Era ya la hora quinta después del mediodía de ese día domingo primaveral en la ciudad de Kalir. Las gentes estaban ya reunidas en la plaza central, esperando a sus emperadores dar el ansiado discurso. Había una expectación llena de entusiasmo, se rumoreaba que el ejército kalirvaliando había tenido una aplastante victoria en las tierras del sudeste. Alrededor de los ciudadanos perfilaban los guardias reales en una fila impetuosa, resguardando el orden de las multitudes y protegiendo el perímetro del palacio central. Fue así entonces, que de pronto, de entre las persianas del ventanal del balcón real apareció la pareja real bajo un halo sagrado que dejó perplejos a todos los asistentes. El emperador Reivaj se adelantó y mirando al pueblo con orgullo levantó sus palmas en tono de saludo. Los ciudadanos, llenos de devoción, levantaron su palma de la mano hacia el cielo como signo de reverencia ante el sagrado líder. En ese momento, el pueblo dijo casi al unísono:
¡Mi señor, te saludamos!
Reivaj posó su mirada a los rostros que lograba divisar, y lleno de orgullo solemne comenzó con estas palabras:
Querido pueblo de Kalirvalion. Ciudadanos excelsos, ciudadanos elegidos. Con mi señora emperatriz estamos gustosos de informarles que el día de hoy, a hora 9na antes del mediodía, el ejército de Kalirvalion penetró en las murallas de Telagón, obteniendo una victoria aplastante sobre los enemigos del imperio sacro.
Los asistentes estallaron en gritos de celebración. Algunos saltaban con entusiasmo, otros lloraban de alegría, otros elevaban sus manos al cielo como signo de agradecimiento a los dioses. Luego de unos segundos de euforia, nuestro excelso emperador continuo:
Sí, amigos míos, celebren esta victoria, saboreen de primera mano el sabor del triunfo. Júpiter nos ha acompañado, nuestro benefactor trascendental nos ha guiado y auspiciado en el crecimiento de esta maravilla que es Kalirvalion, el reino que traerá el paraíso aquí en la tierra. Somos el pueblo elegido, queridos ciudadanos, somos el reino que traerá el cielo a la tierra y le abrirá las puertas a los dioses para entrar en comunión indisoluble con su sacralidad. Estamos destinados a ser inmortales, queridos míos, y prueba de ello es este triunfo arrollador, un triunfo que marcará una nueva época para Kalirvalion. Como algunos sabrán, la región de Filauria es una zona exquisita en oro y minerales de primer nivel. Nuestro acceso a Telagón nos hará ahora señores de 67 establecimientos mineros extraordinarios, en los que el oro abunda más que cualquier otra materia. Ahora mismo, una legión de carretas mercantes se moviliza a Kalir para traernos el sagrado oro a nuestros dominios.
Los asistentes estallaron nuevamente en gritos de euforia. Todo era una gran celebración.
Sí señores, este oro, este oro puro del que ahora somos dueños, nos pertenece por destino: es el designio que Júpiter nos brinda para avanzar en el plan divino en el cual hemos sido elegidos. Este oro, al llegar a nosotros, permanecerá 1 semana completa en trabajos ritualísticos, a modo de dotar su materia de la magia trascendental del largovidente. Ya les iremos informando de los próximos movimientos. Por lo pronto, los bendigo a todos ustedes y declaro que esta noche hay fiesta nacional para celebrar nuestro triunfo. Disfruten de la gloria, amados ciudadanos, les amamos como padres a sus hijos idílicos. Buenas tardes.
Con estas palabras, Reivaj se dio la vuelta, tomando de la mano a su mujer emperatriz y ambos retornaron al palacio real. La noche de Kalir recibía una ciudad en celebración, donde la música, las risas, y las gentes se escuchaban en cada rincón de la sagrada ciudad. Esa noche, fue noche de victoria, y debía celebrarse acorde a la hermosura del triunfo.