Mercurio guía por pasadizos extraordinarios; allí lo veo, indicando el espacio sideral. Una puerta extraordinaria que contiene la semilla de todas las posibilidades se abre ante mí. Hay oro luminoso que aparece, llueve oro luminoso en un campo de verdor impresionante donde los caminos se entrecruzan.
Mercurio me da un pentáculo dorado que, por un lado, tiene el signo del dinero y, por el otro, el sigilo de Mercurio. Lo veo claramente; me mira, es amigable. Ahora ascendemos a un palacio dorado, extraordinario, que parece el Olimpo. Son pasajes en los que ya he estado. Ahí veo a Júpiter esplendoroso; parece alegrarse de que esté ahí, parece que se alegra de haber retomado una imaginación más viva y propia.
Ellos han estado siempre ahí. Siento numen, siento poder material; todo brilla y está lleno de oro. En un portal, me veo a mí mismo recibiendo muchos pacientes en una vida llena de éxito profesional, abundancia y prosperidad. Yo y Pilar-Adelia aparecemos de la mano; el universo nos acompaña, nos da cobijo. Todo se siente muy bien. Hay mucho futuro, hay una energía extraordinaria, una sinergia, libertad y un color dorado muy protector.
Hay algo gozoso en esto. Mercurio parece asentir; parece decirme que la imaginación es mi fuerza fundamental, que soy dueño de la creación y de mi propia magia, que no es necesario seguir pautas ni formas extremadamente fijas. Algo sigue sintiéndose muy bien; siento que estoy recuperando algo que descontinué, siento las imágenes muy vivas.
Ahora veo a Kalirvalion: extremadamente impetuosa, magnánima, majestuosa. Ahí está con su tremendo poder, un poder cuya materialidad es exquisita, llena de riquezas impresionantes de puro color dorado. Allí hay paz, pura luz, pura abundancia extraordinaria.
Mercurio me muestra ahora haciendo unos sigilos. Me dice que incluso puedo hacer sigilos imaginarios, con mi propia imaginación. Ahora estoy haciendo un sigilo que incorpora una estrella ascendente; este sigilo es la consagración de mi abundancia, la eterna atracción de la prosperidad. Es como un imán, como una fuerza atractora, como una fuerza de gravedad que atrae lo que quiero en su poder extraordinario. Ahora el sigilo brilla y pareciera ejercer una fuerza indescriptible.
Mercurio se ríe, parece estar pasándola bien. Me dice: “Esto sí es hacer magia”. Ahora vuela y me dice que lo siga. Ahora estoy en un laboratorio. Me dice que aquí está mi temenos primordial; me dice que puedo imaginar mi magia, que no hay límites. Me dice que no me complique, que mi magia es más directa de lo que yo pienso.
Me dice: “Cada vez que imaginas de esta forma, estás entablando un encantamiento extraordinario; estás dándole motor a tu voluntad en el espacio astral, donde la magia es realmente posible”.
Me regocijo. Voy aterrizando de este viaje; abro los ojos. Ahora estoy en mi vida cotidiana, gozando de esta libertad con la confianza fundamental de mi creatividad mágica innata.
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