domingo, 19 de abril de 2026

UNA MAÑANA EN VILLAGRÁNICA


Esa mañana el sol pegaba radiante y extraordinario en el Palacio de Villagránica, mientras los emperadores despertaban gustosos de su dulce sueño en la mansión real. 

Villagránica era la costa más hermosa de todo el continente kalirvaliano, tan hermosa, que sus lares estaban estrictamente restringidos tan solo para los emperadores y su familia real. El palacio, de hermosa arquitectura clásica, abarcaba unos 600 metros cuadrados y estaba repleto de habitaciones lujosas y obras de arte extraordinario. El palacio, había sido realizado unos 100 años antes por los más talentosos arquitectos y artistas de la época, por encargo de los mismísimos emperadores kalirvalianos. Los emperadores lo utilizaban para realizar retiros vacacionales y pasar días de descanso.

Esa mañana los recibía a ambos con brillante vitalidad y satisfacción. Habían tenido una noche de sexo exquisita de intensa pasión y fogocidad. El primero que se levantó, como de costumbre, fue Reivaj, que rápidamente salió a su gran balcón para ver el hermoso mar que posaba a unos 300 metros abajo y a 500 metros de distancia. Respiró la brisa marina, y de inmediato mando a llamar a su súbdito personal Almáquino. El noble señor le ordenó preparar todo para el desayuno real y recibir el amanecer de la emperatriz Aileda-Ralip con todos los honores que la señora sagrada merecía.

Así, los súbditos prepararon una mesa en la gran terraza que adornaron con hermosos ornamentos y la repletaron de manjares y ricas especias. En eso Reivaj entró nuevamente a la habitación real para acercarse al cuerpo desnudo de su amada. La besó en la boca, el cuello, y le rozó con la boca la suave piel de sus senos. Aileda-Ralip, gustosa de los cariños de su marido, recibió la invitación de este a levantarse para tomar el desayuno que sus súbditos les habían preparado.

Ambos se sentaron en la ostentosa mesa, bajo la brisa marina y la extraordinaria belleza del lugar. Se miraban con dicha y con jugarreta cómplice, pues habían tenido una gran noche y este desayuno coronaba la felicidad que ambos estaban viviendo en el disfrute de sus riquezas infinitas.

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