Oh Júpiter,
ya es tu día y yo te canto, magnánimo dios,
dios de dioses,
Dios supremo,
dios dador de todas las bondades del mundo y sus fundamentos invisibles,
dios del fuego original,
del espíritu incandescente,
escucha mis palabras que en devoción y pleitesía se alzan hacia lo alto para enaltecerte.
Tú eres el trueno, extraordinario Júpiter,
tú eres quien dio orden al mundo.
Fundador de los olímpicos,
padre de dioses y héroes,
diseminador de dinastías y reinos,
tú, quien desfloraste a Europa en las lejanías de Creta,
tú, quien diste a Leda los excelsos gemelos que hicieron gloria,
tú, quien derrotaste a Tifón y preservaste el orden del cosmos, dios salvador,
tú, que diste beneficio civilizatorio a los primeros esfuerzos humanos por alcanzar el orden cósmico.
A ti, dios, yo te doy honores,
porque eres la potencia sideral,
eres el trueno arrasador,
eres la omnisciencia,
eres el orden,
eres la justicia,
benefactor de Kalirvalion,
padre de Reivaj y Aileda-Ralip,
eres la visión suprema dada en fundamento de su propio infinito,
de todos los posibles bajo el manto eterno de la vacía luz de tu absolutez.
Júpiter, protector de imperios,
sé mi benefactor en esta vida, dios gobernador de los contornos del mundo.
Sé mi protector, el impulsor de todas mis expansiones.
Expande mis finanzas, mis ingresos, expande mi dinero hacia la conquista del poder y la buena vida, ayúdame con todos los asuntos cotidianos en los que me vea inmerso.
Potencia mi magia, dios de todos los dioses,
dale de tu luz, de tu inteligencia, de tu crecimiento sideral,
sé tú quien dé motor a mi voluntad para que mi palabra manifieste los deseos que dentro de mi corazón rugen en su fuerza.
Que seas tú quien legitime mi voluntad de poder,
que seas tú el que me haga más fuerte y poderoso, gobernador de todo lo que me rodea,
que seas tú quien auspicie la conquista de la vida soñada, divino dios.
Toma mis palabras, dios de los cielos, como un obsequio a las maravillas de tu numinosidad abierta. Toma mis palabras, dios sideral, y que todos los dioses sepan que yo te recuerdo y te doy honores. Dile a las fuerzas invisibles que yo soy tu hijo, tu beneficiario, tu discípulo que se ha dispuesto a convertirse en el creador de su propia vida.
Que las historias, que los relatos humanos siempre te recuerden, dios de todo lo que existe;
tu hijo trascendental te ama y te enaltece desde su estancia terrícola.