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viernes, 6 de enero de 2017

VIVIR SIN REFERENTES: UN ESPACIO ABIERTO A LO DESCONOCIDO

Es común en la cultura científica, que se exija a los investigadores trabajar en base a referencias y bibliografía que sustenten la exploración empírica que se llevará a cabo en la investigación. De esta manera, todo experimento, toda acción metodológica del investigador se direcciona a confirmar o desechar ideas, pero, aunque el experimento logre desechar una idea o teoría, rápidamente se ve reemplazada por una nueva explicación que el científico le otorga. Si bien no es mi intención hablar de ciencia en este escrito, arrojo esta idea porque representa de buena forma el modo de pensar y la forma de vivir que tenemos los humanos hoy en día.

Cuando hablo que nuestra forma de vivir se asimila al pensamiento científico, no me refiero a que nuestras vidas sean razonables, metódicas, empíricas y lógicas; tampoco digo que esas cualidades de la ciencia sean las que la vida humana debiese tener. Me refiero, a que nuestra formas de pensar, de sentir, de actuar y de relacionarnos, están íntimamente ligadas a referencias que a lo largo de la vida hemos incorporado. Pero ¿a qué me refiero con referencias?, ¿qué implican las referencias en nuestro diario de vivir?

Si examinamos detenidamente nuestras actividades diarias y vemos cuáles son nuestras acciones y reacciones que se relacionan con éstas, observaremos que cada una de ellas está guiada por un punto de referencia; es decir, una noción, una idea o pensamiento, que se ubican en una especie de telón de fondo en nuestra consciencia. Estas ideas y nociones, guían al individuo en la elección de sus acciones y sobre cuáles son las formas correctas e incorrectas de realizar una actividad. De esta manera las referencias actúan como la base donde se determinan los debería y no debería de una acción. Por lo tanto, las referencias son nociones mentales, son pensamientos que se configuran como verdaderos mapas para la interpretación de nuestra realidad.

Por otro lado, las referencias mentales se configuran y operan en cada individuo, pero también tienen un origen social y colectivo. Aquí no interesa si el huevo fue primero que la gallina o viceversa, simplemente observamos un fenómeno que se desarrolla en dos dimensiones fundamentales: en el ámbito psicológico, y en el ámbito social. En el funcionamiento colectivo, las referencias están en todos lados. Se podría decir que la sociedad misma se edifica en un castillo de referencias. La tradición, la escuela, los gobiernos y la publicidad, son ejemplos de lugares en los que se generan y se perpetúan las referencias que la colectividad maneja en sus vidas cotidianas. La educación nos educa moldeando nuestro comportamiento para someternos a la sociedad, la publicidad crea necesidades falsas e incita el consumo; los gobiernos nos imponen ideologías y leyes que configuran nuestros pensamientos y actitudes; etc. Todo esto constituyen referentes que moldean el pensamiento y las acciones de todos los individuos.

Dicho de manera, los referentes corresponden a todas las nociones culturales que nosotros llevamos dentro. Estas nociones culturales, como se viene diciendo en párrafos anteriores, son guías de conducta. Es decir, las nociones culturales condicionan la forma en que vamos a desenvolvernos en la vida cotidiana, llegando incluso a determinar la vida completa de un individuo. Por lo tanto podemos afirmar que los referentes mentales funcionan en base a la imitación: la mente crea una imagen, un ideal, y la persona realiza esfuerzos para mimetizarse con esa imagen mental que se ha creado. Por ejemplo, la imagen de un adulto en un automóvil lujoso junto a una chica guapa, puede condicionar la creencia de que para conseguir sexo debo tener dinero y prestigio; o la imagen católica de una vida después de la muerte, incita a las personas creyentes a expiar sus pecados alejándose de las tentaciones del cuerpo; etc.

En base a estas nociones vamos configurando nuestro pensar. Es a través de la experiencia, que la mente va acumulando conocimientos, estos conocimientos se van articulando hasta configurar los referentes mentales de los que hablamos. Todo el pensamiento se basa en referentes. Para pensar, necesito una idea preconcebida, una imagen, una experiencia que me permita comparar los estímulos de la realidad con el conocimiento que ya poseo. Por lo tanto todo pensamiento, por muy sofisticado o erudito que pueda ser, se basa en referentes, y por lo tanto, en la imitación. Para confeccionar ideas, necesito de ideas previas para realizar un "nuevo" pensamiento. Pero esta novedad del pensamiento, es ilusoria, ya que el pensamiento mismo se basa en una construcción, en una serie de referentes y paradigmas que configuran nuestra propia realidad.
Todo lo hablado hasta aquí puede llevarnos a reflexionar, que nuestros pensamientos, nuestras emociones y acciones no son auténticas. Puede sonar duro, y probablemente más de algún lector reaccione en desacuerdo con esta afirmación. Sin embargo, todo lo que hacemos tiene un referente cultural que hemos aprendido y por lo tanto imitado. Vivimos vidas de segunda mano, ya que antes de vivir, antes de experimentar el fenómeno de la vida en sí misma, estamos todo el tiempo encasillando en nociones, ideas, percepciones y experiencias previas que hemos vivido. Por eso digo de segunda mano, ya que nunca nos encontramos con el hecho mismo de la vida, sino que siempre nos relacionamos con ideas acerca de la vida. De esta manera siempre la carga de nuestro pasado nubla el momento presente en el que nos encontramos. Así nos creamos la ilusión de una continuidad, de una especie de serial, de película que se haya en nosotros. Somos personas con historias que navegan en la deriva de la vida. Sin embargo, esta continuidad no es más que una interpretación, una creencia sobre nosotros mismos.

Llegando hasta este punto, es posible preguntarse ¿qué es la vida, aparte de todos los referentes que nos hemos construido? ¿qué es la vida, más allá del pensamiento? Ante estas preguntas, nos damos cuenta que la experiencia del vivir es algo desconocido, algo que en sí mismo no tiene referentes. Es una apertura, un constante fluir, un movimiento holístico y dinámico que sucede en un espacio abierto que llamamos presente. Uno no puede relacionarse con este movimiento, si vive identificado con los referentes mentales que posee en su interior. Los referentes mentales, son núcleos que separan la experiencia, son centros en los que la realidad se divide en dos: el yo y la realidad.

Nuestra identidad misma es un referente, en la nave nodriza de todas nuestras concepciones mentales. Decir "yo", decir "tú", decir "mío" y "tuyo", es la expresión directa de nuestra división como seres humanos. Es el pensamiento, las ideas, las que configuran la ilusión de una experiencia separativa, de una existencia objetiva separada del universo. Pues los referentes nos hacen pensar que la ideas que tenemos sobre la realidad, son la realidad. Sin embargo, esto no es más que una vulgar ilusión, una ficción de nuestro pensamiento. Por ejemplo, al nombrar la palabra "silla", podemos de inmediato imaginar el referente que hemos confeccionado de dicho fenómeno que llamamos silla. Sin embargo, ese fenómeno que llamamos silla ¿es realmente una silla? ¿qué es ese fenómeno más allá de las palabras que podamos concederle? para lástima de nuestro ego: no lo sabemos.

Llegando a este punto, nos damos cuenta que vivimos en una realidad que hemos normalizado, que hemos vulgarizado con nuestros referentes. Vivimos una vida ordinaria que en realidad es extraordinaria. El más insignificante fenómeno, esconde el misterio de todo el universo y la vida, pero es nuestro pensamiento y nuestros referentes los que solidifican la riqueza de la realidad. Lo que sea la vida más allá de nuestras ideas, nadie puede afirmarlo, sin embargo, en cada instante está en cada uno de nosotros la posibilidad de abrirnos a este espacio desconocido que llamamos vivir. Lo que encuentre cada uno en este espacio, nunca podrá expresarse con palabras.

H.S.


martes, 6 de diciembre de 2016

ÉXITO Y PRESTIGIO: LAS MÁSCARAS SOCIALES DEL MIEDO


Vivimos en un entorno en el cual se nos exige que debemos ser "alguien". Desde pequeños que la educación, el entorno familiar y la cultura, nos ha alimentado la creencia, la noción, de que para vivir, para conquistar nuestra felicidad, es bueno y conveniente tener éxito en los caminos que emprendamos. De esta manera se nos condiciona, muy desde temprano, a trabajar, a actuar y producir en base a la noción de generar éxito, posición y prestigio. Pero, realmente ¿qué es ser "alguien"?, ¿para que queremos ser exitosos?, ¿por qué se nos enseña de manera reiterada a buscar el reconocimiento social?

A simple vista, este tema parece ser bastante convencional, pues es probable que en  la adolescencia de varios de los lectores, cuestionamientos como estos hayan salido a flote. Incluso el ensueño hippie de encontrar una vida libre de estos aspectos, se ha impregnado en la cultura popular, siendo la base de expresiones cinematográficas como "In to the Wild" y ese tipo de películas. Sin embargo, nosotros al realizar esta reflexión, de ninguna manera estamos hablando de un asunto convencional y cliché, pues, a pesar de todo, el condicionamiento que implica el éxito, el prestigio y el reconocimiento, moldea la vida de todas las personas en esta sociedad y está presente en todo momento de nuestra interacción cotidiana. Por lo tanto, el abordar esta temática, requiere una observación de nuestra vida cotidiana, y darse cuenta de qué manera todas estas nociones nos han condicionado y restringido nuestra capacidad crítica y cuestionadora.

Primero que nada, si se dan cuenta, al abordar asuntos tan simples en apariencia, al preguntarnos sobre temas que parecen ser tan convencionales, surge de inmediato el reconocimiento que realmente no tenemos mucha idea sobre las razones de nuestras conductas cotidianas. Por ejemplo, al preguntarnos "¿Por qué me visto con la ropa con la que me visto?", seguramente surgirán respuestas instantáneas como "porque me gusta", "porque siento que me veo bien", etc; pero razones y explicaciones profundas, seguramente no aparecerán, y si aparecen más respuestas, seguramente reflejan directamente costumbres colectivas, creencias culturales, etc. Por lo tanto, si somos radicalmente honestos, llegaremos a la conclusión que no sabemos lo que hacemos.

Lo anterior, opera a todo nivel. Todas nuestras conductas, todas nuestras emociones, todos nuestros pensamientos, nuestras ideas, nuestras creencias: todo; está de una u otra forma relacionada con el entorno, relacionada con nuestras vivencias, nuestra familia, nuestra cultura, etc. Es decir, todo nos ha llegado de "afuera", a modo de aprendizaje e imitación, todo lo que somos está condicionado por el medio. Este condicionamiento, actúa como un molde que confecciona, uniforma y dirige nuestras acciones supeditadas al entorno en el que vivimos. Si queremos comprender el fenómeno del éxito y prestigio, es fundamental que lo anterior seamos capaces de observar en nuestras vidas.

Por lo tanto, estamos condicionados al éxito. Estamos condicionados a actuar en el mundo social en base al prestigio y al reconocimiento. Este estar "condicionados", es en gran medida algo "inconsciente", es decir, algo a lo cual no le damos importancia y tampoco tenemos una noción y claridad sobre estos sucesos mentales y sociales. Nos parece natural, por lo tanto actuamos en base este condicionamiento, y construimos una vida en base a este motor psicológico.

Pero esta noción de éxito, este deseo de reconocimiento propio, tiene dimensiones psicológicas más profundas, relacionadas íntimamente al conflicto humano. Pues, ¿en base a que medimos nuestro éxito?, ¿a través de qué medio reconocemos nuestro valor para los otros?, la respuesta es obvia: por medio de los otros. Es decir, nosotros pensamos al éxito debido a que internamente tenemos la noción de un otro. Es a través de este "otro" que la mente crea una referencia, una guía de conducta, que imita y que luego quiere superar. Por tanto, de esta noción de "otros" se liga de inmediato un constante fenómeno de "comparación". La mente, el pensamiento funciona en base a la comparación, pero para que exista comparación, es necesaria la noción de separación, de diferenciación, y es en este terreno donde descubrimos el fenómeno del ego.

Sin embargo, todo lo hablado, no es una seguidilla de causas y reacciones lineales. Tanto el éxito, como la noción de otros, la comparación, la diferenciación y el ego, son fenómenos psicológicos que se dan en conjunto, y que en esencia no son más que una misma cosa. Tenemos un mapa mental sobre la realidad, que nos hace percibir los sucesos desde una identidad (o ego) que se interrelaciona con un mundo que le es ajeno y aparte. Esta identidad lucha y batalla para poder encontrar una esencia, un valor, una autenticidad que la diferencie de este mundo que tiene frente a sus ojos, y al no poder encontrarla, va generando una acumulación de frustración que se traducen en sufrimiento.

Entonces, si somos agudos, podemos darnos cuenta que la frustración y sufrimiento surgidos del ego nacen de una contradicción fundamental: que la aparente noción de separación individual frente a la realidad (que se expresa como la personalidad) se ve constantemente atormentada con el hecho de que el ego no puede asegurar que esta separación exista. Por lo tanto, el ego quiere ser un ego, pero se ve en la imposibilidad de probar su propia existencia. Es esta contradicción la que moviliza nuestros deseos de éxito y reconocimiento: como no sabemos lo que somos, como no tenemos seguridad absoluta de lo que creemos ser, nos proyectamos al mundo social, para encontrar ahí nuestra identidad. De esta manera el reconocimiento y el éxito se convierten en una medida "salvavidas" del ego para certificar su propia existencia, y es justamente eso lo que sucede: el éxito se convierte en la medida que certifica a las personas, adjudicando el valor social que tiene la propia identidad.

Por lo tanto, el fenómeno psicosocial del éxito, no es otra cosa que el escape de esta contradicción fundamental de la mente humana. Esta contradicción en esencia es inseguridad y miedo, es el temor de la mente (el ego) hacia su naturaleza incierta y vacilante, que impulsa al ego a buscar (o a construir) estructuras de seguridad que lo alejen de la incertidumbre, y una de esas estructuras que el humano a creado, es justamente la noción de éxito y prestigio.

Llegando a este punto, podemos afirmar que la base psicológica de la sociedad exitista es el miedo. Es un intento colectivo desesperado, de dar la espalda a la enorme incertidumbre que el hombre de hoy vive. Pero este dar la espalda a la incertidumbre, tiene repercusiones enormes en el funcionamiento global de la civilización. Este continuo escape psicológico en el que la sociedad vive, genera constante confusión, ignorancia, violencia y destrucción. Si estamos constantemente escapando, no podemos ver la realidad, y nuestras acciones se desencadenan de manera torpe, ya que lo único que nos interesa es escaparnos de nuestro propio miedo y sufrimiento. Esta conducta, multiplicada en millones de personas, evidentemente genera un caos de importante envergadura.

He aquí nuestro condicionamiento. Hemos sido criados a la fuerza en una sociedad del miedo, en una sociedad insensible que posterga su existir y busca desesperadamente una seguridad ilusoria por medio del prestigio colectivo, con el precio de sacrificar su propia libertad. A cada uno de nosotros nos tocó nacer en una sociedad donde estos mecanismos ya estaban instalados y consagrados, y en nuestra desprotección infantil, tuvimos que adaptarnos a esta vorágine, a este monstruo de cien cabezas, creyendo que de esta manera podíamos ser aceptados por los demás. Así, nuestro condicionamiento estriba en que se nos ha hecho pensar que esta sociedad, esta forma de vivir es la única que existe y es aceptable, y cómo todo el mundo funciona de esta manera, caímos en ceder y aceptar todos estos absurdos. Hay una especie de mecanicidad colectiva, que se ha contagiado por medio de la imitación.

En el momento en que el ser humano comienza a cuestionarse todos estos asuntos, la barrera de la sociedad, comenzará a boicotear todas estas intuiciones, presionando por medio de la familia, el trabajo, la escuela, los gobiernos, la publicidad, etc. Y esta presión radica en acentuar el miedo en la persona, por medio de amenazas ilusorias que invaden la mente del individuo, haciéndole perder la fé en la propia intuición individual. La presión del dinero, el ser profesional, el obedecer a un jefe, pagar cuentas; son todos mecanismos que actúan devolviendo al individuo a la zona del miedo y al deseo de seguridad.

De esta manera, surge la pregunta ¿existe la posibilidad de liberarse de toda esta situación?. Más que exponer una respuesta definida, es necesario que estas preguntas comiencen a nacer en las mentes de todos los seres. Si observamos que el éxito y el prestigio tienen un respaldo psicológico, nos daremos cuenta que gran parte de las bases que sostienen a la sociedad son interiores, por lo tanto, un proceso de liberación primero debe comenzar en el interior. Es en el lugar más íntimo del corazón y la mente de cada ser humano, donde estas problemáticas pueden ser resueltas. Pienso que si un ser puede llegar a liberarse de todo este drama, esa liberación puede repercutir radicalmente en los otros individuos, generando un contagio de frecuencias elevadas de consciencia.

Bajo las enseñanzas de todo mito, de toda tradición y de todos los maestros que la humanidad ha presenciado, se ha escuchado que para comprender la libertad (que es el infinito, el misterio, lo inefable) es preciso morir para uno mismo. Este morir tiene la implicancia de dejar de buscar "ser alguien". Es precisamente esa búsqueda de un yo verdadero, la que trae sufrimiento y miseria para la humanidad. Debemos atrevernos a ser nada, debemos atrevernos a observarnos sin el lente de nuestro propio ego. Es en las dinámicas de esta observación, donde se aproxima la naturaleza de la propia mente. Sin embargo, no podemos llegar a comprender todo esto, si aún dependemos de alguna muletilla psicológica. Seguir una tradición, creer en un maestro, y adherirse a una religión no van a traer en sí mismo la comprensión y la liberación de toda la realidad condicionada. Para esto debemos morir para toda referencia externa, debemos atrevernos a estar solos, a indagar en el significado profundo de la soledad. Si es que llegamos a ser capaces de cultivar esta soledad interior, puede que surja la comprensión que nunca estuvimos solos y que nunca estuvimos separados.

miércoles, 27 de julio de 2016

SOBRE LA PRESENCIA CREATIVA





Me pregunto, observando la experiencia que sucede en este momento, si es que existe otra forma de pensar, una forma de pensar que no tenga que ver con la forma de pensar de la que estamos acostumbrados, de la que hemos venido desarrollando a lo largo de los siglos.

Es curioso cómo los hábitos mentales nos van encasillando en diferentes rutinas, ya sean conductuales, emocionales, mentales; que van encasillando finalmente nuestra vida. De alguna manera, existe un patrón de pensamiento que evita la creatividad en nosotros, que se encuadra en hábitos mentales repetitivos que no terminan nunca. Por lo tanto, me pregunto si es que será posible vivir en otro "estado" de pensamiento, un pensamiento que esté caracterizado por la frescura, por la creatividad, por una capacidad constante de crear y también de destruir los modelos representacionales que crea la mente.

Un pensamiento creativo implica estar constantemente creando y deshaciendo los patrones mentales, las ideas, la imaginación, las emociones que llevamos dentro, las ideas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre el mundo. Parece ser de que nuestras ideas sobre nosotros mismos (y nuestras ideas en general), actuasen como una muralla o un molde que ajustan la experiencia, que la lleva a un solo"carril" específico y estrecho, frente a un inmenso mundo de posibilidades, incapacitándonos de vivir esta inmensidad que es la existencia.

Así que, ¿por qué nos estancamos en nuestros hábitos mentales?, ¿por qué nos estancamos en la visión de nosotros mismos?, ¿qué nos impide atrevernos a crear nuevas realidades, nuevos mundos?. Pienso que gran parte de esta incapacidad y bloqueo es gracias a la educación que tenemos en este mundo occidental y "civilizado", el mundo que nos a tocado vivir a nosotros. Pienso que la educación, la cultura, la tradición, la familia, son los factores que nos impiden pensar creativamente, ya que desde pequeños, han aplastado la creatividad innata que tenemos, sustituyendolas por reglas, por parámetros, por formas sistemáticas de hacer las cosas. Esto, claramente es un adoctrinamiento consensuado, y un adoctrinamiento que, como consensuado, ya pasa de ser percibido. Estamos en un estado de prisión, el cual está aceptado socialmente, de alguna u otra forma, de un nivel a otro, pero aceptado finalmente.

Se nos hace muy difícil cuestionarnos estas cosas, porque la educación misma ha cortado y castrado esta sed de cuestionamiento. Las cosas se nos han dado como "están" y se nos ha impedido reflexionar al porqué de las cosas que vemos. No se nos ha educado para el cuestionar, no se nos ha educado para preguntarnos, para guiar nuestra experiencia hacia la plenitud de la que todos tenemos derecho.

Por lo tanto, estamos todos inmersos en una falta de creatividad mental y colectiva, en una muerte del alma, en un utilitarismo mediocre. Frente a esto me pregunto ¿po rque si las posibilidades parecen infinitas en cada persona, nos quedamos con tan poco?. Nos quedamos con nuestras propias casas, nuestros propios autos, nuestros propios trabajos, nuestras rutinas, nuestras formas de caminar, nuestros mismos lugares para vacacionar, nuestros mismos lugares para caminar ¿Por qué encasillamos el mundo, siendo que no es encasillable?, ¿qué es lo que nos impide que dejemos todo tirado y cambiemos el sistema de una vez por todas?, ¿que nos impide transformarnos, abrirnos al mundo?

El mundo es muy vasto, extremadamente vasto. En cada instante están sucediendo millones y millones de cosas. Es difícil que el pensamiento lo capte, pero me pregunto si es posible una percepción o un pensamiento que lo abarque todo, que sea un testigo omnipresente de lo que sucede. Quizás tal fenómeno no sería adecuado llamarle pensamiento, ya que correspondería más a una percepción, a una comprensión, a una revelación de la totalidad del universo.

Es impresionante pensar que mientras uno hace cualquier cosa, o está en cualquier situación, en el mundo y universo están sucediendo millones y millones de cosas. Por ejemplo, en este mismo instante, en el mundo hay millones de personas que están viviendo una cantidad inimaginable de situaciones diversas, con diversos contextos, diferentes pensamientos, diferentes intereses, sexo, tamaños, etc. Como también existen personas que están pensando lo mismo que uno y que están haciendo lo mismo que uno en este momento. Son infinitas las posibilidades de formas que ofrece el universo. Y si el universo es tan basto ¿por qué tenemos una visión tan estrecha de las cosas?  

En este mismo instante, en Jupiter, por ejemplo, están sucediendo un millar de tormentas, un gran número de fenómenos climáticos en este gigante planeta, mientras nosotros acá en la tierra reflexionamos sobre la vida. O, en este instante, millones de olas perecen en la costa de las playas; o un cangrejo está siendo devorado por una gaviota, una gaviota está siendo devorada por un gato; o animales están dando a luz; hay explosiones nucleares en el centro del Sol; hay galaxias en otros lugares; hay galaxias que nacen en otro lugar; hay una estrella que muere en otro lugar; hay una estrella que nace en otro lugar; hay meteoritos que caen en un planeta inhóspito; hay un planeta que está asentando las bases para una nueva forma de vida, hay otras dimensiones; hay portales hacia otras dimensiones; etc.

Siempre, en todo instante, suceden millones de cosas, mientras que aquí nosotros nos conformamos con una vida difusa, una vida carente de significado y de alma. Pienso que si fuésemos capaces de cultivar esta creatividad, los llamados "problemas" humanos comenzarían cada vez a valer menos. El problema es que tenemos una mirada muy estrecha de las cosas, no sabemos mirar. No sabemos vernos como una parte de un gran todo, de un mundo que está unido, un mundo extraordinario: de un mundo que está en armonía, en el cual la única pieza que está en conflicto es el Humano. 

Si todo el universo está en armonía, o, si todo el universo está funcionando sin juicios, sin un punto de vista, sin sufrimiento ¿porque nosotros pasamos por este caos enorme por el que estamos pasando? ¿por qué somos los únicos esquizofrénicos que creemos que estamos separados del universo? como si el universo estuviese "afuera" y nosotros acá en un mundo aparte haciendo nuestros quehaceres. El universo no está afuera, el universo somos nosotros. Somos nosotros porque a través de nosotros el universo puede manifestarse ¿si no, como lo haría? Una estrella es estrella porque nosotros somos capaces de percibirla, porque el universo se ha inventado una forma de crear conciencia generadora de experiencia del universo mismo. 

No podemos decirnos separados del universo, somos muy pequeños y gigantes a la vez. No somos ni pequeños ni gigantes a fin de cuentas. Nosotros somos parte de todo esto y no estamos separados ni nada por el estilo. No somos el centro del universo tampoco, tal como se pensaba en la edad media. Simplemente somos parte de un fenómeno sin precedentes: el fenómeno del suceso... del fenómeno mismo, del "algo".

El día en que nos podamos ver como seres que dependemos de cada uno de nosotros, y que el hacerle daño al otro es hacerse daño a uno mismo, las cosas van a empezar a cambiar. Pero para eso, debemos iniciar un proceso de descubrimiento que nos permita tener la certeza de que la vida va más allá de todas las ideas que podamos tener de ella. De esta manera, posiblemente, la creatividad se abra.





V. S.






LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...