lunes, 27 de mayo de 2019

PROYECCIÓN ASIMILADA


Astucia menor en asociación de la palabra,
Que por palabra entiendo al verbo en constructo a lo mayor,
                                   Del mayor de los males respecto a un ruiseñor,
Montando dragones alados como capataz de la inocencia,
De material belleza enclaustrada por fascistas inconclusos,
De la peor calaña almidonada,
                                               Como un marxista enamorado de la Svastica
Cuando el estado material que no surgió por cuerda floja,
Dando un monedero azul cedido ante el misterio,
De mantram profundo e inexistente,
Como el Buda Maitreya en rechazo de la medalla inerte.

Depravada solución de asuntos filosóficos,
Como si el mundo solo fuera una abertura objetivada,
A cual observador fuera un antro de vaguedades fantasmales,

                        Pues de aquel dependería el anhelo,
                                                                      De habernos visto decapitados por los dioses,
Con tecnologías de acueductos y humedales extraviados,
                                                                                    En fluido corporal y substancia
 Espiritual,
De entrenada aspereza de lo anónimo,
Como silencio estupefacto que allanó el orificio de orgasmos expandidos,
Para solo llegar a entender que la carne fue Dios en proyección asimilada del espíritu,
En esfuerzo mayor de contemplar el sí mismo.


J.F.

domingo, 26 de mayo de 2019

LA SUBSTANCIA


Del tedio aparece la substancia anhelada,
En antelación de lo distinto hacia fuera en abundancia,
Pues Palermo es de diosas recostadas en ojales,

Y pensar
                                                                                 Que el sin sentido no fue nada,
Si comparo a la defensa con oleaje enardecido,
Así como felino entrante de capataz intermitente,

Que solo fue testigo del hastío ya hecho carne,
Tal cual a la entrepierna nunca dada a luz
                                                                           Y la sombra de los astros,
Manipulados por llantos mentirosos,
Hallando sosiego en el espanto de una vida llena de belleza,
Cuando el juego da buena nueva al entrecejo,
                                                                       Maestranza de payasos,
Intocables trotamundas, llenas de eficacia libidinosa,
Que a veces con el cuello azulado de placer,
Van trucando entendimientos en arbustos con aroma a sexo,
De penetración vaginal a centauros iracundos,
Pues fue el tantrismo más alto jamás concebido,
La incubación de dioses alados y universos imposibles,
                                                                                Anulados en lo idéntico de lo mismo, 
Dejando espacio abierto entre tanta basura microcósmica.


J.F.

LO QUE SE BUSCA ENTRE EL SONIDO


En un estado de ser
–Que en opinión del transeúnte enamorado, fue solo un santiamén de sexagenarias cometidas–,
Se dio entender aquel asunto que estaciones blancas re-encontraron en estúpido desenfreno.

En internación de lo adverso fuiste mía un par de veces,
Como aquella que se deja deshojar en panales de placer intacto,
Descubriendo acometidas inconexas,
Exagerando la mandrágora de los ausentes,
De festejo incandescente de la mirada de los otros.

Dejase ver alguna vez los secretos de lo mismo,
Para que el antílope menor se proteja de sus crías metafísicas,
Por allí en cuevas donde la serpiente se queda coja,
Evitando diluvios y testamentos innecesarios,
De vaguedades anticuadas en acuarios de seda intacta,
Sin exagerar que lo veloz fue siempre un desencuentro de defectos,

In-al-te-ra-ción de cicatrices y selecta inocuidad,
De querer yo que sea un tanto a diferente indecisión,
A efectuar la mirada de accionar grandilocuente,
Sin que importe que se irriten unos tantos,
Por el sonido impío de la palabra exacta y fantasías desaforadas,
Pues lo ideal es lo que entra en tejados grises,
De grisácea ideología de lo eterno y de lo mismo,
Para qué y para quién y para cuál,
Diría un pasado diferente en versos que fueron idos en deshonestidad desaforada y templarios ecuestres,
                                             De armaduría celestial,
Como la caballería colosal de tridentes indefinidos,
Por la sal,
Por el sol que se fue al contemplarlo,
Por la lluvia que tocaste en fantasías innominadas,
En una colcha inacabada de los dioses de ante ayer.


J.F.

LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...