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viernes, 24 de abril de 2026

MOVILIZANDO LA ENERGÍA Y DECRETANDO REALIDADES


Me proyecto aquí mismo, en el astral. Me veo escribir en el computador; a la Pili la veo durmiendo. Comienzo a recordar el sueño de anoche: la erupción volcánica y estos cambios climáticos que nos hacían irnos a otro lugar.


Me siento a mi mismo. Veo el espacio del living y me voy a un sitio lejano; parece un monte, parecido a los montes que había en mi sueño. Comienzo a realizar movimientos similares al Tai Chi. Inhalo y exhalo. Voy movilizando la energía de mi cuerpo y la llevo a mis manos en movimientos armónicos y elegantes. Siento que el sistema nervioso en mí —o más bien mis cuerpos sutiles— se enciende como un cableado de luces. Con las inhalaciones voy captando energía cósmica y luego la voy exhalando por la boca. Llevo mis manos hacia arriba y proyecto un haz de luz hacia el cielo sideral. Se va creando un aura dorada alrededor de mí y, en mi pecho, va bailando una luz más intensa que mi campo energético.


Digo: "Yo Soy", y mi energía parece expandirse.


Voy generando un ritmo energético; rocas pequeñas comienzan a levantarse a mi alrededor, magnetizadas con la energía. En el cielo abro un portal y me introduzco en el momento donde estoy dando la segunda parte de mi clase magistral, el miércoles 29 de abril de 2026. Esta vez me coloco mirando hacia el sur, con el mueble de libros atrás. Me siento más elocuente, más seguro de mis palabras que en la primera sesión; siento que voy elaborando mejores reflexiones y con un lenguaje más fluido. Mis estudiantes van preguntando cosas muy interesantes y todo, en suma, sale extremadamente bien.


De esa clase, algunos de mis alumnos comienzan a recomendarme a otros. Veo cómo, de boca en boca, se difunde mi presencia como psicoterapeuta y profesor. Para la próxima clase que realizo, llegan aún más personas; voy visualizando cómo la energía de las clases va creciendo como una bola de nieve, cómo se va fortaleciendo por sí misma. Voy contemplando cómo, a final de año, la asistencia a mis clases suele ser muy alta y gano mucho dinero con ellas —más del que hubiera ganado en el SPI, por supuesto—. Siento solidez y tranquilidad al ver cómo la realidad se está conduciendo a una mayor solidez económica.


Con mis manos proyecto un chorro de energía a esa realidad y le imprimo un sigilo dorado en el aire para sellarla e incubarla en el astral. Le doy mucha energía a ese sigilo; le pido a Júpiter que me ayude. De mis manos comienza a fluir un torrente de energía impresionante, una energía azul que carga el sigilo con fuerza y poder. Siento cómo el torrente de abundancia fluye a través de mí e incuba la realidad que deseo. También siento que el torrente es tan grande que traerá más situaciones abundantes y buenas que aún ni siquiera voy imaginando. Lo más importante es que siento la solidez.


La energía termina de gestarse; el sigilo se ha sellado. Ya listo, lanzo el sigilo al espacio sideral en dirección al sol central del espacio astral. Respiro. De pronto, me doy cuenta de que aparece Mercurio a mi lado. Me dice que vayamos a Kalirvalion, pues me quiere mostrar algo. Me lleva a donde un grupo de burgueses mercaderes contemplan una pila de oro y se ríen con ganas; parece que son los dueños de una corporación de comercio de especias. Son millonarios, pertenecen a la alta cúspide de Kalirvalion.


Mercurio agarra esa realidad y la lanza en mi corazón. Siento un torrente de dinero, de energía abundante, fluyendo a través de mí. Le agradezco y ahora le digo que volveré a mi realidad habitual. Él asiente y se retira también.


miércoles, 22 de abril de 2026

UN SIGILO Y LA EXPLORACIÓN DE DRALVIN


Voy entrando, profundizando en mi pecho. Me transporto a hoy en la tarde, a la clase magistral que realizaré. Me veo cómodo, inspirado y elocuente. Veo seis asistentes en mi clase. Observo todo esto y comienzo a concentrar energía en mis manos, apuntando mis palmas hacia arriba como cuando rezo a los dioses.


Hago un llamado a Mercurio. De arriba de mí se abre un portal y desciende su figura; está él personificado. Me mira. Ahora expresa luz, brilla anaranjadamente. Ahora le hago un llamado a Apolo. Veo una luz dorada poderosa desde lejos, como un gran sol que se acerca. Mercurio permanece frente a mí, observando. Cuando el sol está más cerca, del destello de luz se distingue una figura que se posa frente a mí; no la puedo ver del todo porque la luz me encandila. Parece ser Apolo, o al parecer, un receptáculo astral de aquel.


Ahora los tengo a los dos enfrente y atrás veo estrellas; estamos flotando en el universo. Les digo a ambos:


"Dioses, aquí les he convocado pues necesito que me asistan con una petición: ayúdenme a que la clase magistral que realizaré un poco más tarde salga excelente. Que a mis asistentes les encante la clase, que se muestren entuasmados y realicen preguntas. Que yo me muestre inspirado, inteligente y muy claro en mi exposición. Quiero que esta clase haga crecer mi prestigio y me haga ganar gente fiel a mi trabajo".


Los dioses, estando al frente mío, me miran. Hay silencio. Yo me escucho, me interiorizo. De los dos dioses que brillan ante mí se proyectan dos haces de luz hacia arriba que se entrecruzan y forman figuras geométricas interesantes, que luego parecieran estar creando una red. La red se expande hacia el universo, hacia lugares inciertos. Se ve la red expandida y, arriba de ella, se forma una gran bola de energía. Mercurio me dice que en esa energía debo proyectar el sigilo que representa este encantamiento.


Le hago caso. Saco mi varita y en el aire primero hago un círculo luminoso; luego, un símbolo con estética algo oriental. El sigilo queda brillando en el aire. Yo ahora con mis manos lo envuelvo y comienzo a darle energía. Me concentro. De mí comienza a salir energía que va posándose sobre el sigilo de luz; comienza a brillar como una esfera. La red, más allá, empieza a mostrar destellos, como pulsos eléctricos. Parece que se está generando resonancia y comunicación.


La bola de energía sigue arriba y ahora mi sigilo es una esfera también. Mercurio me indica que ya es hora de lanzarlo a la gran esfera. Le hago caso: con mis manos lo proyecto y lo lanzo suavemente a la esfera anaranjada/dorada de arriba. Cuando logra ingresar, estalla una gran luz y una onda expansiva se esparce por todo el cosmos. La red parece recibir una gran carga de energía, se expande y estalla. Hay una leve implosión donde todo parece concentrarse en el centro de la bola de energía; luego estalla de nuevo y la red desaparece.


Me quedo con las dos presencias. Mercurio se acerca y me dice que, al parecer, la operación tuvo éxito. Me dirijo a Apolo; le agradezco su presencia y su amable asistencia a mi petición. Le envío de mi luz como una forma de ofrendarle. Apolo se eleva brillando y de pronto, a la velocidad de la luz, se va.


Me quedo con Hermes. Le comunico que quiero seguir aquí en el astral. Mercurio asiente y me pregunta qué quiero hacer. Le digo que lo primero que se me ocurre es recorrer Kalirvalion. Él asiente. Nos teletransportamos ahora a un camino. Hay campo alrededor, pasto verdoso. Mercurio parece estar sentado en una roca. Más allá hay un entrecruce de caminos y, no mucho más allá, las murallas de una ciudad. No es Kalir, es otra ciudad kalirvaliana. Mercurio me dice que es Dralvin, ciudad costera del oeste medio de las grandes costas de Kalirvalion.


Comenzamos a caminar acercándonos a las murallas. Estamos en la puerta del muro. Mercurio, con confianza, se acerca a los guardias y les dice que vengo yo con él. Los guardias asienten. Pasamos adentro de la ciudad. Estamos en un sector popular, hay movimiento. Veo herrerías cerca; es lógico, pues estando en la frontera, es zona de soldados. Veo gente caminando. Mercurio me llama la atención y dice que caminemos.


Recorremos la calle principal, pasando por puestos de frutos y cereales. Hay gente moviendo bolsas, niños por ahí. Seguimos caminando. Una señora está en un local con sus hijos, al lado de un horno central. Le preguntamos qué es lo que ofrece; me dice que limpia ropajes con agua caliente del caldero. Seguimos de largo.


Empezamos ahora a elevarnos. A lo lejos vemos los hermosos edificios y templos del centro, y más allá, el mar. Veo uno en particular: un templo que se ve más alto que otros en un monte. Le digo a Mercurio que vayamos allá. Nos teletransportamos. Ahora estamos en su entrada. Una mujer va entrando al umbral con unas flores. Vemos adentro y encontramos una gran estatua de Afrodita. Claramente es su templo. Aquella mujer era una hetera. Hay gente rezándole a la gran estatua; el panorama es muy claro. En las paredes hay pinturas que no logro distinguir del todo.


Salgo un poco hacia afuera. Veo hacia los lados los mini pasillos que se forman. Ahora cambia el aspecto; en realidad, yo estoy cambiando el aspecto del templo. Ahora veo columnas. Estoy más abajo de las escaleras; veo las columnas en la base de arriba y, adentro, la puerta de la que acabamos de salir. A los lados veo jardines; al medio, una fuente cuadrangular.


Mercurio está frente a mí. Me ve como pensando cosas. Le digo que pienso en la arquitectura de este espacio astral; estoy pensando en funcionalidades y elementos que puedan ayudarme en la magia, pero en este momento no se me ocurren. Mercurio me dice que disfrute de la belleza del espacio que he construido hasta ahora. Me dice que Kalirvalion es un hogar, que puedo ir allá siempre que quiera. En Kalirvalion poseo un reino en el que puedo realizar todo lo que se me ocurra y confeccionar todas las operaciones mágicas que desee.


Me quedo sintiendo lo que me dice y mirando alrededor. Creo que por ahora está bien. Le agradezco a Mercurio. Le digo que lo veo calmado hoy día, más serio de lo común. Se ríe un poco. Me dice en broma que él no solamente se limita a ser un payaso. Lo dice irónicamente, pues da la impresión de que ahora sí se está haciendo el payaso. De pronto se va.


Me quedo a las afueras de este templo. Hago mi reverencia:


"En el nombre de los dioses, en el nombre de lo Uno, y en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén".


Vuelvo a incorporarme aquí en la Tierra.


lunes, 19 de enero de 2026

EL RITO DE AZAROK




Era la hora del ocaso y Azarok ya estaba listo para llevar a cabo el ritual que por tantos meses había planificado. Las condiciones astrológicas eran perfectas: las 3 estrellas de Ixis figuraban relucientes en el firmamento y la luna brillaba llena en Tauro. No había duda que aquel era precisamente el momento que debía utilizar si quería invocar toda la abundancia de Júpiter para su vida personal y financiera.

Fue entonces que Azarok, luego de tomarse un baño con hierbas purificadoras y expulsar todos los espíritus indeseados que merodearan su recamara, dibujó el sagrado pentagrama en la superficie del suelo de su pequeño templo para dar receptáculo energético al ritual que a continuación iba a realizar. Dentro del círculo de protección, nuestro mago graficó hábilmente una estrella de 5 puntas en dirección ascendente, imprimiendo en cada una de sus puntas sigilos propios de los dioses Júpiter, Marte y Venus. A continuación tomó su lumínica daga para abrir los puentes hacia las cuatro direcciones e invocar a Bóreas, el norteño distante; a Noto, el sureño poderoso; a Euro, el oriental profundo; y a Céfiro, el poderoso del oeste; para que le asistieran en el sostenimiento cósmico de su operación mágica. De inmediato nuestro mago pudo sentir las poderosas fuerzas que comenzaban a configurarse dentro de su templo. Algo ya se sentía sostenido y establecido para comenzar el procedimiento ritualístico.

Azarok procedió a prender 8 velas y 8 inciensos para realizar su primera invocación formal a Júpiter. Para su llamamiento, el gran mago utilizó el pergamino de Zilicar, un tratado antigüo escrito alrededor en el siglo III del cuarto eón. Este pergamino albergaba instrucciones y consejos para la invocación de espíritus jupiterinos y al propio Júpiter. En uno de los pasajes, el pergamino sugiere la recitación del himno invocatorio al gran dios largovidente que nuestro mismo mago utilizó para dar apertura a su ritual. El himno rezaba así y así fue recitado por el mago:


“Poderoso Júpiter,

dueño magnánimo de las estancias del cosmos,

poderoso señor de todo lo que existe,

Júpiter, tu quien vienes del origen de todas las cosas

y que dotó de orden al mundo con extensiva visión.


Tú Júpiter, aquel que antes fue Zeus,

Tú crónida que escuchas estas palabras,

invoco tu poderosa presencia para que me asistas en esta magia.

Dame de tu propio poder para realizar este mandato divino,

y que el mundo se movilice por orden de mi palabra autorizada por la tuya

y crear resultados profundos según mi propia voluntad.


Júpiter, escucha mi llamado y acompaña hoy a tu hijo viviente.

Dótalo de toda tu fuerza para que alcance la heróica victoria prometida.”


El mago, habiendo recitado estas fornidas palabras, tomó su postura de meditación para cerrar sus ojos y visualizar un gran rayo que caía en su propio altar. El rayo era brillante, poderoso, sublime, el poder que transmitía era absolutamente indescriptible. Fue así que Azarok entró en profundo trance, y tomando un viejo libro de fórmulas mágicas, recita 8 palabras hebreas con las que pretendía abrir las 8 dimensiones del Aliaris. Fue así como aparecieron 8 espíritus luminosos que se le posaron alrededor del círculo de poder. Habiendo invocado la presencia de estos espíritus, el mago dibujó un gran y hermoso sigilo en un pergamino, cuya intención secreta buscaba aumentar sus riquezas a niveles millonarios. Habiéndolo realizado, el mago, aún en postura de posición de loto, comienza a masturbarse y activar el grandioso sigilo que acababa de realizar. Fue así que en ese momento, invocando también a Venus, el mago con su orgasmo fijó su sigilo en el Astral como una semilla prometedora, cuya pujanza de materialización era poderosa y nutrida.

Habiendo terminado, el mago procedió a prender una vela azul, intencionada en la potenciación del sigilo que acababa de lanzar. El sigilo, ya activado, procedió a quemarlo, y se quedó unos 20 minutos meditando en la grandiosidad de Júpiter, para luego rezarle unas palabras de cierre. Ya finalizado el ritual, Azarok procedió a realizar los destierros específicos y a tomarse un baño para limpiar su energía de posibles parásitos que hayan querido aprovechar la oportunidad de aparecer. Fue así que la operación ya estaba terminada.


sábado, 25 de octubre de 2025

CUANDO LAS MATERIAS SE MULTIPLIQUEN




El periodo mayor de la gran explosión de las riquezas,

adviene prontamente dentro del horizonte temporal de los acontecimientos,

el oro filosófico se vislumbra ya cada vez más cerca dentro de los contornos del trabajo conocido.


Lo nuevo puja, quiere nacer,

la multiplicación de las sustancias está casi por consumar su prometida llegada.


Porque fueron 2.100.000 las sustancias procesadas que dieron lugar a la transformación del plomo inerte en el florecimiento multicolor de la abundancia extravagante.


Ante la mirada la obra se realiza,

los ámbitos sucumben ante la unidad,

la inmortalidad se imponen ante los cadáveres,


La realidad del oro multiplicado viene con fuerza entre la carrera de las olas insurrectas.


Un mar de prósperos respiros se divisan en las esquinas de proyectos de realidad adversas,

sueños inacabados dan de qué hablar cuando las llagas se cierran para dar espacio mayor a la suma medicina.


El bastón del sacerdote se eleva fuerte hacia los cielos,

para hacer descender el espíritu de todas las riquezas,

te todos los bienes posibles dentro del anverso mundo de las posibilidades.


El oro filosófico se dará en multiplicación,

y será repartido entre todos los espíritus que buscan buena guía,

que buscan el florecimiento de las sustancias nutricias.


Así se verá el mañana,

aquel día en que las materias se multipliquen.


LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...