La fama se difunde
los oídos y los ojos se centran en el gran Mago-Dios,
que desde la letanía de sus operaciones llama de lejos,
convoca y reúne,
y todas las mentes como obnubiladas le prestan la mayor de las atenciones,
se entregan a él, se dan y quedan a su eterna disposición.
Las energías se reúnen en un gran conjuro mayor,
torrentes de flujos imperecederos, inconcebibles,
de imposible reducción contemplativa,
un gran poder se gesta en las profundidades de Kalir Bujah,
que puja para dar a luz a las riquezas extraordinarias del submundo.
Porque las riquezas, que yacían en la profundidad,
fueron ordenadas a su pronta emergencia,
para configurar nuevas vías,
para abrir nuevos horizontes,
para que el Mago-Dios cumplera su cometido
bajo el sostenimiento férreo de su indestructible voluntad.
Pues de la gnosis de los grandes secretos es que la vida se torna coherente,
próspera, llena de bendiciones infinitas.
Las fuerzas se coordinan para la popularidad de los anónimos se haga presente,
bajo la gran visión de Dios, de la verdad inacabada y aún por escribir.
Porque el artifex tiene la tarea de completar lo que el gran Ser dejó inconcluso,
debe tomar por sus riendas el mundo manifiesto,
para hacer de él lo que le nazca a voluntad y semejanza.
El mundo es moldeado con toda facilidad,
y el Mago-Dios se impone por sobre todas las manifestaciones.
El Mago-Dios es poderoso,
hace de lo imposible un acto cotidiano de logro y suceso,
hace de los fenómenos reflejos de lo que su palabra dicta.
Así se perfila el gran hechicero,
que en la intimidad de su laboratorio realizaba sus grandes hechizos.
Así fue, y el gran Mago-Dios se irguió victorioso y en goce del logro de todas sus esperanzas.