miércoles, 19 de noviembre de 2025

LOS GEMELOS ESPIRITUALES


Los contornos del guía de los transeúntes subterráneos

que relucían prístinos en la profunda oscuridad.


La mano divina se levanta a indicar nuevos secretos,

el cielo muestra sus luminiscencias,

el dios mayor expele sus bendiciones hacia el pueblo de los justos,

el dinero chorrea abundante por todos los rincones del imperio,

el secreto de las riquezas es revelado a quien escucha,

se deja entrever para quién entrena la sensibilidad de las ricas materias.


Del movimiento de los recursos se consolidan los aspectos materiales de la realidad,

el dinero como movimiento espiritual moldea la belleza de quien con sabiduría le brinda pleitesía al dios de las energías movedizas.


Porque Mercurio y el dinero fueron siempre uno bajo la mirada de los grandes dioses,

hermanos de vínculo indestructible, Mercurio y Dinero son idénticos.


De su mirada se alineó la verdad de la vieja manifestación de los cosmos nacientes,

de aquel día donde la nada se dio a su contrario por el aburrimiento de su estática.


La fugacidad de los fenómenos debe tomarse de buena manera si se quiere ser maestro del dinero, porque el dinero es gozoso ante el movimiento de los cambios y la transformación de las materias.


El viviente debe estar dispuesto a transformarse junto al Dinero mayor, junto a Mercurio sideral, si quiere conquistar la riqueza divina que le pertenece en esencia.


El brillo del oro infinito es incondicionalmente fiel a los bolsillos del matrimonio real,

cuida  a nuestros reyes, les alimenta su divinidad, le concede los justos lujos que tanto merecen.


El imperio florece bajo la protección del espíritu de todas las generatividades,

se proyecta próspero por miles y miles de años,

para reinar en la tierra, para reinar entre los pueblos inferiores que merecen la guía del hombre superior.


Mercurio es la balanza de la eterna fugacidad

que se da perpetua cuando adquiere el movimiento que nuestro trickster necesita.


El dinero se queda donde se le promueve el movimiento,

y los campos florecen cuando la realidad de los triunfos se dan propios allí en la palabra del cuenta cuentos.


No hay que recular ante la energía poderosa de los grandes movimientos,

se le debe dejar ser y tener la confianza férrea de que la polaridad se dará en equilibrio

y que las moradas de la prosperidad serán la verdad del instante inmanente del tiempo.


Mercurio y Dinero siempre estarán allí para el auspicio y protección de los justos.


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