El amor cuaja, el amor avanza, Javier y Pilar-Adelia se cuidan y se hacen bien en el pasar de sus años juntos. La riqueza mercurial, la riqueza hermética llega en flujos constantes mientras Zeus preside el crecimiento orgánico y la responsabilidad financiera totalizada.
Porque Zeus, el uno, el origen de todas las cosas, Dios mismo en su invisibilidad absoluta, era infaltable en el hogar de nuestros protagonistas. Zeus es quien da y brinda el anclaje místico de todos los movimientos, de todas las expansiones idas y por haber. Zeus es la fuerza primordial, el archi-poder que hace posible todo poder impresionante.
Y así mismo lo comprendió Javier, quien se entregaba profundamente al discipulado no solo de Hermes, sino del gran Zeus también en la seguidilla de sus exploraciones mágicas. Así iba tomando constancia que con Zeus las cosas se ordenaban y crecían, y con Hermes, las cosas tornaban en movimiento eterno.
Difícil es expresar las comprensiones místicas que advenían en el trabajo con estos dos grandes dioses. Simplemente la gnosis iba abriéndose poderosa en la presencia de estos grandes regentes. Hermes era la guía infaltable de Javier en la flexibilidad, la creatividad y la suerte de bendiciones inesperables. Zeus era la gnosis primordial que brindaba no solo el crecimiento económico que efectivamente nuestro protagonista comenzó a experimentar, sino también la gnosis religiosa del entendimiento prístino del todo. Porque Zeus es la verdad eterna, y eso muy bien Javier comenzó a integrarlo en sus meditaciones.
Así fue como la magia se iba tornando ágil, cambiante, natural y poderosa. La magia fue acompañando a Javier y su amada Pilar-Adelia en cada uno de sus pasos. Todo se abría hacia la integración, la unión, la brillantes de la abundancia y miles de bendiciones venideras. Porque Javier y Pilar-Adelia fueron los emperadores poderosos de la vida matrimonial conjunta que construyeron ambos a lo largo de sus años.