Sálmico, el vendedor de especias de las penínsulas de Dromavilión, si bien había tenido un mes muy abundante, la última semana de abril la sintió algo ajustada debido a unos servicios médicos que se vio en la necesidad de pagar unas semanas antes. Todo estaba bien con su salud, pero ahora debía ocuparse de reactivar el flujo de sus ventas.
Fue así que Sálmico se vio en la necesidad de acudir a Mercurio, el dios regente de los comercios y las transacciones bancarias que era famoso en todo el imperio por ser amigable y ayudar generosamente a los ciudadanos. Esa noche mientras su mujer dormía, Sálmico efectúo un ritual en honor a Mercurio con la intención de agilizar las ventas en su puesto de comercio y manifestar dinero abundante. Para eso, quemó un incienso de estoraque, confeccionó un sigilo propio para la ocasión y le cantó con fé y entrega el himno de Mercurio que en sus tierras solían cantarse para las encomiendas económicas. Visualizó fuertemente que su comercio se reactivaba de forma abrupta y así lo sintió en su corazón. Le pidió encarecidamente a Mercurio que le diera flujo a su comercio y que le trajera 800000 rupias de diamante fino, el dinero más común de la colonia kalirvaliana de Dromavilión.
Luego de presentar su petición formal, Sálmico ofreció de ofrenda un delicioso plato de cereales que había preparado especialmente para Mercurio. Luego de ofrecérselo con devoción, procedió a quemar el sigilo en el que estaba impresa su intención mágica y recitó las palabras mágicas IAO, SEMES EILAM y ABRAXAS. Se quedó meditando unos minutos y luego de eso procedió a cerrar su altar, apagando las velas, y retornando a la habitación principal en el que estaba su mujer durmiendo.
Mercurio, que en su omnisciencia le escuchó, acogió sus pedidos y no tardó en activar su magia extraordinaria. Al día siguiente, para sorpresa y placer de Sálmico, su local mercader se llenó de compradores, que se mostraron intensamente interesados en sus especias y las manufacturas exóticas que importaba desde el extranjero. Vendió increíblemente muchísimo y sus compradores quedaron muy satisfechos. El otro día fue así también, hasta que ya pasadas las semanas el flujo del comercio se había activado para ahora dar un salto en su poder adquisitivo y aumentar las ganancias mensuales de nuestro vendedor dromavilónico. Así fue y la gloria mercurial siempre le acompañó.