El yo no es el otro
Dijo un gnani a la vuelta de una esquina sideral
Y yo le creí un tanto poco a la vez que enmarañaba mis
calcetines sedientos de ser,
De ser uno mismo y
todo lo demás,
De ser quien uno fue y lo antelado a un dejo y vaguedad
por lo que no alzo mirada,
De entre mes yo vi que el tiempo fue ficticio,
Para darme cuenta que lo que sube es siempre la silueta
balcánica de un centro que solo pocos vieron,
Entre criptas y estalactitas,
Yo diría que nada de esto fue necesario,
Nada de lo anunciado por un tal y cuál y para qué,
Nada de lo oculto por poetas en seriedad bajo líneas
adornadas por sus miedos más profundos,
Nada
de esas cosas que me hice creer antes del alba amanecida en ojales y pezones exquisitos,
De sensualidad mitificada en claustro mayor de lo menor
en ascendencia,
Polaridad presurizada de lo mismo,
De instintiva semejanza a lo presente,
Sin dado a parar por nada conocido allá entonces,
En pretensión de lo anunciado a un ante ayer de butacas
excitadas y muchachas vírgenes,
Sintonizando lo inaudito en aquellos pasillos que la
civilización abstracta no quiso cruzar,
Allanada en la nada fusca y onomatopéyica en mandato,
De suplica incandescente a lo adverso que se dejara ya
entrever,
Queriendo escapar a lo hilarante,
Que la droga en casco fértil,
Que los astros en seminario azul cuando mis abuelos
intentaron aquello que no fue descrito,
Grandilocuencia exacta de lo eternamente semejante,
Cerraré esta llave que me hiciste abrir,
Para dejar de ver los fantasmas que anunciaron la
identidad de lo eterno doblegado a sí mismo.
J.F.
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