viernes, 17 de septiembre de 2021

NO QUIERO BEBER DE LO QUE SÉ QUE SOY YO MISMO


El mundo es un estruendo,

una bocanada de imaginación,

una dilucidación de astros,

un eterno diálogo con lo aparente.


Un yo que inexistente destrabó las vertientes de su propia mentira,

amilanó figuraciones, eyaculó en un centenar de posibles universos,

lo diáfano no dio a buen tiempo, ni siquiera en la sinfónica inaudita de la posibilidad de sus adentros.


Fui esencia y fui fugacidad,

fui lo que se vio y se entrevió,

fui aquello que no fui y lo que alguna vez seré,

como si de un hecho pasado se tratase, 

como si el tiempo diera vuelco en su eterno deambular,

en aquellos caminos nocturnos que acontecieron en el gran sueño,

en aquel fuego misterioso que apareció mientras unos cuantos anhelaban ser buena tribu,

en aquella cosa gregaria tan venida de mis adentros, de memorias infinitas,

de pesares y preguntas, de antepasados en olvido que irguieron su voz como pluma invisible,

y describieron lo inaudito, en reactualización de lo que alguna vez fue nuestro reflejo.


El fluir del río oscuro, 

las rocas insurrectas, 

el sol que brilla profundo de aquellas tardes silenciosas,

cuando el hombre no era hombre, y la mujer no era mujer, 

en aquel silencio glorioso de lo indiferenciado en agua permanente. 

El caos era el tesoro prometido por la evolución de un ante mano,

por eso nos hicieron extender la experiencia de lo salvaje, 

para atestiguar que el futuro realmente fue nuestro comienzo, 

un todo desdoblado en distracciones, un ir inevitablemente a lo que siempre fue, 

un dislocar las figuras insanas de nuestra pretensión civilizada.


Discurro en displicencia, discrepo para ver,

antes de mi fue un otro en cuestión de lo invisible,

que sigue a mi lado como buen guardián terrorífico,

Recordador de las facetas oscuras y de lo hondo,

de aquel no saber desprovisto de adjetivos. 


Dios jugó a silenciar descubrimientos,

para escurrirse entre la bruma de interrogantes y malezas de polaridad.


No quiero beber de lo que sé soy yo mismo.


J.F.


martes, 14 de septiembre de 2021

NÚMERO 8


Pulsaciones,

y muchas intersecciones de lo imperceptible.


Debo anunciar que las estaciones se me vienen como seguidilla,

vuelven a dibujar rezagos de anuncios y acaso susurros elocuentes,

que solo yo entendí bajo la curiosidad de mi escritura.


Antes de diseccionar lo que discrepo en la entubación de los pesares,

intentaré dar cabida a la imagen que realmente se me da de antemano,

aquella inseguridad indescriptible, aquel titubeo sagrado que me consume,

y me lleva a imprimir las percepciones profundas que se me vienen como silbidos furiosos 

de animosidad de antepasados y rituales en olvido.


El espacio se ve desde allí donde no dejas posar la mirada,

allí donde la bifurcación de las temporalidades se hacen cortas

como para fotografiar, cartografía, autografiar estupideces,

que poco importan para la evolución de las singularidades de idas y venidas.


Me enfurezco al ver tanta mierda plasmada en las calles,

de creencias que vinieron de reciclaje al por mayor para aquellas religiones renegadas,

y creídas olvidadas por las masas vulgares y violentas.


Ahí distingo entre apariciones y desapariciones,

también observo el silencio entre la bruma que brindó tan poco para la merienda.

Un autobús, con payasos y montículos, que llegaron como para vivir en respiro profundo, 

olvidando que aquéllas venían de lugares un tanto displicentes.


El camino es árido si no se deja tocar por maquinaria incestuosa,

El rostro que se fija en la pantalla es divino, sobre todo cuando llegas a comprender

que no hay nada que entender bajo las luces multiformes de los miles de millones de anuncios,

de esos que se instalan en esquinas, como para atraer a la gentuza sedienta.


Las luces retorcidas de la realidad de la ciudad, aquel desánimo perverso,

aquel grisáceo inoperante y que deja huellas en los rostros cansados,

el reflejo de las lluvias siempre en paradoja acidez, 

bebo de ellas cuando debo interceptar cigarras.


Una posibilidad aparece,

pero des-aparece al instante,

pasillos oscuros,

siluetas que se anuncian,

busco y extravío las nociones de ser algo,

en aquel acontecer,

un desdoblamiento de los sentidos,

cortinas que se abren, ascensores que suben y bajan,

una dama en lencería que grita para hacer el amor,

y más y más profundidad,

y fuego y más sangre,

y una estatuilla dorada que anuncia meditaciones venideras,

y una transformación del negro impenetrable,

ahora lianas como ductos,

construcciones diamantinas,

algo que se destierra de la anterior masa confusa,

caminos sin retorno,

templos que fueron de unos otros,

silencio ruidoso de selvatico amanecer,

me veo resonando entre cosas que no entiendo,

el sentido del barro se me da a planta fija,

de mi pie al caminar,

de las hormigas que se colaron por mi rostro,

y un sueño más entre el gran silencio.


Debo viajar a otros lares cuando las cosas se ponen demasiado claras,

me gusta la indagación del sufrir y el éxtasis divino de ser un loco,

ondulaciones y más ondulaciones,

dientes con sarro y un aliento a mierda,

cigarros apagados y música de Motown,

a través de los siglos y los siglos,

quién iba a decir que la radio fue el sentido de todo lo existente,

que detrás de las bocinas que anunciaban guerras, 

había una molécula generadora,

la molécula divina que hizo estallar este universo,

y dotó a todas las criaturas la desagradable facultad del habla,

el verbo,

por eso el verbo fue antes que Dios,

porque no fue dios, si no una anticipación de lo acaso creado y potencial creador,

un antes que realmente no pudo divisarse,

pero a su vez estuvo presente en la mera defecación de un obeso vendedor de tacos.


Heces cuneiformes,

dotadas de alas que en realidad fueron siempre un entre paréntesis,

de diversos estadios aparentemente entrelazados,

de ser un grillo dueño de Roma a una prostituta dueña de Harvard 

custodiados de samurais gustosos de surfear.


Discrepo cuando dicen, que las aguas son diversas si pensamos en los Beatles,

no lo creo, discrepo y me muevo en el entendimiento de que todo es más bien todo,

que las uñas desechas de la señora Inés fueron igualmente importantes que los mandamientos sagrados de Napoleon y sus gloriosas campañas.


Fui seguidor de Napoleon, en aquellos tiempos,

cuando todavía era un rumor entre los respiros de aquellos vivos de tiempo y moda,

fui una presencia diferente, como una omni abarcabilidad de los latidos de los organismos,

Allí estaba para presenciar al ridículo emperador glorioso abominable y admirable.


Prometí allí que volvería a discutir con ancianos,

quizás tomando un buen whisky, quizás en una partida diferente de ajedrez,

pero la conversación mayor debía darse, ¿por qué no?, a las afueras de lo que se pensaba allegado.


De un báculo bajé de aquel globo aerostático que hizo divisar tantas alturas,

ahora bebo de lo que no sé, como para dejar constancia de mis andanzas infinitas.


El número ocho fue una sucesión de la simpleza. 


J.F.


viernes, 10 de septiembre de 2021

TODO TIENE LA CALIDAD DE UNA VISIÓN


Reconozco que mi tonalidad rosácea

figura para mi, el primer intento de un acontecer que no vio resolución.


Vivo para vivir de vaguedades,

y allí hago buen intento,

me muevo como serpiente entre los pantanos de mi realidad,

y demuestro de una forma un tanto incomprensible,

la figuración verdadera de mis pasos,

de esos que resuenan de lejos,

en ecos de templos en olvido y un acontecer deseoso de nada.


Misterio a un cuarto de ser por fin lo mismo,

de luces que se abren para recibir el gran secreto,

de nacer y morir al mismo tiempo,

en el mismo instante,

¿Es que acaso hubo otro instante?

miro entre las fauces, y veo un todo en circularidad,

una curvatura incandescente que me llama como un astro.


Más no tengo idea de aquella singularidad,

solo arrastra todo lo conocido como cual aspiración en higiene cosmológica.


El cosmos es como un kinder Garden

para panfleteros que se quedaron en lavanderías de banderas inconclusas,

yo nunca fui de esos, preferí la llegada de la imaginación siempre cambiante,

antes de pactar con imbéciles y rebaños decadentes.


La realidad será solo para los que renieguen de respuestas,

sobre todo esas que se miran en vitrinas y  pancartas llenas de hedor a colectivo,

de epidemias y antebrazos,

de imposturas que no hallaban ajuste en aquellos que quisieron ser anónimos,

y buscaron al Buda en posición próxima a la nirvanización de los acometidos.


Nirvana, o Nibbana,

o liviano devenir que se arrastra sino de un anteayer,

–no nacido ni creado, dicen–,

de un verdor tan cálido e insoportable. 

Así huelo plantas, vegetación salvaje,

veo uno que otro insecto de múltiples cromáticos,

y un asceta perdido entre los bosquejos en intento de salir por el patio trasero.


¡Ah! Cierto es que aquello no es de mi incumbencia,

pues yo vivo para imaginar, e imagino lo que se me da la gana,

¿Existirá algo más vulgar que creer que las cosas fijas son preferibles antes 

del torrente de lo que puede llegar a ser? La imaginación es mi religión, y no reculo en tal sentencia.


Sea hoy o sea en otro punto de la seguidilla de puntos, y segundos,

y milisegundos que se entrecruzan en un infinito indiviso que pocos se atreven a descifrar,

no hay importancia en la preferencia que se de a lo dado.


Todo tiene calidad de una visión,

esa es la comprensión que se me dio de terco.

La visión es la liberación,

la sugestión invertebrada de los justos.

Así y todo, es conveniente no dejarse amedrentar

por las limitaciones que pretenden santidad y pureza,

la imagen debe desatarse, no debe haber temor en aquello.


Si doy un cuerpo de tronco y una herramienta de sabores orgánicos,

no llegaré quizás a penetrar en esos subterráneos de leñadores enfermos,

de las transacciones bancarias de empresarios y acueductos.


Un pato vi una vez

pasear por el paraje de las finanzas y más bien se dio como de lejos que estafa acaecía.


De una ilustración llana se llega a una obnubilación de lo absurdo,

y eso realmente es un placer de dioses,

insistir en aquello que se hace ridículo para los muchos,

y desestructurar la noción de demencia que acaso una vez aconteció en la mañana.


Veo animales, veo zorros,

y un león que mira hacia el oriente, el gran oriente,

que anunció que las cosas nunca serían iguales luego del tenedor que botaste en la bañera.


J.F.


LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...