Te ofrezco el
dicho fáctico
De ser un ente
enraizado en el misterio eterno,
Para que lo
asumas en un desayuno de abril,
Cuando los
árboles saluden fuerte
Bajo el alero del
soplido serpentino de la ventolera venidera.
Así acabara el
sujeto aislado de tu imaginación sosegada
Y brindarán los
cóndores en ciénagas de inanición,
Al Descubrir la
brillantez de atreverse a ser nada,
Para volver de
tino y fondo al origen de las sapiencias
De siempre y por
siempre milenarias.
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