Bajo un lamento aciago de tigres tutelares,
se le vio morir al guardián de los rumores selváticos.
Seguramente fue un nicho de pobres
aquel que destruyó al linaje de corazas implacables,
incubador de enigmas en estaciones grises.
Sobre irregularidades terráqueas
se hizo manifiesto el palacio de los cóndores:
Los Andes, columna vertebral,
Sostenedora de vociferos infernales,
inspiradora de filosofías clarividentes.
De tus entrañas tectónicas
diste forma a la silueta de tu verbo,
en el remar de tus ríos
inculcaste la danza de valles
decrecientes.
Así fue como se consumó
la arcilla que dio alimento
a tus hijos milenarios.
Así fue como los rituales
dieron fruto a las polaridades
más rimbombantes.
Así fue como las estrellas
delinearon techo exacto en el
cual dar cabida a sus aspiraciones.
Así fue.
De allí que las historias se entremezclen
y que los juglares no den cuenta de tus hazañas,
porque eres un marde memorias estampadas en
piedra,
porque tus murallas guardan secretos del caos
primogénito de algún “ayer”.
Si me sorprendes sobre
tu manto,
no castigues mi osadía,
pues he venido a buscar las
huellas del laberinto que te
precedió,para así traer de vuelta
al aro de fuego,
ese aro de
fuego de
poesías futuras,
el anillo que imprimirá
aquel verso original de tus cumbres.
J.F.