Reconozco que mi tonalidad rosácea
figura para mi, el primer intento de un acontecer que no vio resolución.
Vivo para vivir de vaguedades,
y allí hago buen intento,
me muevo como serpiente entre los pantanos de mi realidad,
y demuestro de una forma un tanto incomprensible,
la figuración verdadera de mis pasos,
de esos que resuenan de lejos,
en ecos de templos en olvido y un acontecer deseoso de nada.
Misterio a un cuarto de ser por fin lo mismo,
de luces que se abren para recibir el gran secreto,
de nacer y morir al mismo tiempo,
en el mismo instante,
¿Es que acaso hubo otro instante?
miro entre las fauces, y veo un todo en circularidad,
una curvatura incandescente que me llama como un astro.
Más no tengo idea de aquella singularidad,
solo arrastra todo lo conocido como cual aspiración en higiene cosmológica.
El cosmos es como un kinder Garden
para panfleteros que se quedaron en lavanderías de banderas inconclusas,
yo nunca fui de esos, preferí la llegada de la imaginación siempre cambiante,
antes de pactar con imbéciles y rebaños decadentes.
La realidad será solo para los que renieguen de respuestas,
sobre todo esas que se miran en vitrinas y pancartas llenas de hedor a colectivo,
de epidemias y antebrazos,
de imposturas que no hallaban ajuste en aquellos que quisieron ser anónimos,
y buscaron al Buda en posición próxima a la nirvanización de los acometidos.
Nirvana, o Nibbana,
o liviano devenir que se arrastra sino de un anteayer,
–no nacido ni creado, dicen–,
de un verdor tan cálido e insoportable.
Así huelo plantas, vegetación salvaje,
veo uno que otro insecto de múltiples cromáticos,
y un asceta perdido entre los bosquejos en intento de salir por el patio trasero.
¡Ah! Cierto es que aquello no es de mi incumbencia,
pues yo vivo para imaginar, e imagino lo que se me da la gana,
¿Existirá algo más vulgar que creer que las cosas fijas son preferibles antes
del torrente de lo que puede llegar a ser? La imaginación es mi religión, y no reculo en tal sentencia.
Sea hoy o sea en otro punto de la seguidilla de puntos, y segundos,
y milisegundos que se entrecruzan en un infinito indiviso que pocos se atreven a descifrar,
no hay importancia en la preferencia que se de a lo dado.
Todo tiene calidad de una visión,
esa es la comprensión que se me dio de terco.
La visión es la liberación,
la sugestión invertebrada de los justos.
Así y todo, es conveniente no dejarse amedrentar
por las limitaciones que pretenden santidad y pureza,
la imagen debe desatarse, no debe haber temor en aquello.
Si doy un cuerpo de tronco y una herramienta de sabores orgánicos,
no llegaré quizás a penetrar en esos subterráneos de leñadores enfermos,
de las transacciones bancarias de empresarios y acueductos.
Un pato vi una vez
pasear por el paraje de las finanzas y más bien se dio como de lejos que estafa acaecía.
De una ilustración llana se llega a una obnubilación de lo absurdo,
y eso realmente es un placer de dioses,
insistir en aquello que se hace ridículo para los muchos,
y desestructurar la noción de demencia que acaso una vez aconteció en la mañana.
Veo animales, veo zorros,
y un león que mira hacia el oriente, el gran oriente,
que anunció que las cosas nunca serían iguales luego del tenedor que botaste en la bañera.
J.F.
No hay comentarios:
Publicar un comentario