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lunes, 15 de diciembre de 2025

LO QUE MUESTRA EL DIOS MERCURIO


Mercurio guiaba al viviente por pasadizos que ahora se sentían profundos.

El iba adelante y el viviente atrás, siguiendo sus pasos. De pronto subieron una escalera que se veía al fondo del pasillo. Dieron buenos cuantos pasos hasta dar con una puerta que daba allá arriba. Mercurio la abre y ambos aparecen en un gran campo verdoso, lleno de vida, de flores y de un rico dorado. De pronto comienza a llover monedas de oro por todo el lugar. Mercurio en esto se da vuelta, mira al viviente y con su mano apunta al campo como para señalarle que observe atentamente.

El dinero iba creciendo en montañas, y de las montañas de oro comenzaba a construirse espontáneamente los cimientos de estructuras que parecían de edificios cuadriculares. De las estructuras comenzaron a elevarse columnas, paredes que se elevaban y configuraban techos. Se formaban edificios, templos y estructuras hermosa, de estética grecolatina. Un poco más allá se formaba una gran fuente que parecía parte de una plaza central del lugar. Un poco más allá, arriba de un pequeño monte, se elevaba un templo hermoso que contrastaba con la luz del atardecer. Una gran ciudad emergía del dinero que llovía y llovía.

Mercurio le hizo una señal para que recorrieran el lugar. Lo llevó cerca de la pileta para que tocara el agua. En el centro el viviente se daba cuenta de que había una escultura de una sirena que expelía agua por sus senos. Un poco más allá, caminaron hacia un rico mercado que estaba instalado en una cuadrícula de esa parte de la ciudad. Los mercados estaban llenos de exquisitos alimentos, especias, y objetos valiosos. Los vendedores vendían sus productos y los compradores compraban sus especias y bienes. Todos se veían felices y nutridos.

Luego, el dios le guió hacia un lugar más lejano, un gran palacio que se veía por allá lejos. Al llegar, tenía unas amplias escaleras rectas de mármol, adornada con alfombras y toldos rojos que colgaban de las barandas y formaban un camino real. Al entrar, había una gran estatúa de Júpiter, que sentado en un trono yacía imponente en la espectacular panorámica. Debajo de aquel, se podía entrar a otra cámara, un gran salon que tenía otras escaleras similares a la de la entrada, que daban a una plataforma que estaba debajo de un gran mural con imágenes sagradas de dioses antiguos. En el trono había un rey y una reina sentados junto al otro. Al acercarse el viviente notaba que era él mismo, Javier, junto a su mujer, Pilar-Adelia. Ellos estaban sentados, en profunda y poderosa energía imponente, como meditando en su poder infinito que proyectaban por toda la sala.

En esto, Mercurio le comunicó con telepatía, que todo esto era parte del futuro venidero del viviente. Que todo ese poder le pertenecía a Javier. En eso Mercurio apunta hacia arriba del templo, y el viviente nota que había un espacio circular abierto que exponía el cielo. En el espacio circular estaba el sol radiante. Mercurio apuntaba hacia allí, como diciendo lo importante que era recordar el principio divino que le precede.

Todo esto eran anuncios, una muestra de todo aquello que le pertenecía a Javier. Mercurio parecía instruirle y prepararle para sostener todo ese poder y riqueza que advendrían. Javier estaba siendo instruido en la vida de abundancia y el auspicio jupiteriano. 


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