De una conjetura mayor,
Fue que abrí las puertas inconclusas de mi solida y gris
ausencia,
Y ya no me importó ser desde entonces carnada de pirañas,
Pues sabía
Que tú preparaste un ensueño para nosotros,
Ese
día,
Donde acordamos olvidarnos que fuimos dioses,
Para navegar el misterio del cosmos,
Sin pensar la irrelevancia de los actos pensantes,
Pues no había nada con lo cual sonrojar a la estampa
irreverente,
Y
los espíritus danzaban,
Lo recuerdo muy bien,
Lo recuerdo muy bien,
A cual anatomía cuneiforme,
Al rededor de tantos círculos dirigidos por orquestas de
tecnólogos anónimos,
En aquel fundamento que cobijó nuestro viaje estelar,
De motor salvaje e infinito rugir,
Hacia ondulaciones
de realidad que nunca quisimos ver entonces,
De claridad inaudita, hallada estrepitosa en los espacios
que gritaban por contenido palpable,
Contenido que nosotros fuimos, y alguien más,
En la vida y lo inaudito,
Sin pudor posible de civilización y parajes degradados en luz y forma.
De baraja y paradoja están hechas las estrellas,
Al igual que tu cintura escurridiza ante mis manos
deseosas de manjar,
Muchacha hecha de cosmos,
Muchacha hecha de estrellas,
Porque no hubo nunca bóveda capaz
De asemejar tu cuerpo enardecido,
Reveladora de misterios,
Abridora de mundos y parajes imposibles,
Incitadora de orgasmos y horizontes inconclusos,
De estalactitas y tejidos de una verdad sin acabar.
J.F.
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