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sábado, 16 de mayo de 2026

LA COMPRENSIÓN DE GALICANTO


Allí estaba Galicanto, un monje de jerarquías medias que con devoción presenciaba la hermosura de la devoción mercurial.


Su canto se tornó absorto,

la imagen de Mercurio tomó lugar en toda la consciencia del chico,

quien con fervor cantaba los mantras que en el templo se llevaban a cabo colectivamente.

La concentración era intensa, sostenida, y con una intensidad que incrementaba con cada verso del rezo litúrgico.


De pronto sintió que la imagen ya imbuía todo lo que era,

su yo dejó de existir para dar paso a la inconmensurabilidad de la imagen divina.

Mercurio irradiaba su luz y Galicanto recibía extraordinarias intuiciones de sutilezas que eran imposibles de traducir en el lenguaje común.


En eso, algo cambió dentro de su flujo interno,

una especie de transposición o transfiguración.

De la imagen omniabarcante de Mercurio parecía haber algo más allá,

una verdad secreta, una realidad aparte, una verdad invisible que comenzaba a sugerirse en las extraordinarias visiones.


Y fue entonces que se realizó en la extraordinaria realización: Mercurio y él eran uno, la unidad primordial los cobijaba en el seno mismo de la verdad absoluta del Ser primordial que le ha dado vida a todas las cosas.


Comprendió en el instante de un destello

que su verdadera naturaleza no era otra cosa sino la consciencia superior, el dios supremo, el Ser originario que le dio vida a todas las cosas. Mercurio, dentro de este mapa, no era otra cosa sino un espejo, un señuelo, un recuerdo que el Ser mismo se había colocado ante sí, para tener constancia de su propia verdad absoluta. Mercurio existía para hacerle recordar al Ser que él era en esencia la verdad absoluta de todos los acontecimientos.


Esto parecía extraordinario e iba más allá de la religiosidad común de las religiones medias.


Tomó algo de consciencia y recordó algunos textos de magia y misticismo no dual que alguna vez leyó en la biblioteca mayor de Salamicia. Parecía ser que no todos los ciudadanos de Kalirvalion estaban al tanto de la profundidad de la verdadera realidad. Pero los magos mayores, las jerarquías encargadas de los movimientos energéticos particulares, parecían saber más al respecto.


En estas divagaciones, el monje central se volteó para mirarlo fijamente.


Galicanto se estremeció, pues parecía haber “escuchado” las comprensiones que le venían surgiendo al entusiasta discípulo. La mirada fue definitiva y tremendamente reveladora: lo que los ojos del maestro transmitían era que los misterios de este templo sí están al tanto de tales verdades.


Aquello fue un balde de agua fría y un cable de cordura para nuestro monje. Comprendió que la revelación a la que estaba accediendo era la verdad profunda y absoluta que el templo, en sus prácticas, protegía y fomentaba en experiencia.


Galicanto no era el primero en realizar esta verdad, pero tal verdad era auténtica y le liberaba de numerosísimas ilusiones.


jueves, 22 de enero de 2026

LA TOTALIDAD ANTERIOR A LA TOTALIDAD


Luces son las que veo desde la morada de los eternos,

bestias son las que dejo de entre ver cuando la belleza de Zeus inunda todas las cosas.


Porque Zeus fue la totalidad y lo sigue siendo,

Zeus es lo uno, aquel pleroma auto-afectivo que dio vida a toda la realidad,

que le dio pujanza a la manifestación de las manifestaciones,

porque la potencia de su morada es tremenda e indescriptible para muchos de los quienes han intentado acaso darle torpe palabra.


Todo recula hacia su misterio,

incluso la palabra que se sabe carente,

incluso la mirada de los ricos que se regocijan con la consecución de sus deseos más groseros,

pues lo que se da vuelve a la circunvalación de la receptividad universal,

porque nada se pierde en la seguidilla de los movimientos,

porque Mercurio es la esencia de todo lo que existe, en calidad de movimiento e invisibilidad.


Porque Mercurio une los mundos,

une la inmanencia con todo lo que se proyecta en la visibilidad extensiva,

le da vida a todo material que luce en forma e identidad en el espacio prístino del vacío primordial, porque Mercurio es la sustancia arcana capaz de llevar todo al Zeus primordial.


Porque la alquimia se da bien cuando el recuerdo de los espíritus se efectúa en la mirada de los puentes, pues lo que se da bien en tiempo justo vuelve a serlo miles de años más bajo caretas absolutamente distintas.


El misterio de lo que se da es la cuna propia del secreto mercurial, Mercurio sabe todas las cosas. El secreto de la manifestación es donde conduce la búsqueda de todas las riquezas materiales, porque la búsqueda del oro en concretud implica necesariamente la realización de aquel oro que no se ve a ojos simples.


Porque la abundancia primero hay que percibirla, luego se manifiesta, la abundancia hay que portarla, luego se devuelve. Es así la ley, es así el tiempo de las mentiras verdaderas de nuestro gran embaucador, de nuestro trickster sideral que corre más rápido de lo que la visión pueda divisarlo.


La consecución de la voluntad debe potenciarse con Mercurio,

debe ser una sola bajo la pujanza de la fuerza de la divinidad,

porque la voluntad debe tornarse divina, debe regresar a su principio sagrado,

debe tornarse en unicidad con la voluntad tremenda de Dios.


Porque arcángeles y dioses no se contradicen, todas son caras de finalmente lo mismo,

porque la totalidad tiene muchas máscaras, muchos aspectos, muchas facetas idas y por haber, y una de esas totalidades es Mercurio.


Porque Mercurio es el Dios supremo, incluso anterior a Zeus, en Mercurio puede sintetizarse todos los aspectos de las divinidades idas y por haber. Es posible tomar a Mercurio como el principio de todos los principios.


Que Mercurio sea tu Dios, que Mercurio sea tu Cristo, porque así como Cristo fue Hijo de Dios, uno y lo mismo con él, Mercurio lo es respecto de Zeus. Mercurio es el padre, el hijo y el espíritu santo, en Mercurio todas las cosas van y vuelven, en Mercurio el oro se multiplica según lo que se dicte en palabra e intención.


Se tu quien de palabra ante la sacralidad del misterio mercurial, misterio de misterio, religión de religiones, la forma más alta de misticismo jamás concebida en los tiempos venideros.


martes, 20 de enero de 2026

EL REZO DE LAS RIQUEZAS OMNIPOTENTES



Aquel brillo de las figuras incandescentes de tu anterioridad

llegan aquí, ¡de tan lejos! tu sublimidad se hace presente y une los cabos sueltos de aquellos que nunca supieron ordenar sus viejas usanzas.


Dinero superior, dinero mercurial,

tu que siempre estás presente para la victoria del imperio kalirvaliano,

tu que demuestras opulencia y frondosidad en la vida de aquellos que te recuerdan como un gran espíritu.


Dinero, que la vida prometida fluya por tus afluentes,

que llegues abundante y le des valor a la vida venidera,

que Mercurio sea el motor de tu poderosa movilización,

porque estás destinado a ser el medio en que la magia se haga insurrecta y revolucione la realidad al favor del verbo de que quien entabla la palabra.


Mercurio, tu que siempre acompañas mis pasos,

y que escuchas estas palabras desde la rapidez inatrapable de tu ser,

que traigas mucho dinero a nuestras vidas ya adineradas,

que la recapitulación de las vaguedades no sea otra cosa que la victoria de tu siempre fluyente cambio.


Que las mercancias sean el ambiente general en el que nos encontremos,

que los recursos siempre estén ahí para dar apoyo a todos nuestros deseos,

nuestro anhelos más profundos, que podamos descansar en la seguridad siempre impermanente de la que tu brindas, porque no solo eres el portador de todas las ganancias, sino el portavoz del gran Júpiter, que en su podio de esplendor acompaña nuestro acontecer.


Que la gloria de Júpiter, aquel que antes fue Zeus, esté siempre con nosotros,

y nuestra economía crezca hacia riquezas jamás imaginadas por nuestra mente lógica.


¡Que así sea y que la voz del verbo lo dicte!


sábado, 12 de agosto de 2017


SOBRE VOLVER AL SER Y LA REACTUALIZACIÓN DE LO MÍSTICO




Hoy, solemos actuar como si el ser fuese una cosa. Este es el gran legado del pensamiento teológico y de la empresa científica de los últimos siglos. Parece sarcástico que dos tradiciones que en su origen se constituyeron como irreconciliables adversarios, hoy "cosifiquen" al ser humano de maneras tan similares. Por un lado, el catolicismo, con su autoridad teológica, le designa al ser humano un sustrato espiritual que, en su "pecado original", debe rendirle cuentas a un creador hipotético, parecido más a un padre castigador que a una sabiduría divina. Por su parte, la ciencia, le ha dado autoridad máxima al mundo de los entes, rindiéndoles un estatus de objetividad tan religioso como su contraparte teológica. Ambas concepciones, bajo mi opinión, solo han contribuido al famoso "olvido del ser" que Heidegger advirtió en la historia de la filosofía. 

Me parece fundamental que como humanidad tomemos consciencia de este "olvido". La caída de la autoridad teológica y el cuestionamiento a la ciencia, ha llevado a algunos por los caminos de un nihilismo sin salida. Si bien, me parece absolutamente necesario la abolición de la autoridad religiosa y científica, no me parece que el nihilismo sea la salida que ofrezca mayor sabiduría para nuestro destino humano. Por mucho que los viejos paradigmas se desplomen como verdaderos castillos de cartas de papel, la pregunta por el ser y el "anhelo místico" siguen siendo tópicos que logran traspasar las barreras de las coyunturas humanas.

Hemos estado tan contaminados de la hipocresía católica, que toda pregunta por el ser y la naturaleza de la realidad nos parecen el producto de una "inmadurez religiosa". Sin embargo, me parece un error identificar el "anhelo místico" con las vulgaridades de la religión católica del último tiempo, y tal identificación suponen el triunfo de la alienación autoritaria de las viejas religiones de occidente. El ser y su pregunta se mantienen tan incandescentes como en los comienzos de los primeros homínidos, y su luminosidad merece ser atendida.

Pienso que existe una forma de religión totalmente distinta a lo que hoy en día hemos conocido. Tal religión no está basada en un dogma, en una creencia o bajo la tutela de una institución establecida. Tal religión, se aproxima más a una fenomenología de la experiencia misma del ser, o a una relación "mística" con las cosas en cuanto tales. Recordemos que religión viene de la expresión latina de religare, que significa "volver a unir", y es tal expresión la que considero que vale la pena recoger. Este significado originario, no refiere en ningún momento a la palabra "creencia", sino que designa una acción, una actitud volcada a un "volver a ser uno", o más correctamente: "volver al ser". Es justamente este designio el que puede dar luces a lo que intento expresar: religión significaría más estrictamente un "volver al ser" o un "re-cuerdo del ser". 

El volver al ser no es más que "ser en el mundo", como el filósofo alemán ya citado lo designaba. Para esto, evidentemente no se requiere de la necesidad de una autoridad, de ningún dogma aplicado a la acción del ser. Más bien lo contrario, el ser (cuya naturaleza por definición es indefinible) solo puede "aparecer" y evidenciarse cuando éste no busca definirse a sí mismo, ni se aferra a sus definiciones metafísicas sobre la realidad. De esta manera, lo místico del ser estriba en dejar el espacio abierto de la realidad, aceptar lo perecedero de lo mundano, y ser en última instancia, "uno con el mundo". En realidad, esto es lo que siempre hablaron los grandes místicos que ha tenido la humanidad, desde un Buda, Rumi, San Francisco de Asís, o Krishnamurti. 

Quizás, a esta nueva religión, no hace falta ni siquiera llamarle con el termino de "religión". La tarea de re-ligar a la realidad es una acción que solamente el ser, en la intimidad de su existir, puede llevar acabo. Esto no implica un aislamiento de la persona frente al mundo, más bien todo lo contrario: es implicarse en el mundo tal y como es, es saber que la naturaleza de la realidad no está condicionada a ningún sustrato metafísico que la limite, por lo tanto, esta puede ser transformada. Esto último es de vital importancia pues la crisis del mundo actual, requiere que las barreras humanas (ideológicas, diplomáticas y religiosas) sean abolidas por colectividades e individuos capaces de volver a revitalizar la cuestión del ser. Desde ahí, quizás, el ser humano logre hacerse dueño de su abierto destino.



H.S.










LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...