarcas retornaron a su palacio gustosos y esa noche declararon fiesta nacional en la que todos celebrarían el gran triunfo del imperio. 


LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...