Muy feliz y satisfecho estaba Javier al ver el éxito rotundo de su nueva clase magistral: “Alcoholismo: el anhelo de Dionisos y la nostalgia de la Gran Madre”.
Quince asistentes asistieron; 255.000 pesos chilenos ganados. Todo indicaba que Júpiter lo amparaba hasta en el más sutil de sus movimientos. Javier se sentía poderoso; experimentaba la extasiante sensación de que el universo le acompañaba a cada paso. La abundancia le llegaba por torrentes y la inspiración divina le hacía confiar profundamente en su corazón.
Así pensaba y sentía todo ese fin de semana, recostado con su mujer, Pilar-Adelia, luego de haber tenido un dulce sexo sobre sus sábanas, al más digno coito afrodisíaco. La vida le sonreía; la vida le daba buenos frutos. Todo iba bien para nuestro protagonista, para nuestro héroe sideral de nuestros tiempos.
El puje de la magia estaba presente y la buena vida estaba siendo consagrada. Se vaticinaba la potencia y la extrapolación de la vida buena, de la exquisita abundancia, de la expansión de las finanzas y de la mejora material de su pertenencias. De placeres y goces idos y por haber; de cuerpos perfectos esculpidos por el gimnasio; de la realidad cobijándolos en éxtasis y plenitud infinita.
Javier y Pilar-Adelia: matrimonio de matrimonios, pareja cósmica que experimentaba por sí misma los milagros de la voluntad en ritual e imaginación visionaria. Así se daban los días de mayo; el placer y la confianza serían la confirmación de que Javier estaba en buenas manos, de que la vida le favorecía en cada paso y de que estaba llegando a posibilidades que jamás imaginó posibles.
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